La calle a San Antonio Abad

Después de que el pasado jueves la Corte Interamericana de Derechos Humanos le notificara al Estado Salvadoreño que era condenado por la desaparición forzada de José Adrián Rochac Hernández, Santos Ernesto Salinas, Emelinda Lorena Hernández, Manuel Antonio Bonilla y Ricardo Abarca Ayala, sucedidas entre 1980 y 1982 durante el conflicto armado y que advirtiera que −habiendo transcurrido más de 30 años de iniciada la ejecución de los hechos y 12 años de iniciada la primera investigación − los procesos penales continúan en sus primeras etapas, sin que se haya individualizado, procesado y, eventualmente, sancionado a ninguno de los responsables, sobrepasando excesivamente el plazo que puede considerarse razonable para estos efectos y considerando, además, que el Estado no ha llevado a cabo investigaciones serias, diligentes y exhaustivas en un plazo razonable, Norman anuncia que le quiere cambiar el nombre a la calle a San Antonio Abad por Calle Roberto D’Aubuisson.

Mario Valiente apoyó la decisión de Norman porque cree que “sin los aportes del extinto líder arenero a la democracia nunca se habría unificado la derecha y no existiera actualmente libertad de expresión“. Perdone, señor Valiente, yo conozco de un obispo a punto de ser canonizado cuya libertad de expresión no fue respetada por este señor que aparecía en las pantallas de televisión cortando una sandía para decir que los del PDC eran así: verdes por fuera y rojos por dentro.

Si a lo que usted se refiere es a que él dio la libertad de propagar el odio institucionalizadamente a través de los medios masivos de comunicación, entonces sí tiene razón y Evangelinita y el señor Altamirano se complacen y desarrollan en su obra.

El arzobispo Alas, cuya opinión es escuchada siempre en este no tan laico país y que solo es enérgica en ciertos casos y decidida solo cuando hay que destruir el patrimonio cultural, manifestó su descontento ya que “ciertamente él (D’Aubuisson) ha sido una persona que ha sido señalada sospechoso, (en el caso de Monseñor Romero);  nosotros como iglesia somos parte ofendida en el caso de Monseñor Romero, en el caso de los Jesuitas, en el caso de las religiosas, laicos y sacerdotes asesinados”.

Menos mal que Rosaura Pérez le pone el punto a la i medio dibujada por el obispo al recordar que el informe de la Comisión de la Verdad, publicado en 1993, concluye lo siguiente: “1. El exmayor Roberto d’Aubuisson Arrieta dio la orden de asesinar al arzobispo y dio instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad, actuando como “escuadrón de la muerte”, de organizar y supervisar la ejecución del asesinato”.

P.D. Podríamos hablar de las calles con nombres que otros catalogarían como infames…si la forma más sencilla de solucionar el asunto es quitándole el nombre a todas, háganlo. Es más fácil vivir en calles numeradas y encontrar así direcciones desconocidas. Lo que sí es inaceptable es esta decisión de Norman.

Anuncios

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s