Inferno

Este post nace del fastidio. Si existe un infierno, seguramente es una réplica de la zona de las carnes de un supermercado a mediodía en un día domingo.

¡Hay que comprar carne! Gracias, madre. Esta preciada oportunidad me hará probar los límites de mi paciencia. La zona de las carnes siempre atrae todo tipo de personalidades y uno tiene que aguantárselas todas al ritmo de la maldita música salsa o merengue. Va a haber una vieja estúpida vulgarmente danzante y contenta; un hombre con el look de narcotraficante pidiendo sus piezas de pollo metidas en bolsitas de a dos, mientras se apoya en el vidrio; y un hombre con su lata de cerveza abierta, porque obviamente el alcoholismo no te permite sentarte a disfrutarla. Por supuesto, todas estas personalidades terminarán rodeándome, invadiendo mi esfera personal, no importa cuánto intente yo alejarme.

La cerecita del pastel: soy el número 87 y apenas van por el 71. La espera será grandiosa y, para cuando ya soy atendido y estoy a punto d, lo único que me divierte es que los números hayan vuelto a iniciar y que, cuando vayan por el tres, una mujer enanita diga “mire, yo tengo el once” y una de las dependientes le diga: “sí … vamos por el tres“.  ¡Ah, estupidez! Nunca dejará de asombrarme cuánto de ti puedo ver en una sola persona.

He terminado y ahora me dirijo a la caja…seguramente estará sola y nadie pagará con tarjeta.

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