Trópico de Seinfeld

Decidí que mi post número 680 fuera trascendental.

Mentira.

No lo decidí. Fue coincidencia.

Después de que hace más de dos años estuviera leyendo “Trópico de Capricornio” y me comprara “Trópico de Cáncer”, finalmente estoy leyéndolo hoy. Es igualmente inconexo, pero tiene partes más divertidas que me hacen comprender por qué habría de haber marcado las vidas de Larry David y Jerry Seinfeld.

In the 1991 Seinfeld episode “The Library“, Jerry is accused of never returning a copy of the book to the public library after borrowing it many years before, during high school, in 1971” (FUENTE)

Quería compartirles los dos fragmentos que ilustran mi reflexión:

(En la Salle Gaveau) “En la galería de enfrente de la mía, en la primera fila, está sentada una mujer con las piernas muy abiertas; parece como si tuviera el tétano, con el cuello echado hacia atrás y dislocado. La mujer del sombrero rojo que está dormitando sobre la barandilla…¡qué maravilloso sería que tuviera una hemorragia! Que de repente arrojase un cubo de sangre sobre los cuellos duros de abajo. ¡Imaginaos a esas nulidades volviendo del concierto a casa con las pecheras manchadas de sangre!“;

y su amigo Carl le cuenta sobre su cita con una mujer:

Ya veo que preferirías casarte con una tía rica. Sólo piensas en la comida (…) Yo pienso en todo. Pienso en los trajes que escogería y en los lugares a los que me gustaría ir, pero también pienso en lo otro. Eso es lo importante. ¿De qué te sirven las corbatas de fantasía y los trajes elegantes, si no puedes tener una erección nunca más? Ni siqueira podrías pegársela…porque la tendrías todo el tiempo en los talones. No, lo mejor sería casarte con ella y después contraer una enfermedad al instante. Pero que no fuera la sífilis. El cólera, pongamos por caso, o la fiebre amarilla. De modo que, si se produjera un milagro y salvases la vida, no tendrías que preocuparte de follarla nunca más, y tampoco tendrías que preocuparte del alquiler. Probablemente, ella te compraría una buena silla de ruedas con cubiertas de goma y toda clase de palancas y qué sé yo. Tal vez pudieras incluso usar las manos…quiero decir lo suficiente para poder escribir. O podrías tener una secretaria, si vamos a eso (…) Simplemente con que pudiera uno estar seguro de que, al ir a la guerra, sólo perdería las piernas… si pudiese uno estar seguro de eso, por mí que estallara una guerra mañana. Me importarían tres cojones las medallas… podrían guardarse las medallas. Lo único que desearía sería una silla de ruedas y tres comidas al día…

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