Otro momento de desahogo

Es momento de renovar mi pasaporte.

¡Oh, oh!

Otra reflexión se acerca. No es tan profunda. Ahora que ya almorcé, puedo dosificar mi odio y desprecio.

Después de hacer cola en el único banco que tiene Las Cascadas, fui a iniciar el ridículo proceso de espera en la oficina de extranjería y migración. Uno hace fila, sentado, ¡Qué bueno!, podría uno decir…hasta que se ve a sí mismo en el proceso idiota de irse cambiando silla por silla a medida que la fila avanza.

Pero, ¡Esperen! Eso no es todo.

Justo a la par mía estaba un cristiano con su mirada desorbitada oyendo música de su celular: “Jehová está conmigo”, cantaba. Su esposa se acerca y él le dice “¿Por qué no le preguntás al varón? No vaya a ser que esté haciendo fila por gusto”. ¡Menos mal que mi madre me enseñó a tener confianza y a no tener miedo de exigir los servicios a los que tengo derecho como ciudadano de esta república democráticamente constituida donde un militar retirado puede ser ministro de seguridad nacional porque es como si nunca hubiera sido militar y aquí ya no nos deberíamos poner a pensar en la represión militar que tuvimos desde…siempre!

El tipo apaga su celular, pero él sigue cantando y yo no lo soporto. Me está llevando el demonio. Irónico, ¿verdad? Escuchar alabanzas constantes me saca de quicio. Y lo peor es que él ya debería haber entrado con el grupo anterior, pero no. Decidió quedarse un rato más amargándome. En eso recuerdo que estoy leyendo El Corán y podría mortificarlo con eso. Una sonrisa se dibuja en mi rostro.

(Sí, estoy leyendo el repetitivo e insufrible Corán. Ya lo dije. Soy parte de los infieles y ya me explicaron ochenta mil veces que “el apedreado” me llevará a la gehena con sus siete puertas por poner a Jesús a la par de Dios y donde también me hubiera ido si no hubiera creído en él como profeta en primer lugar).

La fotocopia de mi DUI ampliada por supuesto que tiene algo malo. El escudo sale en mi cara (¿?) y les pago para que me saquen otra copia. ¿Cómo podrían dejar pasar otra oportunidad de sacarte dinero? En todo el proceso, un señor con traje queda entre el tipo y yo. Y OBVIAMENTE a él también lo saca de quicio por la manera en que le responde al comentario inútil que hizo. El señor fastidiado le dijo “Cada quien sabe cómo ocupa su tiempo” ¡JA! Si fuera a otra persona hasta me habría sentido mal.

El tipo fastidioso que a usted seguramente ya le rompió el corazón y por el que me está odiando empieza a leer su folletito religioso ¡En voz alta! ¡AHHH! Y este estúpido proceso se está llevando mil años. Hasta tengo que calarme la programación del canal 4: ver sus ridículos anuncios de “Quién quiere ser millonario” y su emocionante final de segunda temporada, ver el asqueroso noticiero 4 visión con sus lecciones de cómo imitar a Univisión y no morir en el intento, con su reportaje de la niña que OBTUBO la única nota excelente y con sus presentadoras que necesitan una letra repetida en sus comunes nombres para ser especiales: Grisselda y Dianna.

En este proceso, también empecé a pensar en mis amistades. Estos momentos rodeados de gente horrible te hace agradecer tu vida y te da la oportunidad de pensar y ser objetivamente crítico con los demás y muy indulgente con uno mismo (me lo merezco).

El proceso no ha terminado. Sólo salí a almorzar en el espacio de 45 minutos antes de que me den mi documento.

Si hay novedades, las agregaré luego.

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