El Salvador impresionante

Hubo una vez en que la cabeza de la iglesia católica, Escobar Alas, logró destruir impunemente una obra de arte:

El ripio en el que se convirtieron los 2,700 azulejos del mosaico inaugurado en 1997 fue el resultado del incumplimiento de cuatro leyes de la República y varias normativas secundarias por parte de la Iglesia Católica, la alcaldía de San Salvador y la Secretaría de Cultura. En el caso de la Secultura, además, se puede decir que no era cierto lo que dijo en su primer pronunciamiento público del 30 de diciembre, cuando aseguró que el mosaico, como obra artística específica, estaba en trámite de protección. La Secretaría de Cultura nunca inició el trámite que establece el manual correspondiente de la institución.

 

Esos antecedentes pusieron a todos en alerta cuando dos días antes de inaugurar la muestra “La última cena. Alegorías pictóricas” se les informó a los organizadores que esta sería “pospuesta“.
Pueden leer un editorial de Marvin Aguilar sobre el tema aquí.

 

Yo también me solidaricé porque todo suena muy raro y, además, porque es importante que como ciudadanos le demos su lugar al arte en este país, especialmente porque no lo hacen (ni lo harán) las autoridades. Por eso asistí a la inauguración que se hizo frente al hospital Rosales, o sea, sobre el techo de la sala de exposiciones Salarrué.

 

La asistencia era variada. Mucha gente con boina, gorras o sombreritos porque el sufrimiento por el calor es mental.

 

yoko

 

Había un par de señoras encopetadas, la tía Bubu y el resto de personas que comía, bebía y saludaba a sus amigos sin ponerle mucha atención a las palabras de los organizadores.

 

Entre los asistentes también estaba el pintor Antonio Bonilla, que presentaba una de sus obras. Bonilla ya ha tenido dificultades previamente con exmilitares salvadoreños por lo vocal de su trabajo. Esta fue una de las razones por las cuales se me hizo tan extraño que, entre los presentes y como homenajeado, estuviera Dagoberto Marroquín, sí, el del PCN, el que una vez dijo que la mujer no debía andar en política, sino que debía cuidar la casa y aprender a cocinar. Supongo que cuando uno se vuelve mecenas, ya se le perdona todo y la congruencia sale sobrando.

 

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Otros invitados eran Paolo Luers, su esposa y su perro porque claro que sí. Alguien le dijo a Paolo: “Esta exposición originalmente se iba a llamar la última cena de la tregua” y no sé si fue mi impresión pero sentí que el silencio que siguió duró largos minutos. Pero yo estaba de espaldas, así que puede que me haya perdido el lenguaje corporal con que respondió inmediatamente. Sí, soy como PageSix y les traigo intimidades desde el lugar de los hechos.

 

Si no le basta, le dejo fotos que incluyen las obras mostradas. Así usted tendrá la oportunidad de verlas. También le incluyo una foto del catálogo con más flores para Dagoberto.

 

Y ahí dejé la exposición y a la gente que abandonó sus platitos desechables en la acera porque botar la basura en su lugar es muy “burgués” y los artistas están más allá de esas nimiedades.
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2 comments

  1. soysalvadoreno · abril 30, 2016

    Se le olvido decir que aunque no se bañan, hubo en ese momento, mas inteligencia, buen gusto, sabiduría e intelectualidad concentrado en unos cuantos metros cuadrados en ese instante de tiempo que seguramente a kilometros se veia un resplandor blanco inexplicable.

    • ex360 · abril 30, 2016

      ¿Quién no se baña?

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

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