Don Pedro y su esposa

En la comunidad San Antonio, habitan Pedro y su esposa. Se conocieron durante la guerra. Él, primero se encargaba de formar a los combatientes. Ella era una brigadista de salud.

Ella tuvo un novio con el que duró unos tres días antes de que lo mataran.

Ellos dos ya se habían visto antes, pero el flechazo se dio hasta que a ella le tocó estar en un mismo grupo junto a él. Nerviosa como una adolescente cuenta como empezaron rápidamente la relación.

Él cuenta que en esa época se les hablaba claramente de la planificación familiar a los combatientes para evitar hacerse bajas a sí mismos. Algunas mujeres ya cansadas decidieron tomar la vía de embarazo como “huída” más digno. Dice que no fueron muchas y varias tuvieron que dejar luego a sus hijos en “guarderías” para regresar al frente.

Ella también salió embaraza y le tocó dormir en el monte con su gran panza, hasta que eventualmente fue a otro lugar.

Ahí corrían el riesgo de ser cateados en cualquier momento. Ella cuenta que no es lo mismo estar así que en el frente de guerra. Era muy feo sentir esa vulnerabilidad, no tener sus armas cerca y estar totalmente a merced de los militares. Estando embarazada, tenía que usar un vestido apropiado; pero este vestido no lograba cubrir las marcas de las botas en sus piernas. Por eso las otras mujeres la tenían guardada cuando llegaban los soldados a la zona.

Una noche ella se sentía afligida y con dolores, pero creía que era por la aflicción de una balacera que se había dado temprano ese mismo día. No era así. Al día siguiente dio a luz.

Pedro cuenta de los hombres que a veces se sentían cansados y desmotivados. Por medio de un “correo”, avisaban a la familia dónde iba a esperarlos y ahí le llevaban a los hijos para que pudiera verlos por un momento. Pero siempre siguiendo la regla de los cinco minutos. Si alguien no estaba ahí, había que irse, por razones de seguridad.

Una vez repoblado San Antonio, ella se vio feliz viviendo con Pedro. Posteriormente sería ella quien tendría que esconder a Pedro pues uno de los excombatientes andaba con los militares y no quería -obviamente- que lo señalaran.

Ella todavía tiene sueños. A veces sueña que la van persiguiendo en el monte. Dice que lo malo de narrar todo esto, es que sabe que va a soñar en la noche.

Por lo menos, esa noche soñó que estaba con un bebé.

En la misma comunidad hay otra familia. El papá quería que su hija estudiara y por eso se fue ilegalmente a los Estados Unidos. Habían hipotecado otra casa. Eso lo mantuvo allá por dos años a pesar de que no lo trataban bien y sólo pasaba lavando platos.

Una vez cubierto ese gasto del banco, no aguantó más y se regresó. La niña sí logró estudiar y está en el último año de bachillerato.

Ahora quiere ir a la universidad. Ellos no saben cómo. Hay que pagar la universidad, más el transporte y la comida. Y para colmo tener una educación no les garantiza un buen trabajo que les de ganancia, especialmente si tienen que viajar desde su zona hasta la capital. Su otro hijo, siendo bachiller, también se fue a Estados Unidos.

 

Y así son las cosas para muchas familias. Así fue la dificultad para muchos de nuestros padres al venirse a la capital. Y nosotros ya ni pensamos en eso…

 

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One comment

  1. Aniuxa · agosto 26, 2010

    Es lo primero que leo de la guerra, que no sea “No me agarran viva”. Dolió.

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

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