Ronnie 10: Capurganá

Tras la montaña, vieron todos los puestos de vigilancia militar y, más adelante, lograron ver una playa llamada “La miel”. Era como una laguna con arena blanca donde nadie vivía. Era únicamente turístico y nadie podía pasar la noche ahí. Había solo dos puestos de licor, con música sonando. El barco se detuvo ahí y los marineros les dijeron que se tardarían una hora ahí.
Nos quitamos toda la ropa y nos bañamos en el mar solo en boxer…bien loco.

Siguieron la ruta y arribaron a Capurganá. Anderson y Ronnie fueron los últimos en bajar de la lancha. Se despidieron de los lancheros y uno de ellos les dio veinte dólares. “Tengan…por cualquier cosa”, les dijo. Era plata, eran cuarenta mil pesos en Colombia…Podíamos comprarnos las charamuscas, varias cosas; pero decidimos “no sabemos nada de este pisto nosotros. Esto hasta que salgamos de aquí o para el pasaje de aquí ocupémoslo”.

Capurganá sí era turístico y, en cuanto llegaron, fueron recibidos por personas que los iban a llevar a tal o cual hotel, dispuestos a ayudarles con las maletas, preguntándoles si querían “mota”, “coca” o “coño”.
Así de sucios como andaban se fueron a migración y, como ya se imaginarán, también encontraron la oficina cerrada. El encargado andaba almorzando. Ellos tenían hambre, así que sacaron sus víveres: las galletas militares que les regalaron las misioneras cristianas (ver Ronnie 7), una lata de puro cerdo y dos galletas saladas. Se comieron el cerdo y era pura grasa. Yo nunca, ni quiero comer otra vez puro cerdo…y como dos galletas a cada uno. Anderson andaba cargando ese cerdo, como el maje es chef, la comida le tripea.

Comida tripeando

Comida tripeando

Cuando llegó el encargado, Ronnie fue el primero en pasar. El tipo le preguntó quiénes eran y a qué iban. Él les dijo que eran estudiantes e iban por turismo. Ronnie también le dijo que hacían artesanías. El tipo, que ya había visto las clavas de algunos, le dijo “pero eso aquí es prohibido. Aquí en Colombia no vayan a hacer eso porque los vamos a deportar”. Solo les dio 2 meses para permanecer en el país.
En ese momento inició la incertidumbre.
¿Ahora qué?

Empezaron por ver dónde se iban a quedar. Visitaron unos campings y les cobraban muy caro. Se encontraron a un artesano de unos 22 años con cosas hechas con concha nácar, pero trabajadas. Las limaba con motor y hacía formas de anillos o aretes. Los ves en el sol…y brillante, pero es todo natural. Era de Cali y estaba recorriendo Colombia. Llevaba ya 3 años y no iba ni por la mitad. Tenía tres meses de estar en Capurganá. Les dijo que ahí se quedaba uno atrapado. Aunque era la temporada turística no había turistas en gran cantidad. A pesar de eso, ellos sacaron su parche con unas cuantas cosas. Este muchacho les dijo que más noche podrían hablar con otros artesanos y conseguir un lugar para quedarse.
Entre ellos estaba una pareja. El hombre andaba un diente de tigre sacado de quién sabe dónde. Les dijo que tenía un terreno donde estaba construyendo una casa y les ofreció ese espacio para que se quedaran.
El tipo hacía por sí mismo la mezcla, los bloques e iba construyendo poco a poco su casa. Estaba la estructura principal, le faltaba el techo y algunas paredes. Hubo que limpiar el patio para poner la tienda.
Lo que no sabían ellos era que él los quería ahí para que trabajaran y le ayudaran a terminar la construcción.

Esa noche se plantearon la situación. Ya habían visto a los artesanos de la zona, habían visto lo buenos que eran. Y nosotros con collarcitos, con pulseritas, maje, ni aretes, con una cajita de materiales. El otro artesano (el de Medellín) había aprendido el oficio de tallar madera y andaba una máscara hecha con un tronco del mar.  Un talento así ya iba a cumplir cuatro meses en Capurganá porque estaba tallando 100 puertas para un hotel, cobrando 50 mil pesos por cada una, según recuerda Ronnie. Pero el parche de él era una monstruosidad, con alambre, con alpacá, unas cosas tri-locas, con hilo había hecho unos bolsos. La pareja hacía reventa ¿Y ellos qué harían? Ya no había barcos. Les tocaría trabajar, ¿pero trabajar de qué?

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