Greg Mortenson y los musulmanes

Otra vez sobre el libro “Tres tazas de té“.

Mortenson era un escalador. Se perdió al fallar en su intento de subir el K2. Llegó a la villa de Korphe. Ahí pasó mucho tiempo recuperándose y conoció cómo vivían. Vio a los niños tratando de aprender sin escuela usando palitos para escribir en el suelo y se comprometió a hacer todo lo que pudiera para construirles una escuela (y no sabía cómo hacerlo).

Eventualmente fue conociendo más y más musulmanes.

Luego vino el 11 de Septiembre.

Siguió la invasión a Afganistán y se encontró con un Estados Unidos lleno de banderas y extremadamente nacionalista.

Y entonces….

Las entrevistas concedidas en el Marriot, su viaje a los campos de refugiados con Bruce Finley y una carta que había enviado por correo electrónico a su amigo, el columnista del Seattle Post Intelligencer Joel Connelly, rogando compasión por los musulmanes inocentes que estaban atrapados en el fuego cruzado, se habían publicado en varios periódicos durante su ausencia.

Mortenson insistía en sus súplicas de que no se metiera a todos los musulmanes en el mismo saco, y sus argumentos a favor de la necesidad de educar a los niños musulmanes, en lugar de limitarse a lanzarles bombas, habían puesto el dedo en la llaga de una nación que volvía a estar en guerra. Por primera vez en su vida, Mortenson se encontró abriendo sobre tras sobre cartas llenas de odio.

Una carta con un matasellos de Denver sin remitente decía: “Ojalá algunas de nuestras bombas hubieran caído sobre ti porque estás obstaculizando los esfuerzos de nuestras tropas”.

Otra carta anónima con un matasellos de Minnesota atacaba a Mortenson con una letra muy irregular. “Nuestro Señor hará que recibas tu justo castigo por ser un traidor -empezaba, antes de advertir a Mortenson de que- pronto sufrirás un dolor más insoportable que el de nuestros valientes soldados”.

Mortenson abrió un montón de cartas anónimas parecidas y se deprimió demasiado como para seguir leyendo. “Aquella noche, por primera vez desde que había empezado a trabajar en Pakistán, me planteé abandonarlo todo -confiesa-. Esperaba algo así de un mulá rural ignorante, pero recibir aquel tipo de cartas de mis compatriotas americanos me hizo preguntarme si debía retirarme”.

Y si alguna vez adaptan el libro a película (que es lo más seguro), tendrá que aguantar a gente como Glenn Beck o Bill O’Reilley atacando su “mierda liberal” o algo así.

Menos mal que nosotros no seríamos capaces de algo así.

A menos que se trate del padre Rodriguez López. ¿verdad?

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