Ronnie 5: las malandanzas en Panamá

En 3 días se cumplen 4 meses desde la última vez que escribí sobre esta historia. También es culpa de él porque no habíamos reanudado la tarea pendiente. Pero perseveraré como Cuyas Armengol querría. No me daré por vencido. Aquí les traigo la continuación.

Ronnie y sus amigos estaban aún en Panamá

Salieron del Hostal Casa Grande como a las 3 A.M. Esperaban un taxi en la parada y en eso aparecieron los mismos policías de turismo. Los vieron con las maletas y los llevaron al local donde Omar vivía. A él le tocó dormir en una máquina para cortar madera con la sierra justo sobre su cabeza.

En la mañana llegó Alex con sus sesenta y tantos años, su esquizofrenia y su ojo perezoso que cerraba alternadamente para desconcertarlos (No sabían con qué ojo los estaba viendo) Pero no se dieron cuenta de cuán enfermo estaba (sí, aún no) hasta que lo vieron caminar y les contó que él era un androide y que lo había atropellado un carro. Le empezaron a hacer trucos de “magia”, desapareciendo cartas, y él se reía “y le agarró bien feo”. Maxi le dijo que iba a atravesarse un palillo en la lengua –tenía un piercing– y Alex sacaba su lengua también y se la agarraba para darle vueltas.

Ese era Alex que también tenía una especie de hongo y un cascarón de tanto rascarse en el inicio de sus nalgas (se lo podían ver cuando andaba sin camisa). Obviamente tenían sus reparos al compartir con él el minibaño que sólo Maxi lavó de verdad bien.

Anderson le había leído las cartas a Omar el último día en Casa Grande y le había dicho que iba a conocer a dos chicas.

A la semana de estar los 7 personajes en el diminuto local, Omar iba llegando con dos italianas a quienes conoció cuando ellas buscaban hacerse un tatuaje. Habían estudiado artes plásticas en Italia. Eran Viola y Stephanie.

Todos fueron sobre la Viola (ingenioso juego de palabras)

Anderson se fue una semana porque su papá lo llegó a visitar, así que perdió su ventaja y Maxi aprovechó la oportunidad. Una noche social se fueron al piso abandonado de arriba y empezó la “relación”.

“El gallo” terminó con Stephanie en el área del lavamanos.

“Panamá era nocturno…en la mañana era que te despertabas tarde, tipo diez…once. Te levantabas, yo iba a comprar el licuado, comida…no podías fumar ni beber afuera ni andar sin camisa…más que vivíamos enfrente de una iglesia evangélica…todas las mañanas dejábamos el vergo de cervezas porque era bien barata…trabajabas en la tarde, medio. Y en la noche llegaban las italianas a fumar y a beber”.

Una ocasión, en la pedera, decidieron hacer un cortometraje, haciéndole unas caras a las clavas. Iba a salir un tipo caminando y detrás de él iban a ir las clavas caminando. Cuando él volteara, las clavas se iban a esconder y así hasta que le salieran enfrente. Hasta ahí habían imaginado. Ellas se lo tomaron en serio y dibujaron las caritas. Pero no hicieron nada.

En ese apartamento tan pequeño les tocó ser testigos presenciales de intercambios inesperados y descontrolados de fluidos corporales. Ronnie sintió que ya estaba procesando nuevas cosas, “me estoy haciendo un poco más abierto de la mente por todo lo que había visto”.

En medio de esa época de vivir la vida loca, con “El duende” empezaron a hablar sobre El Salvador y sintieron nostalgia por primera vez. Pero aún así todo seguía igual.

VICIOS Y LA CARA DE CHUMPE

Uno del grupo estaba bastante enganchado con la coca. “Me cuestionaba lo que Miguel nos decía en el teatro…de tu autocontrol…yo mando mi cuerpo y las decisiones las tomo yo” y por eso creía que para **** habría sido fácil dejar la coca si realmente lo hubiera querido. “Si lo querés dejar, dejalo”, decía Ronnie. Y él le respondía “Es que no es así de fácil”. Luego Ronnie llegó a ver eso como algo normal, “ahí lo empezaba asimilar y me di cuenta de que era bien inocente en algunas cosas…era bien inocente y tonto a la vez…empecé a hacer el recuento de cuantas veces había sido tonto por mi misma inocencia…con las bichas, con las personas. Y me di cuenta de que me habían manipulado. Si tenías que andar cara de chumpe”.

Otra de esas noches llegó Omar con unas peruanas e iban oliendo pega. Anderson seguía con su papá, así que Omar agarró su sleeping como si nada. Botó una cámara sobre el pie de Ronnie que le devolvió una patada. Él le reclamó. Alex también se levantó a reclamarle a Omar porque no los dejaba dormir. Omar también le contestó. Alex le pegó con el palo de la escoba en la espalda. Omar le quitó el palo y eventualmente se fueron al tercer piso, el abandonado, con todo y el sleeping de Alex que luego fue chorreado de pega. Cuando fueron a echar un vistazo, una de las peruanas “ya toda trabada” estaba tratando de limpiarse la pega de su pantalón con la misma bolsa contenedora.

Para los que, como a mí, les preocupa pequeños cabos sueltos. Anderson eventualmente le pediría a Omar que le lavara el sleeping. Pero no lo hizo y Anderson terminó pagando para que se lo lavaran.

LA BARTOCHA

Llegó el cumpleaños número 20 de Ronnie. Para él nunca ha significado mayor cosa. Sus amigos le dieron unas felicitaciones normales. Pero la mayor sorpresa la recibió alrededor de las 10:30. Los policías llegaron al semáforo y se los llevaron por primera vez.

