Reflexiones Hitlerianas nacionalistas (I)

No sabemos si en realidad era chocolate lo que comía Hitler y lo hizo ser quien fue.

Lo que sí tenemos es “Mein Kampf” (Mi lucha) y algunas reflexiones que por chocantes, por acertadas, estúpidas y/o controversiales han llamado mi atención.

¿Cuáles son cuáles?

¡AHhh! Eso no lo diré. Sólo confórmense con saber que soy un neonazi…y que no quiero que demanden a Cristiani en España (sad face).

Comencemos:

Mientras el pueblo alemán no pueda reunir a sus hijos bajo un mismo Estado, carecerá de un derecho, moralmente justificado para aspirar a una acción de política colonial.

hitler_popEl ambiente que rodeó mi juventud era el de los círculos de la pequeña burguesía, es decir, un mundo que muy poca conexión tenía con la clase netamente obrera, pues, aunque a primera vista resulte paradójico, el abismo que separa a estas dos categorías sociales que de ningún modo gozan de una situación económica desahogada, es a menudo más profundo de lo que uno pueda imaginarse. El origen de esta -llamémosle belicosidad- radica en que el grupo social que no hace mucho saliera del seno de la clase obrera, siente el temor de descender a su antiguo nivel de gente poco apreciada, o que se le considere como perteneciente todavía a él. A esto hay que añadir que para muchos es agrio el recuerdo de la miseria cultural de la clase proletaria y del trato grosero de esas gentes entre sí, lo cual, por insignificante que sea su nueva posición social, llega a hacerles insoportable todo contacto con gentes de un nivel cultural ya superado por ellos.

La propia dolorosa lucha por la existencia anula toda comprensión para la miseria de los relegados.

 

En ninguna ciudad alemana podía estudiarse mejor que en Viena el problema social. Pero no hay que confundir. Ese “estudio” no se deja hacer “desde arriba”, porque aquel que no haya estado al alcance de la terrible serpiente de la miseria jamás llegará a conocer sus fauces ponzoñosas. Cualquier otro camino lleva tan sólo a una charlatanería banal o a una mentida sentimentalidad. Ambas igualmente perjudiciales, una porque nunca logra penetrar el problema en su esencia y la otra porque no llega ni a rozarlo. No sé qué sea más funesto, si la actitud de no querer ver la miseria, como lo hace la mayoría de los favorecidos por la suerte o encumbrados por propio esfuerzo, o la de aquellos no menos arrogantes y a menudo faltos de tacto, pero dispuestos siempre a dignarse a aparentar que comprenden la miseria del pueblo. Esas gentes hacen siempre más daño del que puede concebir su comprensión desarraigada del instinto humano; de ahí que ellas mismas se sorprendan ante el resultado nulo de su acción de “sentido social” y hasta sufran la decepción de un airado rechazo, que acaban por considerar como una prueba de la ingratitud del pueblo.

No cabe en el criterio de tales gentes comprender que una acción social no puede exigir el tributo de la gratitud porque ella no prodiga mercedes, sino que está destinada a restituir derechos.

 

Un doble procedimiento podía conducir a modificar la situación existente: establecer mejores condiciones para nuestro desarrollo a base de un profundo sentimiento de responsabilidad social aparejado con la férrea decisión de anular a los depravados incorregibles.

Me di cuenta de que la obra de acción social jamás puede consistir en un ridículo e inútil lirismo de beneficencia, sino en la eliminación de aquellas deficiencias que son fundamentales en la estructura económico-cultural de nuestra vida y que constituyen el origen de la degeneración del individuo o por lo menos de su mala inclinación.

 

¡Con qué frecuencia se exalta la indignación de nuestra burguesía cuando se oye decir a un vagabundo cualquiera que le es lo mismo ser alemán a no serlo y que el hombre se siente igualmente bien en todas partes con tal de tener para su sustento! Esta falta de “orgullo nacional” es lamentada entonces hondamente y se vitupera con acritud semejante modo de pensar.HitlerChildrenDM_708x800

¿Reflexionan acaso nuestros estratos burgueses en qué mínima escala se le dan al “pueblo” los elementos inherentes al sentimiento de orgullo nacional? Ven tranquilamente cómo en el teatro y en el film y mediante literatura obscena y prensa inmunda se vacía en el pueblo día por día, veneno a borbotones. Y sin embargo se sorprenden esos ambientes burgueses de la “falta de moral” y de la “indiferencia nacional” de la gran masa del pueblo, como si de esa prensa inmunda, de esos films disparatados y de otros factores semejantes, surgiese para el ciudadano el concepto de la grandeza patria.

 

La psiquis de las multitudes no es sensible a lo débil ni a lo mediocre; guarda semejanza con la mujer, cuya emotividad obedece menos a razones de orden abstracto que al ansia instintiva e indefinible hacia una fuerza que la integre, y de ahi que prefiera someterse al fuerte a dominar al débil. Del mismo modo, la masa se inclina más fácilmente hacia el que domina que hacia el que implora, y se siente más íntimamente satisfecha de una doctrina intransigente que no admita paralelo, que del goce de una libertad que generalmente de poco le sirve.

Si frente a la Socialdemocracia surgiere una doctrina superior en veracidad, pero brutal como aquella en sus métodos, se impondría la segunda, si bien ciertamente, después de una lucha tenaz.

El rechazo rotundo de toda tentativa hacia el mejoramiento de las condiciones de trabajo para el obrero(…)contribuyó a que la socialdemocracia, que recibía complacida todos esos casos de despiadado proceder, cogiese a las masas en su red.

 

Es absurdo y falso afirmar que el movimiento sindicalista sea en sí contrario al interés patrio. Si la acción sindicalista tiende y logra el mejoramiento de las condiciones de vida de aquella clase social que constituye una de las columnas fundamentales de la nación, obra no sólo como no-enemiga de la patria o del Estado, sino “nacionalistamente” en el más puro sentido de la palabra. Su razón de ser está, por tanto, totalmente fuera de duda.

 

La defensa de los verdaderos intereses del proletariado se hacía cada vez más secundaria, hasta que por último la habilidad política acabó por establecer la inconveniencia de mejorar las condiciones sociales y el nivel cultural de las masas, so pena de correr el peligro de que una vez satisfechos sus deseos, esas muchedumbres no pudieran ser ya utilizadas indefinidamente como una fuerza autómata de lucha.

Sólo el conocimiento del judaísmo da la clave para la comprensión de los verdaderos propósitos de la socialdemocracia.

 

…Los llamados judíos liberales rechazaban a los sionistas, no porque ellos no fuesen judíos, sino únicamente porque estos hacían una pública confesión de su judaísmo que aquellos consideraban improcedente y hasta peligrosa. En el fondo se mantenía inalterable la solidaridad de todos.

Era innegable el hecho de que las nueve décimas partes de la literatura sórdida, de la trivialidad en el arte y el disparate en el teatro, gravitaban en el debe de una raza que apenas si constituía una centésima parte de la población total del país.

 

La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la Naturaleza y coloca en lugar del privilegio eterno de la fuerza y del vigor, la masa numérica y su peso muerto. Niega así en el hombre el mérito individual e impugna la importancia del nacionalismo y de la raza abrogándole con esto a la humanidad la base de su existencia y de su cultura.

Si el judío con la ayuda de su credo marxista llegase a conquistar las naciones del mundo, su diadema sería entonces la corona fúnebre de la humanidad y nuestro planeta volvería a rotar desierto en el éter como hace millones de siglos.

Así creo ahora actuar conforme a la voluntad del supremo creador: al defenderme del judío lucho por la obra del Señor.

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