El niño Dios y Santa Claus

Mi papá acaba de hacer un pesebre para el niño Jesús (o niño Dios). E inmediatamente recordé que yo solía encargarme de poner el nacimiento (o pesebre) y ya no más.

Un día en que ese mismo señor que brindó el cromosoma Y estaba en la mesa conmigo, nos entregamos a la reflexión (rara vez lo hacemos, no crean que me jacto). Él compartió la anécdota de un “sobrino” mío que tenía juguete nuevo. Mi papá le preguntó si se lo había traído el niño Dios y el niño, con el airecito pedantón que le caracteriza, le dijo que su mamá se lo había comprado.

A mi papá le pareció triste que el niño estuviera tan chiquito y no tuviera ese tipo de ilusiones. Él, por su parte, dijo estar muy agradecido con el niño Dios porque una vez le dio una muy buena navidad (oía “Sonrisa” de Ana Torroja de fondo…yo, por supuesto).

Allá en La Paz donde mi padre y sus ochenta mil hermanos vivían, no habían muchas cosas; pero cierta navidad, su madre (mi abuela) le dijo después de un mandado “anda a ver en tu almohada qué te trajo el niño Dios” y él fue a ver. Y encontró una cajita de cohetillos (cuetillos) que él reventó con mucho cuidado e ilusión y le duraron hasta enero.

Me dio cosa (acotita) imaginármelo todo ilusionado ahí en medio de la nada.

Y ahora pensé en mí.

Me imaginé diciéndole a alguna de mis sobrinitas que le pidieran al niño Dios que les diera solvencia económica a sus papás para que ellos les compraron algo. Creo que es ligeramente menos mágico.

En esta época de salvia, ¿los niños todavía creen esas cosas? Bueno, ven cosas tan estúpidas como Yaba Gaba o Dora, etcétera (el equivalente a nuestros “noppos y gontas”, “¿puedo hacerlo yo?”, “niños en crecimiento”, etc.), pero no creo que estén en igualdad de condiciones.

Ni siquiera estoy seguro de haber yo mismo creído en el niño Dios cuando le escribí pidiéndole cosas (Sí recuerdo que me sorprendí una vez que escondí bien mi diente y el ratón aún así me dejó una moneda). Aún así le pedí. Y la navidad más bonita que recuerdo fue cuando encontramos una juguetera llena para mi hermano y para mí. ¡Materialistas desde chiquitos!

Así que si detestan la persona en que me convertí, inculquen a sus hijos la creencia ciega en el niño Dios, no en Santa Claus (santa clos) porque era un ladrón (mañoso). Ojalá el bichito (niño) mantenga cierta ilusión antes de que tenga que enfrentarse con la vida real.

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