Es una experiencia caracosa

No aprendo de mis experiencias. Debo acordarme siempre de IMDBear las películas que decido ir a ver. El Centro Cultural “Nuestra América” presentaba hoy “El Caracazo”. La película estaba anunciada así: Crónica de los sucesos acaecidos en Venezuela el 27 de febrero de 1989. Una protesta contra el aumento del precio de los pasajes en la Terminal de Guarenas enciende la chispa de una rebelión popular que llega hasta Caracas y provoca una sangrienta oleada represiva de parte del gobierno de Carlos A. Pérez que cobra centenares de víctimas.

 

Al llegar me dieron mi papelito con la información donde decía: Los actores venezolanos Simón  Pestaña (¿hermano de Juan Pestaña?)y “la Beba” Rojas encabezan el elenco de 134 actores y 5000 extras que, bajo la dirección de Román Chalbaud, hicieron posible la versión cinematográfica de los sucesos de aquel 27 de febrero de 1989.

 

Ignorando que la actriz se llame “Beba” Rojas, leí la parte del director, Román Chalbaud, y decía Dramaturgo, director de teatro, de cine y televisión. Entre 1947 y 1949 estudia en el Teatro Experimental de Caracas y después toma un curso de dirección con Lee Strasberg, en Nueva York…Todas sus películas han sido exhibidas en importantes festivales e instituciones, como el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (que le dedicó una retrospectiva en 1985 y del que fue jurado oficial en 1990), el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la Universidad Autónoma de México y Filmoteca Española.

 

Con gran interés tomé mi asiento. Un señor que ostenta algún cargo que ya no recuerdo en la Embajada de Venezuela empezó a comentar sobre los hechos de 1989 y como esos desencadenaron el que Hugo Chávez llegara al poder el 4 de febrero de 1992. Me pareció chistoso que dijera “el golp…la toma de poder de Hugo Chávez”. Salieron los créditos de la película y me sentí timado. El primer crédito era para Fernando Carrillo.

¿Fernando Carrillo? ¿El de las novelas venezolanas? ¿El de María Isabel (con una Ximena Sariñana que hoy debe renegar de su pasado)?

Empezó la acción y a cual actuación más horrible. Para que me quedara claro que la gente empezó a saquear a los malvados, tenían que decirle 5 veces “¡acaparador!” al tipo de la tienda. Siempre eran los mismos actores los que iban de lado a lado empezando el saqueo. Y siempre agarraban una cosa nueva. ¡Qué chistoso! Se roban una caja de whisky. JAJA.

Es 1989, pero sólo algunos andan vestidos como en esa época.  El protagonista no luce para nada como lucía en ese exacto año (gracias, IMDB). Él es el líder del grupo de motociclistas que andan como testigos silenciosos de las cosas que van pasando.S Sí, él va a la cabeza y nos da una frase inolvidable (no sólo para mí): “No es saqueo, es confiscación popular”.  Después de ver los saqueos, oímos un “esta es una manifestación pacífica”, vemos una patética escena de una dizque-intento-de loca enfrentándose a los militares. Le disparan a uno de los líderes de la rebelión. Siguiente escena: Fernando Carrillo y su embarazada novia están en su moto en otro lado de la ciudad. Supongo que a los militares no les importó dejarlos ir y ellos tampoco estaban tan afectados por lo que acababa de pasar. Lo último que soporté fue ver que la protagonista se encontró con el actor que hacía de “El loco Hugo”. Fue el acabóse. Decidí salirme y sentía que todo el mundo iba a creer que era mi actitud imperialista la que me hacía alejarme de la sentida obra artística de denuncia. Googlé a la protagonista. También era de Bienvenidos. No la había reconocido.

Talvez me perdí el momento en que la película se volvía completamente distinta o nos decía que era una broma. Pero, por lo que vi, puedo decir:

 

¡Qué horrible! Este viejo Chalbaud seguramente fue a un taller de 3 días de Lee Strasberg y estuvo distraído todo el tiempo, pero aún así lo pone en su curriculum. Nadie que haga una bazofia como esta puede tener mi respeto como director. ¿Quién elige ese guión? ¿Quién elige esos actores?

 

Lo que sí me quedó es la duda de porqué si la Corte Interamericana de Derechos humanos ya falló a favor de las víctimas y exigió una indemnización para los familiares de los asesinados, ¿por qué no se ha hecho?

 

Bueno, después de mi proceso de sensibilización patrocinado por la República Bolivariana, me fui al Wendy’s. Me dejé llevar por mi antojo. Y lo bueno es que no valió la pena. La hamburguesa estaba sólo aceptable, ya nunca como antes y las papas nunca serán mejores que las twister del Burger King (o BK, para que me entiendan los jovenzuelos que hayan caído aquí por error). Alguien me explicó que el McDonald’s tiene esos colores para que uno se sienta incómodo y que se vaya inmediatamente después de comer. El Wendy’s tiene otros, pero cumplen exactamente la misma misión. Los respaldos de las bancas acolchonadas están bien lejos, así que me senté en la silla normal de enfrente. Pero, como la mesa estaba ubicada bien al centro, me sentía vulnerable desde todos los ángulos. La guapachosa música tampoco me permitió relajarme y disfrutar mi comida.

Luego pasé al supermercado. No aguantaba por venir a desahogarme y entendí la utilidad que pueden tener los dispositivos móviles. Por supuesto que la señora de la carne tuvo que ir a buscar lo que yo quería a la bodega y, en la caja, tuvieron que anular un pollo cobrado dos veces a la señora que me antecedía y que, por supuesto, iba a pagar con tarjeta. Lástima que no quería crédito fiscal.

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One comment

  1. Aniuxa · febrero 26, 2011

    Te amo. Ya lo sabés.

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

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