Revisitando el zoológico

Según cuenta mi madre, hace tiempo podían oírse los rugidos de los leones. Luego vino el progreso con sus carros y ahora sólo oímos a estos chocando entre sí o estúpidas motos ruidosas que lo obligan a uno a no desearles lo peor.

Las cosas han cambiado. Así ha cambiado también el zoológico desde la última vez que fui. Nunca había usado el parqueo. Ni sé si siempre hubo uno. Veo al pobre tigre de bengala siendo bonito y colgando en una rama dentro de su jaula que no es tan grande. Me compadezco de tener que ser como él y tener que aguantar tanta gente tonta cuando sólo quisiera dormir.

Después veo a las cebras donde antes viviera la pobre Manyula. Y no puedo evitar compadecerme de nuevo por ella…tanto tiempo viviendo en ese pedacito tan chiquito. Lo mismo me pasó al ver al hipopótamo.

Estoy viendo a los venados. Cuarenta mil familias pasan detrás de mí y cada una le dice a su engendro: “Mirá, Bambi”…”Ahí está Bambi”…”¡Bambi!” Bueno…ya… ya se reprodujeron y tienen todo el derecho, pero yo también quiero paz para ver esto y que sus niños tontos se queden callados y no se acerquen a golpear las vitrinas del puercoespín y de las serpientes.

El puercoespín crestado está descrito como “Estrictamente nocturno…se refugian en cuevas o grietas entre las rocas o madrigueras que excavan ellos mismos”. ¡Qué bueno que los estamos viendo de día! ¡Y qué bueno que viven en un terreno sin cuevas ni donde puedan escarbar por sí mismos. ¿Como no van a estar respirando tan agitadamente?

Después no encontré un serpentario, sino un herpentario. Ya busqué y oficialmente existe el “Herpetario” que contiene reptiles. Este lugar no es tan oscuro como recuerdo que antes era…quizás nunca lo fue. Tienen muchas serpientes que no son venenosas (Cara triste), pero hay unas que sí y que tienen “Veneno necrosante”. Ya vine y busqué. Necrosar significa “producir necrosis“…y, sí, seguí buscando. Necrosis es la degeneración de un tejido por muerte de sus células.

Gracias, zoológico. Me has enseñado y me obligaste a venir a refrescar mi memoria de cómo reptiles podían ser vivíparos. ¡El tamagás puede llegar a ser caníbal!

En el aviario había más niños tontos, pero no tantos como cerca de los monos. Un señor exclamó: “Bien aislados han dejado a aquellos animalitos”. Señor, así preferiría estar yo. Tan aislado como el gavilán pollero que es un ave “solitaria y sedentaria”, pero que ahí está en una jaula con muchos otros gavilanes, ¡Tal y como quiso Dios!

Al menos agradezco que ahora el área de comida esté lejos y así la gente no puede indigestar a estas pobres criaturas…y aún así vi a una niña estúpida dándole plantitas a los pavo reales. Y la mamá bien contenta, la muy imbécil. Y otra diciéndole a sus engendros que llamaran a la lechuza para que moviera la cara y poder tomarle una foto de frente. A ella deberían meterla en una caja, agitarla y después tenerla en exhibición.

Y con el ritmo de esas cositas a las que uno le da vueltas y cuyo nombre no recuerdo, pero cuyo sonido es la quintaesencia del zoológico, me despido; esperando que les haya gustado la alegría que transmito luego de un encuentro con la fauna…y también con los animalitos.

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