El teatro de Lorca

En cuanto a La Barraca, las descalificaciones habían llovido después de la victoria de las derechas en las urnas del otoño de 1933, y finalmente el gobierno conservador había cortado la subvención, declarando Lorca entonces:

Cuando ya no tengamos trajes ni decorados, representaremos con nuestros monos el teatro clásico. Y si no nos dejan levantar el tabladillo, representaremos en plena calle, en las plazuelas de los pueblos, donde sea… Y si tampoco nos dejasen así, representaremos en cuevas y haremos teatro oculto.

Durante estos años Lorca ataca una y otra vez a la burguesía española, “frívola y materializada”, atribuyéndole el hundimiento del teatro español y abogando por un teatro abierto a todos:

Yo arrancaría de los teatros las plateas y los palcos y traería abajo el gallinero. En el teatro hay que dar entrada al público de alpargatas. “¿Trae usted, señora, un bonito traje de seda? Pues, ¡afuera!” El público con camisa de esparto, frente a Hamlet, frente a las obras de Esquilo, frente a todo lo grande.

 

Tomado de “Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser” de Ian Gibson.

 

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