Soy de Praga y mi trabajo es deslumbrarte.

Supongo que también tiene mucho que ver el hecho de que, junto a mí, estuviera un grupo de mujeres treintonas con su patética actitud de jovencitas, platicando de ir a CODE y del rancho bonito al que fueron y querían regresar. El asunto es que pagué sólo diez dólares (¿Sólo? … Bueno, al menos no treinta) para ir al Teatro Presidente a ver lo que, imagino, para muchos es intocable para criticar: el Teatro negro de Praga.

Así de sencillo: no me gustó.

No es que sea feo. Para un niño, me parece excelente porque pueden hacerlo imaginar cosas. Pero a mí no me convenció ¿Por qué? La razón principal es la carencia de un hilo conductor de verdadero peso. Bonito estéticamente no se puede negar que es. La secuencia bajo el agua es muy bonita desde el inicio con las lágrimas; pero no es suficiente para mí. Si hubiera estado en la televisión, me hubiera abatido y lo habría cambiado de canal. Otra cosa son sus canciones –y es que incluye baile- que tienen arreglos tan ochenteros (tipo “dekirukana”).

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Es algo bonito de ver. Es como un blockbuster: más forma que contenido. Dentro de un mes yo no recordaré todas las aventuras que Fausto pretendía contarnos.

Lo peor fue la escena angelical del final: ¡Qué cursi!

Y, de repente, me sentía como Homero Simpson cuando tiene la crayola en el cerebro y ve películas de Disney donde todos se ríen, menos él.

¡DIABLOS! Eran simpáticas las situaciones pero no para carcajearse.

Y ver una flor no amerita hacerle ¡oooohh!

Para ver algo de esa índole y que no pretenda llenar un espectáculo de hora y media que empieza con media hora de retraso y sin llenar todo el sobrevaluado espacio, me quedo viendo este video.

Por otra parte, luego me fui a ver el ya empezado MATCH DE IMPROVISACIÓN en La Luna. Llegué tarde (aunque en el sitio web decía que empezaría alrededor de las diez).

Me gustó; pero, como ya iba de bajada, ya se veía el cansancio y las ideas ya se estaban acabando.

Bueno, hablemos de lo bueno.

Me recibió el cadejo, una mujer vestida de perro que me entregó diario para tirar si no me gustaba, post-its amarillos para votar por los negros y morados para sugerir mi tema, papel rojo para votar por los eventuales ganadores y…carne, sí, carne cruda. Adentro, los “hosts” eran –en orden de importancia- la ziguanaba (o zihuahetl), el duende y el cipitío. Ellos coordinaban la competencia entre el equipo rojo y el negro.

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Abajo estaban la descarnada y la otra que cargaba la carreta chillona. En la carreta chillona estaban los temas sugeridos por el público (por cierto, el público también tiene la culpa del decaimiento del show…habían temas bien estúpidos como Si las vacas volaran, ¿qué pasaría? ¿Qué puede sacarse de eso? Y debió haber más temas estúpidos porque el cipitío los descartó y la Ziguanaba –la más ocurrente de todos- dijo “aquí hay censura”. Él era el más chistoso.

Parece que este martes hay “serendipity”. Improvisación pero de músicos. Según entendí, al siguiente martes, regresa el match de improvisación pero de los rojos (ganadores) contra los verdes (la mitología cuzcatleca), bajo la conducción de los perdedores negros. Aunque entre los negros, había una niña muy ocurrente, la del lado extremo derecho en la foto.

Sí me reí varias veces.

El producto nacional prevaleció para mí.

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