Hombres y la agresión sexual en El Salvador

No sé si tenga que ver con que no dormí bien anoche, pero hoy me desperté con este artículo en la cabeza. Hace referencia a un capítulo de “Mad Men” en donde vemos cómo un menor de edad Don Draper pierde la virginidad con una de las mujeres del burdel en el que vivía.

La autora nos hace preguntarnos si hubiéramos reaccionado con la misma indiferencia si se hubiera tratado de su hija de doce años pasando por eso con un hombre adulto. ¿Por qué la reacción es distinta?

Es interesante, como siempre, leer los comentarios. Hay gente diciendo que es distinto porque biológicamente somos distintos. Entonces el acto en sí mismo es distinto.

Otros comparten que también fueron abusados.

Lo que me llama la atención es cómo hemos sido educados respecto al tema y, por muy “de-mente-abierta” que nos sintamos, siempre hay patrones ahí que no ayudan a que avancemos como sociedad.

Un día estaba hablando con una amiga y le decía que si yo fuera mujer, probablemente sería bien quisquillosa con quien dejara entrar en mí. Y ella me preguntó que qué tenía, que no era como si el pene malvado invadiera su casa. Pero ¿No vemos así siempre el cuerpo? Con todo lo de ser el templo del espíritu santo y esas cosas quizá; pero no lo aplicamos así para nosotros mismos como hombres.

Hay estudios que reafirman por qué un hombre aborda el tema sexual de manera distinta. Otros estudios confirman que “las mujeres más preocupadas por ser socialmente aceptadas reportaron menos pensamientos sexuales“; no dice que no los tengan, sino que se ven reprimidas por el ambiente alrededor a manifestarlos.

Es decir, todos pensamos en sexo (o en relaciones sexuales coitales, para ser más propio en el lenguaje).

Siendo objetivos, nuestro cuerpo está diseñado para tener sexo por placer y no sólo para reproducirnos.

Partiendo de ese concepto teórico de igualdad es todavía increíble nuestra respuesta a escenarios distintos.

Hace ya más de diez años, estando aún en la universidad, varios amigos fueron a la playa. Yo no (y a veces me pregunto si estando ahí podría haber previsto lo que pasó).

Entre los que iban estaba el amigo del novio de una amiga y otro compañero que -al menos nosotros- sabíamos que era gay. Todos tomaron, pero este último andaba cuidando al amigo extraño, hasta el punto que otros pensaron que se conocían desde antes (Me pregunto si yo habría estado sobrio para notar esa conducta). A la hora de dormir, el uno ebrio empezó a hacerle sexo oral al otro ebrio que -con semejante sorpresa- despertó y quería golpearlo.

Al día siguiente, cuando me contaron, me quedé impresionado. El que se aprovechó del otro, obviamente fue echado del lugar. Yo dije “Si hubiera sido a una mujer, hubieran llamado a la policía“.

Yo les dije a quienes me contaron que no podíamos andar contándoselo a todo el mundo porque le íbamos a arruinar la vida a los dos. ¿Pero hubiéramos hecho lo mismo si hubiera sido hacia una mujer? Definitivamente no.

Y es que quizá como el pene es externo, sentimos que no es invasivo hacer algo con él. No sé. Estoy formulando una hipótesis.

La víctima siguió su vida como si nada, no sin haber amenazado al otro. Días después lo obligó a ir a hacerse la prueba de VIH.

Nuestra amiga favorita

Este es el punto donde alguien intolerante diría: ¿Ven? Los gays son malos y por eso no pueden casarse o criar hijos, los violarían. Pero la verdad es que, como bien dice el artículo citado al principio, cualquiera puede ser víctima y cualquiera el victimario. Hay que reconocer eso. Sólo así quizá podamos superar las nociones de que alguien tiene la culpa de sufrir una agresión sexual por estar en tal lugar, por tomar alcohol o por vestirse de tal manera.

La realidad en El Salvador es que esto es tristemente muy común. Un ex compañero en alguna ocasión me contó que su hermanastro, cuando pequeños, lo obligó a que le hiciera sexo oral. Sí, el hermanastro que ya tiene a su mujer estable en una familia aprobada socialmente. Yo me quedé callado y sin saber qué decirle. Él lo veía como algo que no era gran cosa, que había pasado ya, quizá en otra vida. No creo que alguna vez haya interiorizado que fue víctima de abuso sexual y que él no tenía la culpa en lo absoluto, era un niño.

Haciendo prácticas jurídicas también me encontré con un caso que involucraba hermanastros. Los dos eran menores de edad, pero ahí sí había uno penetrando a otro de tan sólo diez años.

Ese caso no se movía para ningún lado porque ambos eran menores. Era tan frustrante y todavía me enferma pensar en eso.

¿Cómo hacemos para abordar eso?

Primero, deberíamos asegurar que las víctimas no sintieran vergüenza jamás.

¿Imaginan si el hombre de la playa hubiera llegado a poner la denuncia contra el otro? ¿Cómo lo habrían recibido? ¿Creen que no se hubieran burlado de ambos? ¿Creen que él no hubiera sentido que se vulneraba su masculinidad? ¿Y por qué? No era su culpa.

Creo que lo segundo más importante sería hablar de sexualidad sin tapujos. En este país (y en todas partes) es tu esposo diputado el que te pega, es tu papá (u otra celebridad) quien abusa de la menor, ¡son las personas más cercanas! Y si habláramos más libremente de estos temas, podríamos ayudar mejor a las víctimas.

El otro día fui a hacerme la prueba de VIH a Profamilia. Y aún ahí sentí que todo era tan secreto, tan Uy, hablemos más bajito de estos temas. Entiendo. Es mejor abordar así el asunto por las personas tímidas o a quienes se les hace sentir mal por buscar asesoría sobre sus propios cuerpos; pero creo que deberíamos poder hablarlo normalmente. Ahí había folletos para los jóvenes sobre su cuerpo, sobre sus cambios, sobre planificación, sobre la píldora de emergencia ¡¡¡Y sobre esperarse!!! No vayan a ir a quemar el lugar con antorchas.

¿Pero llegan todos los jóvenes ahí?, me pregunto yo.

En algunos de los folletos hablan de locales donde jóvenes brindan la asesoría. Es de admirar el hacer ese trabajo. Ojalá lo hagan de buena gana.

Yo creo que también sería importante tener este tipo de información en lugares más accesibles, más inevitables, en infocentros, quizás o fácilmente descargables como aquí. Quizás algún día podamos llegar a priorizar el bienestar físico y emocional de la gente antes que nuestros propios tabús o prejuicios sociales.

Para quien interese, la página de Profamilia en El Salvador aquí.

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