La censura en la Rusia zarista

La censura, por partida doble, pues además de la oficial existía la censura eclesiástica, fue un auténtico azote para toda una pléyade de pensadores, poetas, escritores y críticos a lo largo del siglo XIX.

Catalina II, la grande

Continuando las medidas adoptadas por Catalina II para contrarrestar la “peste francesa”, es decir, las ideas de los enciclopedistas franceses que habían tenido gran divulgación en Rusia, Alejandro I promulgó en 1804 una ordenanza imponiendo la censura previa de los manuscritos. Nicolás I endureció esta ordenanza en 1826, decretando un nuevo reglamento que mereció el calificativo de “férreo”. En 1865, reinando Alejandro II, se ordenó la reforma de la censura con unas normas provisionales.

(Durante la época de Alejandro III) En el ejército se volvió a los métodos predilectos de Nicolás I: feroces castigos corporales que llegaban a provocar la muerte a batacazos, y agotadores ejercicios de instrucción.

En la enseñanza es donde más se dejó sentir la reacción. Como primer paso, se procuró sustituir las escuelas públicas que habían ido organizando los municipios (zemstvos) por escuelas parroquiales que regentaban los popes. En las escuelas municipales se trataba de dar a los niños ciertos conocimientos generales, aunque fueran rudimentarios. En las escuelas parroquiales, la disciplina casi única era la religión, impartida además en lengua eslava eclesiástica antigua, que los niños no entendían, pero que debían aprenderse de memoria. [Aquí es donde usted empieza a alegrarse por CUÁNTO han cambiado las COSAS].

Las Universidades se vieron privadas de su autonomía al promulgarse en 1884 un decreto prohibiendo a los claustros universitarios elegir a sus decanos y a sus profesores. Los mejores profesores fueron licenciados.

La enseñanza media y superior para las mujeres llegó a desaparecer casi totalmente en virtud de diversas disposiciones restrictivas. En 1858 se habían fundado los primeros liceos femeninos y, en 1872, unos cursos superiores en Moscú y otros de Medicina (comadronas) en San Petersburgo. La embestida contra estos centros fue inspirada por la zarina, quien consideraba que “el único cometido de la mujer está en la familia y la cocina”. [Aquí usted dice “¡Uf! Menos mal que aquí no hay zarinas y Rusia está bien lejos]

Dos disposiciones dictadas en 1887 son el colofón de esta política retrógrada en la enseñanza: la Circular que prohibía el ingreso en los liceos “a los hijos de cocheros, lacayos, lavanderas, pequeños tenderos, etc., quienes, exceptuando, si acaso, a los que muestran unas aptitudes excepcionales, no deben ser apartados del medio al que pertenecen”, y la cuota numérica para la admisión de judíos en centros de enseñanza media y superior, que fue una de las manifestaciones del antisemitismo de Alejandro III.

Chejov

Tomado de Chéjov, Antón. “La Gaviota, El tío Vania, Las tres hermanas, El jardín de los cerezos“. 7a edición. Ediciones Cátedra. España, 2005.

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