“Mirá, ahí está la cámara. El que está arriba de mí dijo mirá, ellos están ahí; andá a traerlos, ¿qué voy a hacer yo? Es mi trabajo, así que dame tu pasaporte”- les dijo el policía.

Los subió a la patrulla. “Cumpleaños y en la bartocha”.

Estaban unos de Colón detenidos ahí. “Pero ellos creo que por una balacera”.

Los policías vieron en sus documentos que era el cumpleaños de Ronnie y lo felicitaron. Y burlándose le preguntaban por qué no estaba contento, “si aquí estás seguro”.

Sus nuevos amigos Colonenses preguntaban a los policías que porqué los habían detenido sólo por hacer malabares. Les enseñaron trucos. Empezaron a hacer equilibrio y un policía llegó a decirles que ahí no era un circo, que guardaran las cosas o si no se las iban a quitar.

Mediodía esperando a un tipo para firmar un acta.

Se hicieron las dos de la tarde.

Llegó un par de mujeres que se habían peleado. Los policías hablando con la más exuberante.

A las cinco les hicieron el acta. Un acta “por mechudos”, por hippies. Se rieron, pero no era broma. Eso decía en el acta. Si no firmaban, les iban a decomisar los juguetes. “Todo el día de mi cumpleaños en las bartochas”. “Te detenían todo el día para que perdieras el día”, pero igual fueron a rebuscarse en la noche.

Después de la experiencia carcelaria, intercalaban los semáforos en los que estaban y luego se turnaban mientras otro vigilaba si se acercaba la policía.

Estaban cuestionándose el seguir en Panamá y mantener ese estilo de vida que llevaban. Con ese ir y venir de gente que una vez les trajo la siguiente sorpresa:

Una mañana despertaron con la compañía de cuatro tipos, oliendo a cerveza y coca. “Ellos decían que eran mara gruesa, que eran del gueto”. Ya más en confianza y después de fumar, uno de ellos, el chele, les dijo “Si tú me cayeras mal, yo sin pensarlo te daría un plomazo en la frente…vos me podes ver así que yo con mi cadena de plata, yo te puedo matar, pero humildemente…” Y jodían con esa palabra. Nos dijeron “Ustedes jamás nos van a volver…yo te conozco, pero nosotros no somos amigos”. Y cabal, “jamás volvimos a ver esos cerotes”. “Pero fue bien vergón…hablar con esa mara, descubrir el mundo de la calle”.

Anderson ya había regresado para esos momentos. Había regresado con todo y sus mañas de “niño acomodado” que no terminaban de gustarle a los demás, mucho menos a Maxi, que había tenido una vida más difícil y a cuyo tío habían matado. Con la visita del papá, Anderson había recobrado sus miedos.

Un día, Maxi estaba especialmente harto de Anderson “por no poner cara de chumpe”.

Estaban los 4 en el apartamento. Anderson estaba en la cama de Omar. Maxi llegó. Se regresó y le dijo “Puta, mono cerote. Vos me caes mal por culero y te quiero montar verga”. Y se fue. A Ronnie le dio risa el desconcierto de Anderson que se quedó pensativo.

En la noche seguía el mismo ambiente.

Ronnie le dijo “Yo no es que te vea culero, pero es que a veces te veo demasiado aniñado. Puta, ni tu ropa podías lavar…y nosotros no estamos aquí para hacer tus cosas. Aquí todos estamos porque queremos estar y hay que hacerle huevos. Así habíamos hablado al principio”. Él, a sus 23 años, sólo le preguntaba cómo hacer. Y él no se sentía quién para darle consejos. Le dijo que hablara con Maxi. “¿Y si me da verga?”, preguntaba –razonablemente- él. “Date verga, ¿qué nunca te has dado verga?” le contestaba Ronnie.

Finalmente hablaron Anderson y Maxi.

Empezó una etapa en la que Anderson obviamente se había propuesto cambiar. “Pero era como que a veces quería hacer cosas y se reprimía…eso era bien raro”. Se le notaba que se preguntaba qué iba a pensar el resto del grupo. Aún así se le salían cosas como ir caminando con las cintas sueltas y arrastrando los pies. Los demás le pedían actitud, “cara de chumpe”.

Ronnie sugirió una vez hacer algo relacionado al teatro y hacer ejercicios en la planta de arriba. La segunda vez se les incorporó Maxi: ejercicios de calentamiento y respiración; de dónde venís, dónde estás y para dónde vas. Maxi los estaba haciendo burlándose y sin gana de seguir los lineamientos de Ronnie. “Me empezó a molestar. A mí me habían enseñado que eso era algo serio”. Él lo sintió y empezó a verlo y a joderlo más. Ronnie le dijo que les estaba faltando el respeto a todos. Maxi le ofreció verga y se puso frente a él. “Me molestó…yo lo quería golpear, pero lo único que le dije fue come mierda, ¿cómo crees que me voy a dar verga con vos? Al final me bajé bien molesto”. Cuando ya estaban abajo, Maxi llegó y le dijo que lo del teatro le valía verga, “¿Qué es teatro? Sólo es imitar mierdas, eso cualquiera lo puede hacer”. Y empezó la discusión, diciéndole que el teatro era “como si yo viera un maje y me lo estafe. Lo engañe con una mentira y se lo crea, ¡Eso yo lo hago! A pues yo hago teatro”. Su definición de teatro era básicamente convencerte de algo, que vos te lo creyeras y luego burlarme de vos. “Yo tratando inmaduramente de hacer que él me entendiera”. Después de ese roce, todo andaba bien.

Después de un mes ya no soportaban a Omar porque hablaba mucho y tenía cambios drásticos de personalidad. Estaban listos para cambiar de lugar. Ese ciclo de mes y medio en el apartamentito llegaba a su fin.

Anuncios

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s