La hipocresía en nuestro El Salvador

Dialogo 21Anoche, mientras pasaba los canales, me topé con “Diálogo con Ernesto López“. Estaban hablando sobre el paseo que se dio Alejandro Muyshondt armado con una AK-47 en el centro. (“Muyshondt” se pronuncia “Mason” por alguna razón). En el programa, uno de los panelistas decía que lo que le hacía falta a nuestra sociedad, es dios.

No, señor. Si hay algo que no le hace falta a esta sociedad es invocar a dios y meterlo en cada porquería que uno ni se imagina.

A nuestro país lo que le hace falta son las mismas cosas que le hacían falta cuando se desarrolló la guerra que oficialmente duró 12 años pero que venía gestándose desde los setenta. Seguimos viviendo con pobreza, exclusión y corrupción.

Tweet desacAquí hay mucha gente que se jacta de ser religiosa, pero que no ve mal las actuaciones del obispo actual y su capacidad para salirse con la suya. Son las mismas personas que cuando alguien busca ser la voz de la razón y buscar opciones moderadas,  un diálogo, saltan a la yugular y atacan a la persona, calificándola de corrupta o parte de los delincuentes. En este país se hace imposible ofrecer opciones intermedias e intentar razonar. Inmediatamente atacan tu integridad, tu familia o tu vida privada. La gente no ha aprendido a debatir sin insultar. Así es más fácil, quizá se ganan más seguidores. Después de todo, eso es lo que te valida como persona.

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¿Cómo no íbamos a estar como estamos?

Esto ha ido desarrollándose por años. Lo que pasa hoy es que nos incomoda más a medida que se acercan las elecciones y que los problemas van subiendo de zonas. Ya no se quedan en Mejicanos o Soyapango. En el momento en que, como clase media, me siento vulnerado, cuando ya estoy tomando mi cerveza en un bar y me asaltan, me doy cuenta de que se reventó la burbujita. El problema con el que otros lidiaban, ahora es mi problema también. Ahora es cuando “estamos cagados”. Antes era problema de alguien más.

Ahora se necesita solucionar de inmediato algo que ha venido desarrollándose por años cuando campañas de manos duras sólo nos impregnaron más de la mentalidad ellos vs. nosotros.

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Ahora la gente va por ahí saca su mentalidad de antiguo Testamento pidiendo un “ojo por ojo”. ¿Cómo no? Eso nos ha resultado tan bien históricamente. ¿Como no solucionar todo dándole armas a una población enojada? ¿Qué podría salir mal?

Tweet yo soy

Estamos hablando de El Salvador, donde la población ha crecido con la noción de que aquí hay impunidad: si tenés dinero, podés salirte con la tuya. Así es como la gente dejó de confiar en las instituciones del Estado y dejó de hacer presión sobre aquellos a quienes les paga sus salarios a través de los impuestos. La gente aprende así a preocuparse por otras cosas: amaños de fútbol (El fútbol es más importante que exigir el derecho al agua), la nota roja, el último modelo de celular, los memes, ponerle luces y parlantes molestos a sus carros para hacer carreras. Mientras mis necesidades de evasión estén satisfechas, nada más importa.

¿Le suena familiar? ¿Es algo que usted ha pensado? Ahora trate de acordarse cómo era de adolescente. ¿Pensaba mucho en su futuro? ¿En su récord crediticio? ¿En su salud? ¿En su jubilación? 

¿No?

Ahora imagínese que hubiera sido un joven creciendo en un barrio controlado por la delincuencia. Sus padres nunca están porque andan buscando cómo sobrevivir el día a día, su casa es una miseria, enfrente ve una residencial cerrada con portones de donde salen camionetas último modelo y usted apenas tiene qué comer. Luego se acercan un par de jóvenes mayores y le enseñan sus relojes, sus ropas y le presentan un mundo donde puede satisfacer lo que necesita ahora. ¿Cómo cree que se desarrolle la historia? (Ni pensar en si fuera una jovencita).

Si la gente tuviera sus necesidades básicas aseguradas, si hubiera una buena educación, si se pudiera confiar en las instituciones de gobierno y de verdad sentirse protegido por un Estado de Derecho, las cosas serían distintas. Otra sociedad podría crearse. Lamentablemente los intereses empresariales son los que ganan aquí.

El día en que aprendamos a valorar a todas las salvadoreñas y salvadoreños como iguales, como gente con derechos que deben respetarse y protegerse; cuando aprendamos a callarnos un rato y escuchar la posición de la parte contraria antes de responder; cuando nos obliguemos a entender a alguien a quien creemos distinto y nos demos cuenta de que se trata de otro ser humano, ese día las cosas van a poder cambiar. Es bien sencillo y a la vez es tan complicado. No hay nada más difícil que aceptar los errores de uno mismo.

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