En la calle Sisimiles

Hoy iba caminando hacia un lugar en Los Sisimiles (ay sí, yo soy progre, green y/o eco-amigable y por eso camino) porque el carro estaba en el taller (ay sí, tengo que decir que tengo carro para validarme).

Si usted conoce esa calle, sabrá que los buses solo pasan cerca o sobre ella hasta cierto punto, como en la calle El Mirador camino a la torre futura o como cuando uno viaja a alguna de la super residenciales de The Hamptons Nuevo Cuscatlán o a cualquiera de los lugares diseñados para que no llegue ahí fácilmente la persona de a pie. Esa fue la razón por la que decidí irme caminando.

En mi ruta me encontré un carro en donde le enseñaban a manejar a una mujer. Yo seguí adelante y el carro me alcanzó yendo de retroceso. Supongo que le estaba enseñando a subir cuestas o a entender el control del freno o simplemente estaban divirtiéndose con el carrito, quizá solo hacían alguna de esas cosas que ahora nos hacen decirle arrogantemente a una persona “¡Si manejar es super fácil!”, como si no nos hubiera dado diarrea en algún momento en el que tuvimos que controlar el carro en una subida o cuando no fuimos muy duchos con la palanca de velocidades. Supongo que es como cuando uno olvida los miedos de la infancia o las inseguridades adolescentes al llegar a la adultez y considera todo eso ridículo.

Sigamos mi recorrido.

Es normal que uno encuentre a alguna vendedora de bolsas de agua en el camino y que le diga: “¡Agua!” para recordarle que existe la posibilidad de que usted tenga sed y no se haya dado cuenta y que ella tiene el producto que usted necesita y puede llevarse. Así funcionan las cosas normalmente. ¿Pero qué pasa cuando va un trío de personas cargando mesas plegables y una de ella le dice “¡Las mesitas!”? Me imaginé a mí mismo diciendo “¡Sí! Deme una. La voy a cargar a donde voy y luego me la llevaré de regreso a mi casa. Menos mal que la hallé hoy”.

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El performance que pude haber realizado

Llegué a donde iba. Que no es importante para esta historia. Lo importante es “el viaje”. (Inserte foto motivacional aquí)

Ahora vámonos de regreso.

Hoy sí me voy por toda la Sisimiles de regreso. Está haciendo calor, pero -como voy en la sombra- puedo disfrutar de cierta brisa y darme cuenta de que normalmente este sería calificado como un “buen día”. Llega a mí un olor a desinfectante porque ese es el equivalente al olor de los pinos, los abetos o las flores silvestres cuando uno vive en El Salvador. Quizá porque las endorfinas estaban haciendo efecto en mi cerebro, me encontré sonriendo y entonces me dije que, en efecto, era un buen día y que, con su olorcito artificial, era el perfecto día para que me cayera una bala perdida. (¡Qué tipo tan extraño es usted!) ¿Por qué pensé eso? Porque (A) Vivo en El Salvador; (B) Porque iba en la Sisimiles; y (C) Porque, como podrán adivinar por el icono de este blog que puede que le aparezca en su explorador (si no está viendo esto en su moderno celular), soy un fanático de “Six feet under” y esa habría sido el tipo de muerte con el que habría empezado uno de sus capítulos*.

Y ahí terminó todo. No me morí. Vine a escribir esto y a robarle su tiempo.

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“Don’t you know if you live life, then you become what you are” (La imagen motivacional que usted no sabía que necesitaba)

 

 

* O cuando atropellaron a Karen Sammler en “Once and again” después de estar pensando todas las cosas por las que debía estar contenta.

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