De la feminista dolida

Situaciones recientes me han hecho encontrarme con el cliché, la que todo hombre macho se imagina cuando se ocupa la palabra “Feminista”.

Gracias a la “hermana Lily” conocí a esta mujer que desde el principio emanó esa vibra de “tú hombre invasor no eres totalmente aceptado en esta esfera social” y me lo tuve que aguantar.

La misma “hermana Lily” me ha mencionado varios casos de europeos que vienen con actitud national-geographic-juzgo-y-regaño-la-actitud-de-ti-salvadoreño-ignorante, antes de analizar el origen de sus conductas. Así de prejuzgado me sentí con esta susodicha. Esta mujer reprobó internamente mi manera de relacionarme con la “hermana Lily” y con “Rosy” (mis únicas acompañantes porque los hombres que conozco son demasiado aguados para aventuras montañescas).

Yo soy una de las personas que más empuja a las mujeres a empoderarse y asumir una posición de protagonismo (rooting for the underdog), y entonces –de repente- entendí este post. No es que sea una cuestión de “mujer, ve y hazte valer por ser mujer; sino de mujer, asumí tu valor por el hecho de ser humano”.

Hace ya tiempo mencioné que mi amiga “Marla” se preguntó en voz alta porqué la batuta de la lucha feminista la tenían las mujeres lesbianas. Esa frase se quedó en mi cabeza y la he repetido varias veces a varias personas. Cuando comenté esa frase a mi compañera “Betty” (como la de Archie), ella concluyó que realmente no ganaba nada gritando consignas o haciendo pancartas, sino que tratando de hacerse respetar en una sociedad donde el hombre va y la mira lascivamente haciéndole “mhhh” en su cara. Yo la felicité cuando enfrentó a un viejo y le pidió que la respetara, dejándolo atónito; la felicité más por irse rápido y no verificar si se trataba de uno de esos cerotes que van e intimidan violentamente a la mujer que se atreve a enfrentarlo.

Van a disculpar, pero para mí, esas son las mujeres que hacen más por la causa. Las que no se ahuevan y salen a hacer sus cosas porque también pueden, ¡Porque tienen derecho! Y no aquellas que hablan, hablan y confrontan constantemente. ¿Por qué lo digo? Porque como hombre puedo oír a otros hombres honestamente refiriéndose a ellas como “dolidas y/o resentidas”. Bien dicen que más moscas se cazan con miel que con hiel y yo creo que un hombre respeta más a una mujer que le demuestra cómo puede vivir independientemente sin amedrentarse ante los conflictos que a aquella que pasa cuestionándolo una y otra vez y con la que una plática no puede durar más de 5 minutos.

Talvez usted no piense así, tiene todo el derecho. El caso es que yo prefiero poder hablarle a una mujer de igual a igual, bromear sin tapujos, joderla y que me responda, asumir nuestras diferencias físicas y trabajar en equipo para complementarnos, en lugar de pretender que somos iguales y que ella debe cargar algo que pese la mitad que ella.

Disculpe, señora dolida, si sus demonios se ven alebrestados por mis palabras; pero analícese. Todos tenemos quejas y traumas. ¿Eso la está motivando o está respondiendo a ellos una y otra vez con sus comentarios y actitudes? ¿No está siendo egoísta con sus congéneres?

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