Evolución de la laicidad en El Salvador

A propósito del arrebatamiento que nunca llegó, decidí resucitar esto que escribí en Octubre del año pasado, inspirado por la censurada exposición de fotografías Circus Christi. ¿Se pueden imaginar qué pasaría si las trajeran acá? (Bueno, y si alguien distinto a los de siempre se dignara a ir a verlas).

Julio de 1983 – Se preparaba nuestra actual Constitución de la República. En la exposición de motivos se explica que “la Comisión (…) estuvo perfectamente consciente de que la religión a la que pertenecen la mayoría de los salvadoreños es la religión católica. No obstante lo cual, se decidió por la enseñanza laica en los centros educativos oficiales para mantener el principio de la separación de la Iglesia y el Estado (…) Concesiones en este campo pueden llevar a abusos tales que conviertan a El Salvador en un estado confesional (…) Existen en El Salvador religiones minoritarias, cuyos miembros se han acrecentado en los últimos años y que son ciudadanos salvadoreños que merecen todo respeto y cuyos derechos se verían atropellados de imponerle a sus hijos la enseñanza de una religión que no es la de ellos”.

 

Octubre de 1998 – treinta historiadores participan en un simposio monográfico sobre la inquisición, preparándose para el Jubileo del año 2000. En Marzo de ese año, durante la “Purificación de la memoria”, Juan Pablo II pidió perdón por los errores cometidos “en el servicio a la verdad recurriendo a métodos no evangélicos”.

Julio de 2001 – Dos conferencias de prensa del Arzobispo Fernando Sáenz Lacalle y una reunión de obispos bastaron para que el Ministerio de Salud retirara de circulación un manual de educación sexual para adolescentes, que había sido producto de un trabajo de tres años. Los manuales contenían temáticas como uso del preservativo, orientación sexual y masturbación.

Abril de 2007 – La Secta Creciendo en Gracia empezaba a sonar en el país. El Arzobispo Sáenz Lacalle apoyó la decisión del Presidente Saca de no permitir el ingreso de José Luis Miranda al país, porque “es justo que las autoridades de un país defiendan los sentimientos cristianos y humanos y religiosos del pueblo; y cuando se da una cosa negativa, se dé el paro correspondiente”. “Hay cosas que van contra el respeto de las creencias de los demás que no pueden consentirse”, señaló.

En ese momento lo preocupante no era lo loco que estaba (y sigue estando) Miranda; sino que el Gobierno pudiera ocupar la moral y la religión como justificación legal para no dejar entrar a alguien al país, haciendo caso omiso del artículo 25 de la Constitución.

 

Julio de 2007 – Rodolfo Parker, preocupado por “El tango del pecado” de Calle 13, expresó su opinión: “Ellos (Calle 13) están diciendo que no les importa venir a transgredir los valores morales en El Salvador. Si el estudio dice que están cayendo en un delito, los vamos a demandar”. Según Parker, el tema transgredía los valores morales y un concierto de ellos estaría ofendiendo públicamente los sentimientos religiosos de la mayoría de salvadoreños. Un año después se vería obligado a sacar bajo fianza a su hijo, Andrew Parker Wein, por supuestamente estar involucrado en un caso de “asalto sexual” en un crucero junto a otros dos salvadoreños.

Octubre de 2008 – No se ratifica la Convención Iberoamericana de Derecho de los Jóvenes (CIDJ), por “incompatibilidades con la Constitución”. La realidad era que ya Saca había hecho el siguiente comentario: “no hemos firmado ningún compromiso internacional como país que atente contra la familia”, mientras la entonces canciller, Marisol Argueta expresó que los artículos de la Convención tenían “incompatibilidades con la moral”. ¿Cuál era la inmoralidad? Que se hablaba abiertamente de los derechos sexuales de los jóvenes. Por supuesto que también se trataba la “orientación sexual” y eso no sería aprobado por la presidenta de Sí a la Vida, Regina de Cardenal, que no tolera las presiones para “imponer la ideología de género”.

Diciembre de 2008 – El 30 de diciembre cuando nadie iba a poner atención, la Asamblea declaró a Sáenz Lacalle hijo meritísimo de la República.  El homenajeado aprovechó para recordarles a los diputados que estaba en sus manos defender el concepto de familia que se tiene en el país, ratificando la reforma constitucional que prohíbe los matrimonios entre personas del mismo sexo. Saca dijo: “A través suya Monseñor Sáenz, Dios nos ha recordado con vehemencia la necesidad de vigorizar la Iglesia, de fortalecer nuestra fe y resguardar los valores”.

Estamos en el año 2010 y la moral y la decencia aún nos encadena. Si Gabriel García Márquez viviera en este país jamás hubiera podido publicar su libro de 1994, “Del amor y otros demonios”. Hubiera recibido muchas críticas por atreverse a escribir sobre el amor de un cura hacia una niña.  Es suficiente con las noticias sobre violaciones a seminaristas, como el desafortunado caso del fundador de los “Legionarios de Cristo”, pero eso es harina de otro costal.

Tampoco hay que creer que son nuestras costumbres arcaicas las que hacen que nuestra sociedad se cierre y no permita que alguien exprese algo que vaya contra la “moral” y la “decencia” salvadoreña. Nuestros conquistadores nos enseñaron el temor a Dios y aún lo mantienen. En febrero de este año la Universidad de Granada cerró después de sólo cuatro días la exposición “Circus christi” que presentaba un vía crucis muy particular donde San José era un “dealer”; María, una prostituta y Jesús hacía un recorrido sexual hasta descubrirse gay. Obviamente fue un escándalo. Este mes la Fiscalía decretó que la Universidad no fue coaccionada para tal cierre. La universidad motivó su actuar en que “no se podía garantizar la seguridad física del autor y la integridad de la obra”.

¿No es bonito el poder que tienen los grupos religiosos de cristianamente amenazar de muerte a alguien “hereje”?

Ahora viene otra cuestión para plantearnos. ¿Por qué es más fácil atacar a la iglesia católica? Yo, personalmente, sí desconfío de algunas obras de este tipo. Muchas veces siento que únicamente se hacen para provocar controversia y llamar la atención del público.

Si es la religión judía y/o musulmana las que se ven atacadas, el artista, como el caso del catalán Eugenio Merino, es calificado de “racista” o “intolerante”. ¿Por qué en estos tiempos sólo es aceptable atacar a la más extendida?

Y no me malentiendan. A mí me divierte blasfemar con mi propia religión. Me divirtió cierto intercambio de correos electrónicos entre un bloggero y un fanático religioso estadounidense por mostrar a Jesús susurrando cosas al oído de varias personas. Una artista plástica me dijo que no era gracioso, que era grosero. Yo no me lo tomo personalmente. Creo en un Dios que se ocupa de asuntos más importantes que esos. Después de todo, se supone que es nuestro padre. ¿Usted castigaría con las llamas a su hijo si lo dibujara irreverentemente?

Tenemos que estar pendientes de cómo sigue la evolución de nuestro Estado. Al menos podemos estar tranquilos porque existen legisladores como Rodolfo Parker que hará lo imposible por defender la libertad de expresión, así tenga que luchar contra la Sala de lo Constitucional. Gracias, Rodolfo. Por usted, me siento seguro de escribir y disfrutar mis libertades. Sólo espero que un día no se dé una demanda entre el Opus Dei y algún reportero de El Diario de Hoy porque no sé cómo resolvería este conflicto.

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