Conociendo El Tamarindo, Ahuachapán

Por cuestiones de la vida, me encontré compartiendo con los niños que viven en El Tamarindo, Ahuachapán, una zona que sufre constantemente por la subida del agua y que sufrió aún más por la tormenta tropical E-12.

Fue bonito poder hablar con ellos un ratito y conocer un poquito más y quizás alegrarles un poquito el día…en realidad, bastante…pero decir que nosotros estando ahí les “alegramos bastante” el día hace sonar como si eso bastara. Estos niños son una gran cosa y es triste que no tengan más oportunidades cerca.

Me conmovió especialmente una niña a quien le pregunté qué hacía en su tiempo libre una vez terminados los deberes y los quehaceres. No habían muchas opciones de respuesta. Tratando de hacer una encuesta sesgada le pregunté si le gustaba leer y me dijo que sí. A varias les pregunté qué les gustaba leer y empezaron a decirme la lección de esto, la lección de lo otro. Les pregunté si algún cuento les gustaba y esta niña me dijo que su mamá no le leía cuentos porque sólo trabajando pasaba (Es como mi mamá contando lo de sus muñecas). Le dije que podía inventarse su propio cuento y así empecé yo a contarles algo y les pedía a ellas que me colaboraran. Y así terminamos contando una historia de una niña que caminaba por la playa en tacones, luego se disfrazaba de niño y hacía que el árbol que le hablaba tuviera una amiga árbol a la que iba a transplantar a la mitad de la casa donde el primer árbol estaba.

Al final del día…

El desierto africano…

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