Mi regalo navideño

Este es un post superficial con hashtag “First World Problems”, así que siéntase libre de usarlo en mi contra cuando me las esté dando de profundo y analista crítico de la realidad salvadoreña.

Después de regalarte la vida, supongo que las mamás se cansan de darte cosas. Mi madre se dio por vencida y me regaló dinero para que me comprara una camisa.

Así que ahí voy al centro comercial con una casa adentro y empiezo a buscarme una camisa que me guste aunque sea más cara de lo que normalmente yo encontraría aceptable porque era su regalo para mí. No sé por qué insisto en entrar a Zara y Bershka donde siempre encuentro este tipo de ropa:

Sí, quiero esto para el invierno salvadoreño…¿O tendrá algo más femenino y/o andrógino para el verano?

Antes Pull & Bear tenía cosas interesantes, ahora siempre encontrás ese tipo de ropas hechas para el hombre anoréxico que anhelas ser: la indispensable y genérica camisa cuadriculada manga larga o los cuellos desgastados y los respectivos shorts o pantalones apretados.

Para colmo, en el blog de la imagen dice que es moda del verano 2013. Ya no la podré usar después del 31.

En los otros almacenes encontraba ropa cara con su marca visible por todos lados. ¿Por qué querría pagar de más para hacerle publicidad a esas estúpidas compañías? Como se nota lo aspiracional del asunto. ¿La gente me juzgará mejor si ando con mis colores azul, rojo y blanco o con mi caballito o mi barquito visible?

Luego entré al almacén de los rombos, donde comprobé que estoy demasiado viejo para la moda juvenil y soy demasiado inmaduro para la ropa de adulto. Me decidí a comprarme…..¡¡Un paquete de genéricas camisas blancas!! Y me fui a la caja de los trajes porque era la menos llena. Ahí estaba un par de padres y, sentadas en el suelo, sus hijas. (Ojalá no todas sean sus hijas porque eran cuatro engendros). Una dijo que qué aburrido era ese departamento: todos tienen música, menos ese. ¡Gracias a Dios!, pensé yo. Una dijo que qué serios eran los señores (Al menos no será una Lolita). El orgulloso (e imbécil) padre les dijo entonces que cantaran ellas. Y así empezaron con una pretenciosa canción en inglés. No la conozco, me dije yo. Hasta que llegaron a “Baby, baby, baby, oh“. Es imposible no saber que existe esa bazofia, como imposible me fue evitar hacer mi cara de desesperación que ellas notaron e ignoraron. Una dijo algo como “El señor ya no aguanta”….¡¡¿El señor?!! Niña estúpida. Todavía soy un agradable y lozano jovenzuelo.

Al menos en la tienda donde compré la bolsita del regalo para una amiga ya cercana a los cuarenta, la cajera me preguntó si yo era artista de cine. Me reí y le dije que sí. ¡Ja!

¿Y como terminó todo? En el lugar donde venden cosas de casa me compré incienso de opio porque YOLO y además le compré el regalo anticipado de cumpleaños a mi madre. Yo sí me sé qué le vendría bien y qué le gustaría. Yo sí hago uso de la conexión que sólo la placenta puede dar.

Pero sí. En este país es difícil encontrar algo que me vaya a bien a mí porque soy alto y tengo panza. Sí. Tengo panza y aparte sudo mucho y no puedo ocupar colores que dejen ver mis marcas de sudor. ¡Ah! Qué bueno que comprando uno produce serotonina, es feliz y deja de pensar en los problemas del mundo.

¿Cómo hago para que no se note el sudor en mi camisa cocida por huérfanos camboyanos?

Feliz lo que sea que usted celebre en estas épocas de consumismo.

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