Un muchacho que hace falta

Hace un par de meses reencontré en nuestro haber el libro HACE FALTA UN MUCHACHO. Siempre supe que estaba ahí y con su estado viejo, antiguo y grueso, nunca me llamó la atención. Pero me decidí un día a curiosearlo. Revisé algunas páginas y me di cuenta de que sonaba un poco (un poco bastante) republicano y me dio curiosidad. Encontré su valor histórico y me decidí a darle una segunda vida empastándolo.

Es divertido porque es de una redacción tan antigua que uno no puede evitar sonreír al pensar en la ingenuidad de alguien que escribe para un adolescente frases tan rimbombantes como esta:

Te prevengo que el trabajo es duro, la disciplina rigurosa, y entiende bien que no puedes ni debes escaparte de luchar, y que la lucha por la vida será reñida, incesante y obstinada.

Toda deserción se paga cara; toda flojedad lleva su castigo; en cambio, cualquier corazonada, cualquier acto de valentía, cualquier arranque de intrepidez, cualquier heroicidad merece y obtiene una recompensa.

Las armas que necesitas para luchar, las únicas que debes emplear, son armas nobles y seguras, que no pesan ni ocupan lugar y nunca son impedimenta. Y tú mismo puedes fácilmente procurártelas“.

Lo siento, Arturo Cuyas Armengol, dudo que yo habría terminado de leer este libro y dudo que alguna vez logre que un hijo mío (de llegar a existir) se interese por leerlo a una edad temprana. No es que me moleste su innegable derechismo, es simplemente que es bastante rebuscado su lenguaje para que un jovenzuelo lo soporte. Usted muy bien se planteó que sólo alguien que gusta de leer iba a tomar el libro en sus manos.  Y ustedes no vayan a creer en ningún momento que estoy jactándome. Ya el célebre Cuyas me ha advertido:

“…Antes bien sigue el consejo que lord Chesterfield daba a su hijo en una de sus cartas: Nunca trates de parecer más sabio ni más instruido que las personas con quien te hallas. Guarda lo que sepas lo mismo que tu reloj en tu faltriquera, y no lo saques ni hagas sonar la repetición meramente para mostrar que lo tienes. Si te preguntan la hora, dila; pero no la cantes a cada momento sin que nadie te lo pida, como hace el sereno“.

Y aunque ocupe mi tonito burlón y enlace cosas como esta, sí creo en serio que el libro es interesante y te comparte una gran cantidad de frases bonitas, trascendentales. Les dejo algunas y guardaré mi reloj en mi faltriquera:

Haz gala de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres ninguno se pondrá a correrte“.

Cervantes

Más hermoso parece el soldado muerto en la batalla que sano en la huída“.

Cervantes (¡JA!)

¿Quién es el hombre bueno? Aquel que obedece a sus padres y acata las leyes humanas y divinas“.

Horacio (¡JA!)

Lo que no quieras sepan muchos no lo digas a nadie. ¿Cómo puedes confiar de vecino lo que con tu misma confianza quebrantas? Cierra igualmente los oídos a los aduladores tuyos que a los murmuradores de otros

J.E. Nieremberg (Así justifico mi inaccesibilidad emocional)

No pierdas tiempo, hijo mío, en formar tu gusto, tus modales, tu mente y todo lo que has de tener; pues lo que, hasta cierto punto, seas a los veinte años, eso, con poca diferencia, serás todo el resto de tu vida

Lord Chesterfield (¡OEEE! ¡TOOOMA!)

Y, para terminar, la versión de la Editorial Porrua para quien interese (guiño):

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