Defendiendo apasionadamente nuestro idioma (I)

Desde hace algún tiempo he ido avanzando la lectura de este librito que me divierte por que me imagino a su autor siendo bien fastidioso en sus conversaciones. El libro se llama “Defensa apasionada del idioma español” y tiene cosas muy divertidas.

Nos explica en cierto momento que las reglas de nuestros acentos no podrían ser más simples y “parten de que la mayoría de las voces del español son llanas (acento prosódico en la penúltima sílaba) y establecen con arreglo a ello que no llevan tilde las palabras que no la necesitan…casi nadie escribe cada palabra tras pensar en cuantas normas gramaticales le son aplicables, sino que su correcta ortografía surge limpia desde el fondo de todas nuestras lecturas”. Mis amigos Patricio y Marla probablemente no estén de acuerdo.

Leía el párrafo anterior mientras estaba rodeado de rótulos que decían “Crepe Lovers”, “Beard Papa’s Cup” y otro de “Coffe Cup” que me invitaba a sus nuevos “Flavours” (Escritura británica, mmhhh) y me acordé de la Mafalda:

Pero el libro nos trae otras cosas divertidas y curiosas. En un momento habla de la caída del latín ante los hablantes de la península ibérica: “El diptóngo au se convirtió en o (aurum, oro), …o la e abierta se trocó en ie (equa, yegua; gelu, hielo), … ahora se coloca una letra muda allá donde las demás lenguas romances heredaron una efe (herida, ferida; hoja, foglia, hacer, facere)…El pueblo impuso, pues su propia evolución, sin que nadie osara obligarle a canalizaciones ni injertos. Y las normas internas acompañaron esos progresos, que los gramáticos se limitan a reflejar”.

“Así, por ejemplo, alguna razón incierta, pero democrática en todo caso, hizo que los habitantes de la Península decidieran en su conjunto dotar de un sufijo rro a palabras que en el latín no podían sugerirlo, como cigarra (cicada), tal vez por imitación de otras voces prerrománicas como barro, gorra, becerro…”

“Y por algún motivo también, aquellas gentes acordaron que la terminación -ez como prolongación de un nombre significara “hijo de”, lo que nos ha legado apellidos como Martínez, Pérez (hijo de Pedro, Pere en catalán), Álvarez, González…

…Una evolución, sí.

Pero un evolución mediante acuerdos compartidos por el pueblo en su conjunto…con normas internas, jamás nada disperso”

“Desde entonces hasta aquí, desde el momento en que el idioma se hace adulto hasta que lo recogemos en su fructífera madurez, ojalá que eterna, se han producido sólo ligeras correcciones ortográficas…

El idioma ha adquirido una personalidad muy marcada, ha aprendido de todas sus experiencias y puede presentarse ante el mundo con una cultura definida; dispuesta, sí, a evolucionar; pero con la misma limitación biológica que hace crecer más a una persona de diez años que a una de veinte. Este idioma ya no admite biberones”.

Y sé que este libro me dará muchas más frases célebres que me sentiré forzado a compartir. Por eso le puse a este post* un número 1.

*Sí, sé que esto me haría acreedor de un golpe en la cabeza con una biblia hispanoamericana primera edición.

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