El comercio justo hoy

De un tiempo para acá no pasa un día sin que oigamos palabras como ecológico, sostenible, renovable… Pareciera que el mundo entero se ha vuelto ecologista. Desde macro empresas como Iberdrola hasta personas consumidoras de a pie que ya no saben vivir sin tener soja o Aloe Vera en sus casas. Detrás de todo esto está una vez más, aunque parezca raro, nuestra afición desmedida por el consumo.

Hace poco escuchábamos a Vandana Shiva decirnos que el sistema estaba fabricando simplemente personas cómodas y dejadas. Es decir, nos habían acostumbrado a lo fácil y de esta forma, a no pensar. Somos autómatas del consumo. Nos hemos convencido que lo que nos da status es tener objetos y el propio sistema nos balancea hacia donde a él le conviene.

En estos días es el cambio climático lo que suena en nuestros oídos. Tenemos que impedir que el planeta se acabe, canciones, anuncios, películas y políticos parecen decirnos qué dirección tenemos que seguir para salvar el planeta: Recicla, compra un coche más ecológico, ve en bici, incluso se paran a explicarnos la diferencia entre el cristal y el vidrio para que lo reciclemos correctamente. Bueno, pues GRACIAS, no sé qué habríamos hecho sin todos estos mensajes.

Estos mensajes que este sistema nos lanza consiguen que una persona coja su coche, vaya hasta una gran superficie a hacer la compra, eso sí, en su coche poco contaminante, compre para comer alimentos que a veces recorren unos 4.000 kilómetros en transportes sí contaminantes, tal vez compre una marca de café de comercio justo que le han dicho que ayuda a algún país en vías de desarrollo, fruta que viene en tres envases con tres plásticos diferentes que ha sido sometida a 4 ó 5 tratamientos químicos para que aparezca así de lustrosa en la balda del supermercado, carne y leche de animales alimentados de piensos transgénicos, hechos con un maíz que contamina a las personas productoras que aún quieren producir maíz ecológico, leche y yogures de soja que nos han hecho creer más sanos, y un sin fin de productos todos a nuestro alcance sin más preocupación que la de pensar con qué tarjeta de crédito pagaremos al llegar a la caja, entregándole así al banco que todos los meses nos ahoga con la hipoteca una comisión por facilitarnos la vida.

 

Pero gracias a estos mensajes que recibimos todos los días podemos estar tranquilos, estamos ayudando al planeta. Una vez consumidos todos los productos, sabremos exactamente a qué contenedor tendremos que tirar cada uno de los cientos de envases que nos llevamos a casa en ese coche poco contaminante, que cambiamos por uno que funcionaba perfectamente haciéndole un favor a la tierra, sus habitantes, las empresas de automóviles, la crisis y de paso a nuestra conciencia.

Aunque este parezca el único camino a seguir, SORPRESA, no es el único. Existen alternativas hoy por hoy a este modelo. Se necesitan varias cosas, pensar, querer y buscar. Casualmente para ninguna de ellas hace falta dinero. Hay que pensar qué podemos cambiar, tenemos que querer cambiar algo y cuando lo tenemos decidido, buscar cómo cambiarlo con lo que tenemos a nuestro alcance. Por increíble que parezca cuando se quiere, no es tan complicado.

Uno deja de ir a la gran superficie y compra en las tiendas del barrio o grupos de consumo. ¿Tiempo?, claro que tenemos tiempo, el que invertíamos en esperar la cola de entrada al parking del centro comercial, en ir hasta allí, la cola de la caja… comienza a comprar productos ecológicos. ¿Precio?, si se compran directamente a productores locales nos ahorramos los intermediarios, también las cosas innecesarias con las que volvíamos del súper además de la gasolina que necesitábamos antes para llegar a la puerta del centro comercial. Está comprobado que se ahorra dinero y además estamos favoreciendo la economía local y a nuestros vecinos, no a grandes multinacionales que hacen que día a día nuestr@s baserritarras abandonen su tierra.

Además de todo esto, nos vamos dando cuenta de que cada vez nuestras bolsas de colores para reciclar tardan más tiempo en llenarse. Esta es una pequeña muestra de las cosas que podemos cambiar realmente a nuestro alrededor. Si queremos, está en nuestra mano cambiarlas. De esta forma podemos ser partícipes de un cambio real hacia un sistema más justo y sostenible, cambio que podremos ver día a día por nosotr@s mism@s, no hará falta que nos lo cuente ni un político ni un anuncio ni una canción.

Bidezko Bidean

Iniciativa de un grupo de mujeres vitorianas que resiste frente a la imposición del sistema desde la visión de la Soberanía Alimentaria, decidiendo desde lo ecológico, lo local y lo justo. Trabajan desde el Bar “El 70″ C/ Cuchillería 60, Vitoria, ofreciendo un espacio donde consumir bebidas y comidas que entren en su filosofía y realizando talleres, charlas, grupos de consumo responsable…

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