Sorpresas mexicanas

Ayer me di cuenta de que mañana cumplo 3 semanas en el Distrito Federal. Aunque aún no sé para dónde va mi vida, la experiencia me ha permitido conocer muchos lugares y comer diferentes cosas. Está bien, voy a ser honesto. No me he atrevido a comer taaaantas diferentes cosas y hoy fue el primer día en que me atreví a comer de la calle, tacos de canasta. ¡Chis! ¿Y ustedes van a curar mi diarrea después?

Sí pueden sentirse tranquilos porque he sentido las agruras y la pesadez en el estómago en ciertos momentos. ¿No están orgullosos de mí?

Entre más pasa el tiempo, menos ganas tengo de subir la infinidad de fotos que he tomado. Por lo menos me di el tiempo para hacer mis agudos y mordaces comentarios en Twitter. (Si fuera una persona pretenciosa, pondría el link; pero no lo soy).

Pero este post no se trata de eso.

Hoy quería hacerles una lista de las cosas que me han impresionado hasta el momento y que son las siguientes:

Que los vecinos de abajo puedan oír los ruidos de los vecinos de arriba y se molesten con nosotros que estamos en medio.

Que la grabación para configurar mi celular me haya pedido OFICIALMENTE que presionara la tecla “Gato”.

Que la gente haga fila automáticamente para tooooodo. Lo hacen en las escaleras eléctricas; pero el mito de que siempre dejan el lado izquierdo libre para que la gente rebase, es mentira. Eso no pasa siempre…especialmente si hablamos de parejas mostrándose afecto. También se ponen ordenaditos para subir al bus (Pesero o camión) y, si este va muy lleno y les toca subir por la puerta de atrás, la gente va pasándose el pasaje hasta que le llegue al chofer ¡¡Y ellos les mandan el vuelto!! Lo paradisíaco se pierde en la manejada. Aquí se pasan muchos semáforos en rojo y las calles diseñadas en circuito harían que me lo pensara dos veces antes de atreverme a manejar cualquier vehículo motorizado.

Varios videos seguidos de Luis Miguel aparecieron en esa pantalla

Que Timbiriche, Luis Miguel y demases sí han dejado una huella indeleble en la cultura popular de este país. Lo puede uno ver en una taberna sola o contemplando la cantidad de personas afuera del auditorio nacional que esperan al “sol”. Han dejado tanta huella que hasta los más machitos cantan esas canciones con una soltura que contrasta increíblemente con la vergüenza que a nosotros nos da admitir que también las conocemos. Los ochentas pueden avergonzar a la gente, pero la marca que han dejado es indiscutible.

Que el anillado sea “engargolado”, el laminado sea “enmicado”; que se burlen de nuestro “Parqueo” por lo agringado, pero aún así tengan “Cupcakerias” y una espantosa y pululante presencia de “Starbucks” por doquier.

Que yo todavía tenga la mentalidad de pueblito y tenga ganas de ayudarle a alguien con su(s) paquete(s) en el transporte público, pero luego recuerde que eso sería muy extraño y lo único que podría hacer es ceder mi asiento…pero eso depende de las circunstancias.

Que casi siempre que me fijo, son mujeres las que manejan el metro (Que tiene los primeros vagones dedicados exclusivamente a mujeres y niños). Por cierto, hay miles de anuncios pegados con información de cosas esotéricas por acá.

Que siempre que alguien explica su procedencia diga: “Es un Estado que está por no sé dónde…” Y yo tenga que explicar que tenemos tanta influencia de la televisión mexicana que sí nos sabemos los nombres de los Estados de su República. Y ahora mientras escribo esto, acabo de percatarme de que eso también sorprendía a los británicos de los gringos: esa especificidad al narrar su origen.

Que la propina no venga incluída en la cuenta. Eso está bien…pero el otro día mi mesera era tan mala que yo no le hubiera dejado nada. Ella me preguntó “¿Le incluyo la propina?” (en el cargo de la tarjeta). ¿Cómo le digo “No, usted fue espantosa“?

Ahora vámonos al teatro. Aún si sólo se trate del 10% de la población el que asista al teatro, estamos hablando de una población total de aproximadamente 8.8 millones. ¡Obviamente va a haber más público consumiéndolo que en El Salvador! Atrás del Auditorio Nacional está el Centro Cultural del Bosque donde hay cinco ¡¡Cinco!! salas de teatro juntas. Cada jueves los precios están a la mitad. Ese es el jueves de teatro, donde después de la tercera llamada dicen “Principiamos”.

Pero no crean que todo es maravilloso. Ya vi tres obras y SIEMPRE he encontrado lo mismo que entre el público que va a ver teatro en San Salvador: la gente no puede lidiar con obras dramáticas y se aferra a cualquier momento por pequeñamente simpático que sea para reírse, sin importar que una cosa espantosa haya pasado dos minutos antes. ¡Y hay de risas a risas! También debo decir que he aguantado actuaciones bastante superficiales, que parecen estar sólo recitando el material y, si acaso, derramando una lagrimita que ya convence a público no exigente.

Hoy después de esperar horas para entrar gratuitamente a ver una obra del festival de teatro universitario, no regresé muy contento. Pero, al menos, eso aquí me hace un “entusiasta“.

Y sólo termino contándoles que el sábado me preguntaron cómo reciben los salvadoreños a los mexicanos. Ja Ja…y yo dije que había cierta rivalidad que creía tiene que ver con el fútbol y David Faitelson. No quise hablar de la fama que tiene México entre nuestros compatriotas que se van ilegalmente buscando el sueño americano. Creo que fue lo mejor. Luego cambié el tema ¿Y ustedes qué hubieran dicho?

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¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

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