Las ventajas de ser Flores

Las ventajas de ser Flores

Es bonito tener dinero e influencias en El Salvador. Así, tus Derechos Humanos sí importan. Si tenés una trombosis, el director de Medicina Legal se preocupa por vos y dice que “no es necesario estar martirizándo(te)“. Es cierto. No es necesario.

El problema en El Salvador es la maleabilidad del término “martirizar“. Determinar quién es digno de tal consideración también es debatible. Si sos una mujer embarazada de un niño sin cerebro y sin posibilidad de vivir, tenés que llevar la criatura en tu vientre lo más que podás. Eso no califica como martirio, es la bondad de una madre en su máxima expresión como Dios querría. ¿Quién no querría tener un cadáver en su interior?

Si sos un ex presidente, los hospitales públicos no son opción viable para vos y, por tu condición de salud, te dejarán tener una máquina para hacer ejercicio en tu celda (consideraron que ya había trotado suficiente en Panamá). Digame usted. ¿Es Francisco Flores la única persona privada de libertad que tiene problemas de salud? ¿Qué hace que su salud sea más importante que la de otros en sus mismas condiciones?

Ahí es donde la cuestión de los Derechos Humanos viene a ser importante. Los Derechos que tanto se le niegan a “esos”, “los indeseables”, vienen a ser la garantía de que a uno no le vaya mal cuando las circunstancias den vuelta.

Si aquí estuviera asegurado el Derecho a una salud de calidad, él iría como el resto de reos al Hospital Rosales. Quizá tiene miedo de tener que aguantarse la huelga o de que solo le receten Ibuprofeno. Ahí es cuando ha de decir “Ojalá hubiera tenido buenos ministros de salud que se preocuparan por esto”.

No dudo que Flores esté mal de salud. Rodrigo Samayoa también se enfermó durante el proceso que había en su contra por violencia intrafamiliar. Suerte para él que estaba en Estados Unidos y se alivió justo a tiempo para regresar, volverse diputado independiente y reclamar sus salarios retenidos. Dios obra de maneras misteriosas.

Mi cierre sería una invitación a que usted, amiga o amigo lector, se pregunte lo siguiente: ¿Si yo voy a la cárcel y aún no estoy condenado, se preocuparían por mi salud? ¿Si usted matara a alguien en legítima defensa cree que las cosas girarían a su favor? ¿O cree que esto solo funciona en casos excepcionales?

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