Confesiones de un católico no practicante

Me vi obligado a ir a misa el día de hoy a las 12:30 a la iglesia La Transfiguración. Fui para apoyar a alguien querido. Y no puedo negarlo…también me sirvió como un ejercicio antropológico. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que entré a una misa y mis ojos eran nuevos de nuevo y, cual turista, observé y me cuestioné todo detalladamente…aunque no quisiera.

Para empezar, mis congéneres estaban en sólo dos opciones: o señores ya adultos-padres de familia o niños. Nada en medio. Muchas calvicies incipientes. No es crítica, es observación; y si lo fuera, no importa…eso hacíamos de niños con mis hermanos durante la misa, así que seguiría en las mismas.

El coro va a cantar el salmo. La gente no repite la frase: ¡El coro la va a cantar dos veces entre cada estrofa del salmo! ¡Cuatro veces oyendo la misma tonadita! Perfecto sketch para Saturday Night Live.

El padre Carlos (sabría su nombre después) empieza a leer el evangelio y es el típico de cuántas veces debo perdonar a mi prójimo…hasta setenta veces siete. Pienso para mí mismo: ¡Dios! ¿Cuántas veces uno puede oír las mismas cosas a lo largo de los años? El rey había perdonado la deuda de quien después no le perdonó la deuda a otro. Como el tipo este no perdonó, el rey mandó a que “los verdugos” lo apresaran hasta que pagara la deuda. ¿Los verdugos sólo lo iban a encerrar? Creo que hay algo editado en ese versículo. El padre habla del significado del número: significa “hay que perdonar siempre”.

Giro inesperado: el padre es moderno y progresista. Empieza a hablar de cómo se suele malinterpretar este versículo y que Dios nos manda a perdonar porque es su voluntad que suframos, que la mujer tiene que aguantar que el hombre le pegue todos los días y le pida perdón todos los días. Y que no. No es así. Que el perdón es una invitación al cambio. Dios lo que quiere es que vivamos en armonía y fraternidad. Padre, talvez sea interesante escucharlo a usted. No, empieza a darle vueltas a lo mismo. Lo interrumpe la tos. Bueno, pero fue un gusto encontrar una sorpresa agradable (antónimo: padre de San José de la Montaña que está en contra de que alguien piense en hablar con Dios sin la mediación del sacerdote).

El coro vuelve a cantar. Me pongo a pensar en sus ensayos. ¿Será esta su salida artística? ¿Quisieron tocar y el coro de la iglesia es su mejor opción? ¿Aman cantarle a Dios? Empiezo a mover mis piernas al ritmo de su música, pero me doy cuenta de que estoy bayunqueando y dejo de moverme. (Si hubiera alguien más conmigo hubiera podido decirle este tipo de cosas).

Ya voy anotando un montón de cosas en el celular. Menos mal que nadie me ve feo por eso.

La señora que hace los anuncios dice que se acerca el momento de la ofrenda y cito: “La oportunidad que Dios nos da para ser generosos“. Vuelvo a sacar mi teléfono para apuntar.

No recuerdo qué va primero, si el credo o el Padrenuestro. En todo caso me sorprendí cómo a pesar de tantos años, ¡y de todo! Recuerdo perfectamente todas las respuestas y las dos versiones del credo, ¡Me acuerdo de todo! De niño me lo aprendí todo y ni siquiera le ponía atención a lo que decía y ahí estoy repitiéndolo cual turista que quiere impregnarse de la cultura local, mientras trato de ponerle atención a las palabras. ¡Cuántas veces repetí esas mismas cosas! ¿Cuál es la diferencia con repetir HARE KRISHNA HARE KRISHNA KRISHNA KRISHNA HARE HARE, HARE RAMA HARE RAMA RAMA RAMA HARE HARE? ¡Es lo mismo! ¿Por qué las religiones no se dan cuenta de que buscan lo mismo?

Es el Padrenuestro y me digo hoy sí voy a extender las manos. Y recuerdo. Eso lo hacía cuando estaba pequeño, luego llegó un momento en que ya no puse las manos abiertas y extendidas. Hoy mientras lo hacía, me sentía tan extraño y me pregunté: ¿El momento en que decidí a no abrir mis manos fue el primer paso para dejar de ser el niño devoto que tenía su libro de cantos? ¿Fue el primer dominó que cayó?

El padre me sorprende una vez más: “Dichosos y dichosas los invitados a la cena del señor”. Padre, debería hablar sobre este artículo con la feligresía.

Llega el momento de dar la paz. Se la doy a la gente a mis alrededores y me doy cuenta de lo extraño del asunto: este es el único lugar donde la gente se ve a la cara y le da la mano a un completo extraño deseándole paz. ¿Sí o no? Es raro.

La señora de los anuncios vuelve a escena con otro anuncio: “La comunión se dará en la modalidad cuerpo y sangre de Cristo. Favor de no pedirla en la mano“. Bueeeeeeeeeno…si usted lo dice.

El coro deja de cantar y comulga. Nada ha cambiado: viene el largo e incómodo silencio después de la comunión. El padre está arreglando las cosas frente a todos. ¿Qué hacemos para mientras? Nada.

Luego vienen los avisos parroquiales y ¡¡¡La segunda colecta!!! ¿Esta es una segunda oportunidad? Hay una rifa de automóvil y cada número vale cinco dólares. Además, los jueves de 2 a 5 de la tarde hay cursos de bisutería gratis para señoras y señoritas.

Termina la misa, ¡PERO TENEMOS QUE ESPERAR A QUE SE VAYA EL PADRE Y CANTAR LA CANCIÓN FINAL! Gracias, señora de los anuncios.

Ahora curioseemos el mural: Hay un retiro para novios, aún si sólo tienen una relación formal y no necesariamente con fecha (GUIÑO, GUIÑO). Fecha 24 y 25 de septiembre. Supongo que puedo avisarle a mi amigo que tiene su purity ring anillo de promesa.

Me estoy marchando. Una señora me dice que si no voy a comprar un boleto para el carro. Le digo que no, gracias. Ella me dice “Más guapo se va a ver en él”. Y me hace sonreír. La casa de Dios ha cumplido su cometido. Me voy sintiéndome mejor conmigo mismo. Tan bien que cuando más adelante le pito a un señor cara de morsa porque nunca termina de doblar y él dice “¡Ah! Come mierda, hijueputa!” (Le leí los labios), yo sólo bajo el vidrio y le digo “Gracias, ¡Que le vaya bien!”. Su cara de aún enojado pero sin saber qué decir…no tiene precio. (Sí, el aire acondicionado a esa hora también me ayudó a estar de buenas).

Y así fue mi encuentro turístico-religioso-cuestionador con Dios.

Amen y amen.

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