De calabozos, dragones y gobiernos perdidos

Al fin tomó posesión del Ejecutivo el FMLN con Mauricio Funes como presidente, hacía muchos meses no encontraba una inspiración para escribir, intenté hacerlo antes del gane de Funes, pero se me adelantó en contenido un tal titular de Concultura de ese entonces, luego inmediatamente después del gane, lo quise volver a hacer, pero se me adelantaron innumerables personas en Co Latino. Sin contar por supuesto a los dolientes columnistas de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica.

He leído hasta la saciedad en dichos periódicos columnas de justificación, de reproche y de explicación de cosas tan banales como la pérdida del poder hasta tan inverosímiles como consejos de cómo y porqué elegir personas para conformar gabinetes de gobierno. Primera pregunta: ¿alguna vez dieron explicación alguna de esto y la tan cacaraqueada idoneidad ellos?

No fui ni soy admirador del hoy presidente Funes, de hecho en más de algunos de mis artículos de hace un par de años le dediqué algún par de líneas no muy halagadoras, sin embargo, la gente confió en su discurso y en sus propuestas y le concedió el gane que le permite tener el cargo más importante del gobierno del país. Sí admito que se supo manejar muy hábilmente en los meses posteriores a su investidura tanto con sus amigos como con sus enemigos, ya que aun cuando ya era oficial su gane, ni los medios de la mega derecha, ni las bases recalcitrantes del partido le dieron tregua. De lo primero me quiero ocupar.

Aun no salgo de mi estupor de la desfachatez y completa falta de vergüenza con que ahora vienen los medios adláteres, lisonjeros  y cómplices de los 20 años del abuso llamado gobierno del partido Arena a decirle a Funes y al FMLN qué hacer y cómo debe hacerlo, no han cesado en su virulento ataque, solo han cambiado su método. Pasaron de la injuria cobarde disfrazada de tendenciosa noticia, al mismo sonsonete pero disfrazado de columnas de sapientes opiniones vertidas de privilegiados cerebros a la renta por dos coras de oro.

monstruo, personaje¿Dónde estaban estos eruditos de marras, sus análisis y columnas de opinión cuando por arte de magia se perdieron más de 600 millones de dólares de los depositantes en los fraudes Fomiexport, Finsepro-Insepro, Credisa, Diners Club? Y eso solo por citar un regalito de la década de los 90, que aun sigue impune de parte de los amigos del partido defenestrado. Dónde estaban cuando el hoy ex ministro de Salud, campantemente admitió hace tres años que no instalaba en los hospitales públicos equipos electrónicos destinados a hacer complicados análisis de corazón y cerebro porque su clínica privada tenía uno y al gremio le iba a distorsionar el mercado. Lo sabían y ¿qué hacían los plumíferos Galeas, los reptantes Luers y los parásitos Castillos?, ¿no tenían nada que opinar?, o ¿es que también se sirvieron en ese banquete maldito de corrupción su vianda también?

Es increíble que hoy se autodesignen paladines de la justicia, de la igualdad y de la honestidad, que reclamen como suyos los preceptos básicos de la moralidad, de la decencia y la solidaridad. Que rasguen vestiduras cada vez que se devela cualquier nombramiento, se postule cualquier cambio o se hagan referencias a alcanzar los objetivos de bienestar de mayorías, mismos que por cierto estuvieron durante 20 años obligados a alcanzar también.

Hoy con el escozor de la patada de la mayoría en la cola y la humillación cargada en la testa, solo les debería de quedar la dignidad y ser objetivos en su derrota, ver qué errores cometieron y dar pasos firmes y decididos hacia adelante, no hacia atrás o a los lados, devolviéndole el poder a uno de los responsables del inicio del aquelarre económico y descomposición que asola a El Salvador desde hace 20 años.

Cierto es que no se le ha dado una patente de corso para hacer a su antojo nada a este nuevo gobierno, así como es cierto que se debe de estar vigilante de los movimientos del erario público con nuevos mandamases, pero más contundentemente cierto es que a los embusteros llorones que hoy gritan su desdicha de la perdida disfrazándola de consejo, nadie los vigiló, y en consecuencia no tienen estatura moral ni calificación para enquistarse en esos señalamientos.

No es refugiándose en su calabozo mental que se protegerán de los míticos dragones rojos, creados por el tristemente célebre mayor y alimentados por sus huestes por tanto tiempo, que lograrán que por lo menos se les recuerde con menos rencor; y por supuesto, menos lograrán integrarse a los nuevos tiempos si persisten en sus retrógradas y desesperadas acciones de autoprotección al contratar esas celebérrimas masas encefálicas engendradas y publicitadas por ellos mismos, para que sirvan de bufones de corte, ciegos y sin memoria, pregoneros tristes de una mentira que ya solo cabe en su propio discurso de ficciones.

Por Carlos Rivera Cuéllar
Colaborador de Raíces

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