La iglesia, Evangelina y la libertad de expresión

¿Se acuerdan de que si ganaba el FMLN ya no podríamos vivir en libertad?

Pues aquí está una muestra de la pseudo-libertad secular en la que vivimos:

Después de escribir una respuesta sobre lo que iba a suceder con Jesucristo si ganaba el FMLN en El Salvador a Evangelina del Pilar de Sol, la cual fue muy bien recibida por una gran parte de lectores y a los cuales agradezco, recibí el llamado de dos hermanas de mi comunidad. Ellas solamente querían hablar sobre mis “posturas”, específicamente sobre el aborto y el matrimonio igualitario.

Sobre el primer tema, el aborto terapéutico, dije que debía de conversarse, dialogarse, a lo que ellas me respondieron: “Pero si se dialoga es porque se está a favor”… a lo que, en mi mente, pensé: “¿Acaso no saben que el Papa Francisco en su cuestionario de la iglesia católica preguntó sobre la uniones del mismo sexo? ¿Entonces el Papa Francisco avala totalmente dichas uniones solo por abrirse al diálogo?”. Al final, terminó en una pequeña discusión amistosa de 15 minutos en donde nadie convenció a nadie.

En cuanto al segundo tópico, el matrimonio igualitario, me preguntaron qué pensaba, dije sin titubear y de manera firme, que estaba totalmente a favor de las uniones de personas del mismo sexo, con un reconocimiento jurídico pleno, llamándole a tales instituciones matrimonio. Ante personas iguales, tratos iguales. A su vez, ellas me mencionaron versículos que condenaban a personas del mismo sexo que tenía relaciones sexuales entre sí. Yo respondí que lo más importante, según primera de corintios capítulo trece, versículo trece, es el Amor. Respondí que Jesús dijo “les dejo un nuevo mandamiento: ámense los uno a los otros como yo los he amado”.

Al terminar de exponer mis posturas, quedando ellas un poco sorprendidas, me mandaron a hablar una semana después con el sacerdote de la comunidad. Este me dijo, en un lapso de cinco minutos por exagerar  -lapso durante el cual yo guardé total silencio por convicción propia-, que no podía seguir asistiendo a los grupos de oración y a los de crecimiento, en donde llevaba un aproximado de tres años asistiendo (16 años de estar en la comunidad -tengo 20-). Al salir de dicha “reunión” me fui a hablar con un amigo, un amigo sacerdote.

Antes de hablar con el sacerdote que me prohibió llegar decidí hablar con un buen amigo, otro sacerdote. Este me aconsejó guardar silencio o defenderme. Este me dijo que Dios estaba conmigo, que siempre podía asistir a otra iglesia y no me desanimara. Al final, fue con este sacerdote amigo donde fui para terminar de contar cómo se desenlazó la historia. Así, terminé y comencé un nuevo ciclo.


(LEA EL ARTICULO COMPLETO AQUI)

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