Reflexiones Hitlerianas Nacionalistas (II)

…En general el hombre, excepción hecha de casos singulares de talento, no debe actuar en política antes de los treinta años, porque hasta esa edad se está formando en su mentalidad una plataforma desde la cual podrá él analizar los diversos problemas políticos y definir su posición frente a ellos.

(…)de otro modo corre el peligro de tener que cambiar un día de opinión en cuestiones fundamentales o de quedar -en contra de su propia convicción- estratificado en un criterio ya relegado por la razón y el entendimiento.

(…)Mientras él personalmente no piensa ya arriesgarse en serio en defensa de sus revelaciones políticas (no se inmola la vida por una causa que uno mismo no profesa) las exigencias que les impone a sus correligionarios se hacen sin embargo cada vez mayores y más desvergonzadas, hasta el punto de acabar por sacrificar el último resto del carácter que inviste al Führer y descender así a la condición del “político”, es decir, a aquella categoría de hombres cuya única convicción es su falta de convicción, aparejada a una arrogante insolencia y un arte refinadísimo en el mentir.

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Un Führer que se vea obligado a abandonar la plataforma de su ideología general por haberse dado cuenta de que esta era falsa, obrará honradamente sólo, cuando reconociendo lo erróneo de su criterio, se halle dispuesto a asumir todas las consecuencias. En tal caso deberá por lo menos renunciar a toda actuación política ulterior, pues, habiendo errado ya una vez en puntos de vista fundamentales, está expuesto por una segunda vez al mismo peligro.

 

La democracia del mundo occidental de hoy es la precursora del marxismo, el cual sería inconcebible sin ella. Es la democracia la que en primer término proporciona a esta peste mundial el campo de nutrición de donde la epidemia se propaga después.

Lo que más me preocupó en la cuestión del parlamentarismo fue la notoria falta de un elemento responsable. Por funestas que pudieran ser las  consecuencias de una ley sancionada por el Parlamento, nadie lleva la responsabilidad, ni a nadie es posible exigirle cuentas.

¿es que aún cabe admitir que el progreso del mundo se debe a la mentalidad de las mayorías y no al cerebro de unos cuantos?

Cuanto menos grave sea la responsabilidad que pese sobre el Führer, mayor será el número de aquellos que, dotados de ínfima capacidad, se creen igualmente llamados a poner al servicio de la nación sus imponderables fuerzas.

 

La prensa es el factor responsable de mayor volumen en el proceso de la “instrucción política”, a la cual, en este caso se le asigna con propiedad el nombre de propaganda; la prensa se encarga ante todo de esta labor de “información pública” y representa así una especie de escuela para adultos, sólo que esa “instrucción” no está en manos del Estado, sino bajo las garras de elementos que en parte son de muy baja ley(…)En el transcurso de pocos días, esa prensa sabía hacer de un motivo insignificante una cuestión de Estado, notable e inversamente, en igual tiempo, relegar al olvido general problemas vitales o, más simplemente, sustraerlos a la memoria de la masa.

…Mientras se encumbran estos nombres que un mes antes apenas si se habían oído pronunciar, calificados estadistas o personalidades de otras actividades de la vida pública, dejaban llanamente de existir para sus contemporáneos o se les ultrajaba de tal modo con denuestos, que sus apellidos corrían el peligro de convertirse en un símbolo de villanía o de infamia.

 

¿…cabe admitir la hipótesis de que estos elegidos de la nación pueden ser al mismo tiempo brotes privilegiados de genialidad o siquiera de sentido común?…Nunca será suficientemente rebatida la absurda creencia de que del sufragio universal pueden salir genios; primeramente hay que considerar que no en todos los tiempos nace un estadista y menos aún de golpe, un centenar; por otra parte, es instintiva la antipatía que siente la masa por el genio eminente…Todo lo que de veras sobresale de lo común en la historia de los pueblos suele generalmente revelarse por sí mismo.

(…)las más importantes medidas en materia económica resultan sometidas a un forum cuyos miembros en sus nueve décimas partes carecen de la preparación necesaria…Aquel sistema forzando al individuo a ocuparse de cuestiones que no conoce, lo corrompe paulatinamente. Nadie tiene allí el coraje de decir: “señores, creo que no entendemos nada de este asunto; yo a lo menos no tengo idea en absoluto”.

En oposición a ese parlamentarismo democrático está la genuina democracia germánica de la libre elección del Führer, que se obliga a asumir toda la responsabilidad de sus actos. Una democracia tal no supone el voto de la mayoría para resolver cada cuestión en particular, sino llanamente la voluntad de uno solo, dispuesto a responder de sus decisiones con su propia vida y hacienda.

Si se hiciese la objeción de que bajo tales condiciones dificilmente podrá hallarse el hombre resuelto a sacrificarlo personalmente todo en pro de una tan arriesgada empresa, habría que responder: “Dios sea loado, que el verdadero sentido de una democracia germánica radica justamente en el hecho de que no pueda llegar al gobierno de sus conciudadanos, por medios vedados, cualquier indigno arribista o emboscado moral, sino que la magnitud misma de la responsabilidad a asumir, amedrenta a ineptos y pusilánimes”.

Y si no obstante todo esto, un individuo de tales características intentase deslizarse, podrá fácilmente ser identificado y apostrofado sin consideración: “Apártate, cobarde, que tus pies no profanen las gradas del frontispicio del Panteón de la Historia, destinado a héroes y no a mojigatos”.

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El derecho humano priva sobre el derecho político.

Si un pueblo sucumbe en la lucha por los derechos del hombre, es porque al haber sido pesado en la balanza del Destino resultó demasiado liviano para tener la suerte de seguir subsistiendo en el mundo terrenal. Porque quien no está dispuesto a luchar por su existencia o no se siente capaz de ello es que ya está predestinado a desaparecer, y esto por la justicia eterna de la Providencia.

El mundo no se ha hecho para los pueblos cobardes.

 

El establecimiento de parroquias checas, fue sólo uno de los muchos recursos puestos en práctica hacia el objetivo de la eslavización general de Austria. En distritos netamente alemanes se impusieron curas checos que comenzaron por subordinar los intereses de la Iglesia a los de la nacionalidad checa, convirtiéndose así en células generadoras del proceso de la desgermanización austríaca. 

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