El lenguaje corporal

Recientemente llegó a mis manos el libro “Body Language” de Julius Fast que pueden descargar en español aquí. El libro es del 71 y uno puede encontrar en él cierto tono sexista, desfasado o incluso algunas cosas un poco racistas; pero no deja de tratar un tema interesante en nuestro saber colectivo. Como ya lo he hecho antes, les comparto algunas frases (traducidas libremente por mí), esperando que nadie me persiga por violación de derechos de autor.

Mucho de lo que el doctor Kinzel llama la rápida espiral de violencia entre grupos de ghettos “sobrepoblados” y la policía puede deberse a la pobre compresión por parte de la policía de la santidad del espacio corporal. El estudio del dr. Kinzel parece indicar que apenas empezamos a comprender los orígenes de las explosiones de violencia entre seres humanos, cómo detectarlos y manejar tales arrebatos que raramente ocurren en el reino animal, donde existe un entendimiento tácito de las necesidades territoriales hasta que el hombre interfiere.

El Dr. Kinzel llevó a cabo en la prisión un experimento con quince presos voluntarios. Ocho tenían antecedentes de violencia y siete no los tenían. Se les pidió que se quedaran de pie en medio de una sala vacía mientras el «experimentador» se les acercaba despacio. Cada uno debía decir «¡Pare!» cuando el experimentador se acercara demasiado. Después de repetir diversas veces la experiencia, quedó comprobado que cada hombre tenía una zona corporal definida, un territorio o burbuja, un espacio personal que el Dr. Kinzel denominó «zona corporal amortiguadora». «El grupo violento», dijo el Dr. Kinzel, «mantuvo al experimentador al doble de la distancia que los no violentos». Las «zonas amortiguadoras» eran cuatro veces mayores en volumen que las zonas de los no violentos. Cuando alguien se acercaba mucho a uno de esos hombres, se resistían como si el intruso «se fuera alzando» o «precipitando». Durante este experimento se indujo en los hombres violentos el mismo sentimiento que habían experimentado cuando habían asaltado a otros presos por «haberse metido» con ellos. Estos hombres, concluyó el Dr. Kinzel, entraban en pánico cuando alguien penetraba en sus zonas corporales, más extensas que lo normal. Este pánico y la violencia resultante ocurrían a una distancia que otra gente hubiese considerado normal.

Esa defensa del espacio personal, de acuerdo al Dr. Sommers, incluye el uso de apropiadas señales de lenguaje corporal o gestos y posturas así como una selección de posición. ¿Cómo se sienta usted en una mesa vacía cuando desea disuadir a otras personas de acompañarlo? ¿Qué lenguaje corporal usa? Un estudio de Sommers realizado entre estudiantes universitarios mostró que al querer privacidad en esta situación se usaban dos procedimientos. Un medio de buscar privacidad es colocarse lo más lejos posible de otras personas distractoras; o, por otro lado, intentar conservar la privacidad manteniendo la mesa completa para uno solo.

Si busca el aislamiento replegándose frente a los demás, está enfrentando el problema desde el punto de vista de la evasión. Usted toma una posición de retirada, generalmente ubicándose en la esquina de la mesa. En lenguaje corporal usted dice: «Comparta mi mesa si lo desea, pero déjeme solo. Yo me estoy ubicando en este rincón para que la próxima persona que se acerque se siente tan lejos de mí como sea posible».

La otra manera de encarar el problema sería intentar quedarse con toda la mesa para usted. Es una actitud ofensiva y la persona agresiva que la elige se sentaría en el centro. Dice: «Déjeme solo. Usted no puede sentarse aquí sin molestarme, ¡busque otra mesa!» Entre las otras observaciones del Dr. Sommer se hallan las siguientes: los estudiantes en retirada, que desean quedar tan lejos de los otros como se pueda, se sentarán de espalda a la puerta. Los que quieren acaparar la mesa entera, que están en posición defensiva, se pondrán de frente a la puerta. La mayor parte, tanto en retirada o en la defensiva, prefieren el fondo de la sala, y la mayoría prefiere las mesas pequeñas o pegadas a la pared. En lenguaje corporal, los estudiantes que se sentaron abiertamente en el centro de la mesa estaban afirmando su dominio, su habilidad para controlar la situación y también su deseo de tener la mesa para sí solo. 

