Un día regido por la labor de CAESS

Esto lo iba a escribir ayer, pero no había luz cuando vine a mi casa. Así que todo lo que se refiera al presente es el pasado, es ayer; y el ayer, es anteayer. Gracias, CAESS.

Ayer pagué el recibo de luz porque contribuyendo en mi hogar me siento menos parásito y trato de compensar la unión de óvulo y espermatozoide que llevó a que yo existiera. Mientras todos abrazados en unidad y armonía contemplábamos el recibo pagado, recibimos hoy la rectificación del mismo. ¡Maldición! Es menor cantidad, pero no me alegra porque llamo y el agente de CAESS me dice básicamente que me las arregle con el banco. Le doy un “gracias” lleno de desdén y le cuelgo. Voy al banco y obviamente no pueden hacer nada. Estoy de acuerdo. A ellos no les corresponde solucionar la estupidez por la cual se disculpa escueta e impersonalmente Sandra Reinosa a través de una carta adjunta.

Me voy a la CAESS de la Manuel E. Araujo después de pasar El Salvador del Mundo y ver con ojos cómplices la Defensoría del Consumidor (¿Uno trae lo controversial en la sangre?). Llego con mi cara de fastidio, me dan mi número y me siento. Pasa el tiempo. Hay aire acondicionado y siento que la gripe de mi hermana ya me está haciendo efecto.

En eso entra una viejita toda sencilla que dice “Buenas tardes” y yo le devuelvo el saludo. Luego me dice que le avise cuando le toque a ella. Le digo que puede ver en el monitor cuando salga el número porque a mí me van a llamar antes. Ella me dice que no sabe leer, pero que cree que dice “69” en su papel. Sí, dice “F69”. Ya me había desarmado al entrar y ahora que me dice eso la quiero abrazar y de nuevo veo en ella a mi madre en alguna necesidad y ya no quiero dejarla sola.

Hablamos y tiene el mismo problema que yo. Le explico que va a oír un pitido y que los agentes que atienden dicen el número en voz alta si nadie llega al escritorio. Uno de esos agentes parece estar jugando en su computadora. Sí, lo veo. Él me ve viéndolo. Se acomoda, sigue un rato y luego aprieta el botón y le toca el turno a una señora a quien saluda cálidamente ¡Viejo pasmado! Podría haberse apurado para atender a su “amigocha del alma”.

La señora que nos importa me cuenta que su hijo trabaja lejos y no sabe en qué banco pagó el recibo. Le digo que no vaya a acceder a ir al banco si, como a mí, la mandan a eso. Me cuenta que una vez le pasó lo mismo con el agua y le salieron $10.00, pero ella sólo llena la pila porque el barril que tiene siempre está lleno. Pero esa vez, en el siguiente recibo, sólo le cobraron $3. Mientras ignoro cómo se rompe mi corazón, me cuenta que sólo vive con su hijo, así que no gastan tanto.

Me toca mi turno y me responden lo más lógico: el saldo a favor se verá reflejado en la siguiente factura. Gracias, sólo me tenían que haber dicho eso por teléfono (pero no habría conocido a la señora). Le pregunto si le digo lo mismo a la clienta que espera afuera. No, él la va a atender. Llego y la hallo platicando con otro señor. Le cuento lo que me dijeron y ella me dice que ya le dijo a otro joven que le avise cuándo sea su turno.

Me voy contento por eso y voy a la siguiente etapa de mi día que me llevará a recorrer el mercado ex-cuartel y luego caminar desde ahí hasta la calle Concepción. Pero esa es otra historia y dejo lo que importa: otra foto que tenía en mis pendientes…

IMG_4882

Anuncios

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s