Mad Men: 4×07 / 5×11

Esta entrada es para gente que está al día con la serie. Obviamente contiene spoilers.

Muchas veces he pensado que los fanáticos de “Mad Men” pueden ser un poco obsesivos y analizar cada detalle de la serie como si fueran los partícipes de “Room 237“. Sin embargo, como poseedor de las cuatro primeras temporadas en DVD pude darme el gusto de ver nuevamente “The Suitcase” y luego el capítulo descargado vía torrent (Sí, lo hice), “The Other Woman“, dos de los mejores de la serie.

Necesitaba mi dosis de Peggy.

Estaba pensando en el episodio en que su hermana le dice que por lo menos debería ir a ver el niño en la cuna. Nadie lo diría en ese tono si solamente se refiriera a que debería echarle un vistazo al sobrino. Se trataba de su hijo siendo criado por su hermana, pero luego Matthew Weiner cambió de opinión con esa trama y no voy a creer nunca lo contrario. Muchas veces he leído que lo que critican de Weiner es que esté tan enamorado del personaje de Don, temiendo que no pueda darle el curso natural a la historia de alguien como él.

Yo creo que sí puede porque es capaz de darnos capítulos que se conectan entre sí y pueden leerse de varias maneras. Obviamente regresa a ellos antes de seguir y tomará en cuenta lo ya dicho para llegar al final.

Pero vamos a lo que me interesa: explayarme y aburrirlos con mi revisión de los dos capítulos ya mencionados de la cuarta y quinta temporada.

Supongo que tiene sentido que lo más memorable de The Suitcase sea la frase “That’s what the money is for“. Aún así no puedo creer que haya podido olvidar que las grabaciones de Roger Sterling nos dejan saber que (a) Bert Cooper sufrió una orquiectomía; y (b) Que tuvo una aventura con Ida Blankenship. Tampoco sé cómo pude olvidar que un ebrio Duck intentó hacer pupú en el asiento de Don, aunque en realidad estaba en la oficina de Roger.

Un lugar emblemático de este capítulo es el baño. Es ahí donde la aún secretaria Megan felicita a Peggy por su cumpleaños 26 y le dice que lo ha hecho muy bien. Luego la relevan las felicitaciones de Trudy y su cierre, “26 todavía es muy joven“. ¡Las prioridades de los sesenta! Es también el lugar a donde Peggy va a llorar y más tarde el lugar a donde lleva al ebrio Don para vomitar: por primera vez en el baño de hombres viendo los mingitorios y frases como “For a good time call…

Además, siempre es divertido ver la cara de Pete al ver salir a Peggy y a Trudy juntas del baño.

En este capítulo, Peggy pasa mucho rato debatiéndose ante la posibilidad de irse: su novio está esperándola para celebrar su cumpleaños y darle la sorpresa que nunca ha recibido antes. Se sube al elevador, cambia de opinión y regresa (You won, le dice a Don). Lo llama múltiples veces antes de que él se canse y rompa con ella. Cuando Duck más adelante aparece, él le dice que se vayan juntos. Sin embargo, ella siempre regresa con Don.

Después de todo, logran crear una campaña para la maleta basándose en el combate de Cassius Clay y Sonny Liston.

Don pone su mano sobre la de Peggy en "The Suitcase"

Don pone su mano sobre la de Peggy en “The Suitcase”

Todo es paz.

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Pero sabemos que eso no dura. Peggy nunca recibe las “gracias“, el reconocimiento que tanto espera. Esto se hace (incluso) más evidente en “The other Woman“. Peggy le dice a Don que ya cumplió con sus obligaciones y aún así no se le incluye en el trabajo de “Jaguar“, donde el almuerzo de los empleados es langosta.

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Lo fascinante de la serie es que en esa época y en la mentalidad de los involucrados, todas estas cosas tienen lógica: Trudy no está siendo cruel cuando le da ánimos, ella cree que la meta es casarse joven; Pete está buscando su conveniencia y luego la de la firma cuando ya es socio (por su propio bienestar futuro, por supuesto) y Don simplemente se ve a sí mismo como el centro del universo que sólo cuestiona sus acciones en momentos de tensión. En estos capítulos estos momentos son la muerte de Anna (“The only person in the world who really knew me“, dice Don. “That’s not true“, dice Peggy) y la venta de Joan. “You’re a good one, aren’t you?”, le dice ella a Don, que antes acaba de prohibirle a Megan que se vaya de la ciudad siguiendo su sueño de ser actriz y que antes también le tiró el dinero en la cara a Peggy para que se fuera a París. Sólo se es bueno con la cosa bonita, no con el “Buick que está en la casa”.

Hay un paralelismo entre Don y Peggy. Peggy se desquita con su novio en The Suitcase por haber incluído a su familia en la romántica cena de cumpleaños, “No me conoce“, dice; pero en realidad está frustrada con Don, con que su trabajo no lo satisfaga y, peor aún, por haber usado su trabajo para ganarse un clío. En The Other Woman, él se desquita con ella cuando en realidad le molesta la oferta que pesa sobre la cabeza de Joan.

Pero aquí hay un cambio. Después de la discusión en The Suitcase, Peggy se va a llorar al baño. Después de que le tiran el dinero a la cara, se va a su oficina.

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“No estoy llorando”, le dice a Ken, antes de hacerlo poner los pies en la tierra. No hay una fantasía que haga que esa situación cambie. Durante la comida, se dará cuenta de que es ella misma quien tiene que hacer algo al respecto.

Y así recibe la oferta que incluye no sólo un buen salario, sino un título.

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Ya no hay cifra que la retenga en Sterling, Cooper, Draper, Pryce.

Y finalmente Peggy cruza las puertas del elevador.

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