Una persona no-persona

Los niños, en nuestra sociedad, son tratados como no-personas frecuentemente, y así también los sirvientes. Sentimos, quizá conscientemente, quizá inconscientemente, que frente a ellos no se necesita ninguna máscara. No nos preocupamos por herir los sentimientos de una no-persona. ¿Qué sentimientos puede tener?

En un restaurante entra un par de mujeres obviamente adineradas. En este restaurante repleto hablaban con voces tan fuertes que se escuchaban por todos lados. Aún así su plática era privada e íntima. El vergonzoso resultado para el resto de los comensales fue que para mantener una ilusión de privacidad todos tuvimos que fingir no escucharlas o actuar y hablar con una intensidad tal que bloqueara a las aristócratas.

En lenguaje corporal estas dos mujeres decían: “Ustedes no son de importancia para nosotras. Ustedes no son en lo absoluto gente de verdad. Son no-personas. Lo único que importa es lo que nosotras queremos hacer y, por eso, no avergonzamos a nadie”.

Si nos permitiéramos, por ejemplo, quitarnos la máscara y ver a un limosnero como un individuo, no sólo tendríamos que lidiar con nuestra propia conciencia…

La máscara que paraliza

Antes de que se les enseñe a los niños las inhibiciones sociales, ellos exploran el mundo a través del tacto. Ellos tocan a sus padres y suben a sus brazos, se tocan a sí mismos, encuentran alegría en sus genitales, seguridad en la textura de sus cobijas, emoción al sentir cosas frías, calientes, suaves o rasposas.

Pero, a medida que el niño crece, su conciencia a través del tacto es restringida. El mundo táctil se reduce. Aprende a crear escudos, toma conciencia de sus necesidades territoriales según su cultura y descubre que “enmascararse” puede alejarlo de ser dañado aunque también puede evitar que viva emociones directas. Aprende que lo que pierde en expresión, lo gana en protección.

Desafortunadamente, al llegar a la adultez, las máscaras suelen endurecerse y pasar de medios de protección a medios paralizantes. El adulto puede encontrar que si bien la máscara le ayuda a mantener su privacidad y prevenir cualquier relación indeseada, también se convierte en algo limitante y restringe tanto las relaciones que desea como las que no desea.

Pero incluso si no podemos conectar en una manera verbal, podemos desarrollar mecanismos no-verbales para conectar con otros. El lenguaje hablado puede convertirse en una máscara en sí misma y ensombrecer y confundir una relación. Si lo quitamos y dejamos el lenguaje corporal como único medio de comunicación la verdad sale a la luz de alguna manera.

Conservando el prestigio

El pervertido en el metro que intenta acariciar o tocar a una mujer entre la multitud depende del miedo e inseguridad de ella para mantenerla callada…su miedo a perder el prestigio puede disuadirla de protestar. Aguanta el inconveniente del manoseo de un pervertido o su exhibicionismo para no llamar la atención hacia sí misma. 

Esta es la reacción deseada por muchos pervertidos que encuentran satisfacción al exhibirse y cuentan con la turbación y vergüenza de sus víctimas. Si la víctima reaccionara riéndose o mostrando una señal de burla, o incluso confrontándolo agresivamente, sería una experiencia devastadora para el desviado.

Miradas

Con el manejo de nuestra mirada podemos quebrar a una persona. ¿Cómo? Dándole un estatus de humano o no-humano.

En nuestra sociedad, no nos quedamos viendo fijamente a otro ser humano. Eso se reserva para un no-persona. Fijamos nuestra mirada en arte, esculturas, paisajes o en los animales del zoológico.

Cuando encontramos a una persona famosa usamos la técnica de mirar-y-voltear. Queremos dar a entender que respetamos su privacidad, que no la miraríamos fijamente. Lo mismo pasa con los paralíticos o incapacitados físicamente. Los vemos brevemente antes de mirar a otro lado. Es la técnica que usamos para no avergonzarnos. Cuando vemos una pareja inter-racial usamos esta técnica. Podemos usarla cuando vemos a un hombre con una barba inusual, con cabello extra largo, con ropas estrafalarias o a una mujer con una diminuta minifalda.

Lo contrario también es cierto. Si la persona desaprueba el cabello largo, los vestidos cortos o las barbas va a quedarse viendo por más tiempo de lo aceptable.

Otra regla de la mirada es que si nos damos cuenta de que alguien nos mira fijamente, es deber de esta otra persona desviar la mirada primero. Si no lo hace cuando nosotros lo vemos, nos sentimos incómodos y sentimos que algo va mal. Nos sentimos a disgusto y avergonzados.

El dr. Nielson descubrió que cuando las personas empiezan una conversación, ven otra cosa al inicio y luego se enfocan en su interlocutor. Hay una cadencia sutil al hablar, escuchar, mirar y dejar de ver, explica. La mayoría ve hacia otro lado ya sea inmediatamente antes de empezar o después de iniciar uno de cada cuatro discursos. Cuando terminan, la mitad mira directamente a sus interlocutores. 

El dr. Exline descubrió que cuando a un grupo de estudiantes se le preguntaba temas personales, ellos no miraban al entrevistador tan frecuentemente como lo hacían cuando se les preguntaba sobre sus intereses recreacionales. Las mujeres, sin embargo, miraban a los entrevistadores más frecuentemente de lo que los hombres lo hacían.

El alfabeto del movimiento

Crucen sus brazos sin pensarlo. Algunos de ustedes pondrán su brazo izquierdo afuera, otros el derecho; pero lo más importante es que siempre los cruzarán de la misma manera. Cruzarlos al revés se “siente raro”. Esto se debe a que la manera en que los cruzamos es un rasgo genético, un atributo innato; de la misma manera en que usar la mano izquierda o la derecha para escribir es genético. Cruzar las manos y entrelazar los dedos también es genético. ¿Cuál queda encima, su pulgar derecho o el izquierdo?

Los estudios más serios sobre el lenguaje corporal se ocupan de las emociones transmitidas por el movimiento más que de la naturaleza innata de la persona transmitiendo tal mensaje. 

Tal vez rascarse la nariz sea un indicio de estar en desacuerdo, pero también puede ser una indicación de una nariz que pica. Ahí radica el problema de la kinésica: en separar gestos insignificantes de los insignificantes, los significativos de los aleatorios o de aquellos que han sido aprendidos con atención.

Un hecho interesante es que cuando una persona bilingüe cambia su lenguaje, también cambia su lenguaje corporal, sus gestos y el movimiento de sus párpados.

La diferencia entre madurez e inmadurez frecuentemente está telegrafiada por el lenguaje corporal. Demasiados movimientos sin significado son inmaduros. Una persona madura se mueve cuando tiene que hacerlo y con un propósito.

En un estudio hecho entre personas sordas, ellas vieron películas con diferentes situaciones: Hablar y mover las manos o jugar con un anillo y moverse continuamente fueron gestos interpretados como nervios, vergüenza y ansiedad. Cuando de repente se bajaban los ojos y el rostro, cuando la persona retraía su expresión o cuando sus rasgos colapsaban se interpretó como culpa. Un movimiento de retracción, como “escondiéndose”, se interpretó como depresión.

Al hablar sobre la distancia personal: El profesor Stanley E. Jones dijo que los latinoamericanos se paran más cerca cuando hablan que los chinos o los negros; los árabes se paran incluso más cerca.

Luego dijo: “Cuando empecé a estudiar patrones de comportamiento de las subculturas viviendo en el llamado crisol de Nueva York, esperaba encontrar que mantendrían sus diferencias. Por el contrario, me encontré con la sorpresa de descubrir que la pobreza los condicionaba a comportarse con una similitud extraordinaria. En áreas sobrepobladas con pobres condiciones de vivienda, el profesor encontró que virtualmente todos, independientemente de su origen étnico, se paran con un pie de distancia entre sí.

A mí me parece importante estos datos para analizar cómo vive la mayoría de la población salvadoreña y preguntarse cómo se relaciona esto con nuestra violencia.

Recuerden que pueden descargar el documento si se quedaron con ganas de saber más o si quieren leer sobre el lenguaje del amor y cómo leer si alguien está interesad@ o no. En mi opinión, esa es la peor parte del libro.

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