El diálogo táctico

Desde hace un rato estoy leyendo el libro “De tiempos y hombres“. Me cuesta un poco por su pretenciosa redacción. Pero les comparto esto porque me pareció interesante.

Como siempre, espero que no me demanden:

El Padre Cura subió a la mula con la ayuda de los vecinos. A sus sesenta años ya le incomodaban estos ajetreos, pero ¿qué le iba a hacer? Este había sido su destino desde hacía tiempos: andar sacando de líos y abatimientos a este pueblo que lo tenía como paño de lágrimas. Cuando creía que la Patria recién nacida andaría sola, vino lo peor: la guerra de 1826, traída por el propio Presidente de la República Federal. Llevaba tres años aquella lucha fratricida. El Vice Jefe  de San Salvador, Marino Prado y el Ministro Vasconcelos lo convencieron…

– Estamos arruinados, Padre, ya no podemos defender a esta pobre ciudad; varias ciudades han defeccionado; cada día la chapinada de mejicanos nos quema las casas de las orillas. ¡Tanta mortandad! Necesitamos un respiro… Sabemos que en Honduras están pasando cosas que podrían salvarnos… Ya Juan Manuel Rodríguez fracasó en su diálogo con Arzú y Montúfar… vaya usted a Mejicanos aunque sea a pactar una tregua…

Dos feligreses y un escribano le acompañaron por la vieja calle de Mejicanos en la mañana del 12 de junio de 1828. ¡Cuántos hondos pensamientos se le revolvían mientras, sin decir palabra, se dejaba llevar por la mansa bestia en el recorrido de once cuadras hasta la finca “El Cipresal” o “Casa de Esquivel”!. Y pensar que Manuel José Arce, el amado sobrino de su corazón había desatado la tormenta…

“Pero ni con los españoles tuvimos guerra -pensaba- y ahora estrenamos nación con una cadena interminable de dolor y sangre. ¡Ah, Manuel José! ¿Por qué hiciste la guerra a tu ciudad natal?… Ya nunca serán lo mismo nuestras relaciones aunque yo te perdone de corazón.. Perdiste el cariño de tu pueblo y perdiste la Presidencia de Centro América…”

Marino de Beltranena y Llano

Mariano de Beltranena

En efecto, el General Arce depositó el mando en Beltranena para venir a guerrear contra Honduras y San Salvador. Después, cuando el prócer abandonó el combate el vice no le devolvió el cargo, y la chapinada aristocrática retomó la guerra y lanzó todas sus fuerzas contra la provincia, con ánimo de aniquilación, so pretexto de sostener una República Federal en la que no creían. Era la rendición de cuentas histórica: la vieja pugna entre la élite añilera de San Salvador y la oligarquía comercial de Guatemala. El expresidente Arce, víctima de su infortunio, vivía en Guatemala como un simple ciudadano despreciado por los conservadores y odiado por los liberales.

Seguía el Padre Cura, cavilando: “¡Cuántas veces recorrí este camino…! Años dichosos aquellos cuando iba a ver al Padre Nicolás Aguilar porque se le antojaba pasarse el año entero en Mejicanos… las primeras conspiraciones… ¡Curas metidos en política!, nos decía el Intendente… curas sediciosos y sacrílegos, nos decía Monseñor Casaus… ¡Pobre Nicolás y sus hermanos que no vieron el amanecer de 1821…! ¡Tanta lucha para llegar a esta guerra inhumana de pillaje, incendios, secuestros y asesinatos…!”.

Llegaron por fin a la “Casa de Esquivel”. El Padre Cura comprendió que había que darle largas al asunto… lo urgente era una tregua para no entregar la ciudad. Tal vez llegaba la ayuda hondureña… El Comisionado Pavón – de la más rancia aristocracia de la capital- le esperaba y le trató con decoro, sin dejar de entrever que cualquier terquedad de la ciudad rebelde contra el ejército “federal” sería castigada con la devastación .¡Las condiciones de Pavón eran humillantes! ¿Qué dirían sus paisanos? ¡Su Cura de tantos años lanzándolos al sacrificio! ¿Firmaba o no firmaba? La situación era desesperante: Santa Ana y San Miguel estaban en contra de San Salvador, haciéndole el juego a la chapinada… ¡Firmó! De todos modos Prado y Vasconcelos tendrían la última palabra y por lo menos habría unos cuantos días de paz en este infierno cotidiano… Cuando retornó, el Ministro Vasconcelos se puso rojo de ira:

– ¡No, Padre, esto es un insulto…! ¡Unir nuestro ejército con el Chapín para que nos encadenen más… entregar Sonsonate y Santa Ana a Guatemala…! Convocar a una Dieta que no figura en la Constitución… dejar volver a nuestros enemigos, sin que Guatemala reciba a sus paisanos exiliados… ¡Por Dios, Padre! ¡Mejor nos acabamos de morir peleando aunque sea con las uñas…!

– Mira, Doroteo, se trata de ganar tiempo… tú mismo hablas de la columna hondureña que viene de camino… al menos Arzú sacará soldados de Mejicanos para ir a detenerlos…

– ¿Y qué podemos esperar de un generalito a quien nadie conoce? ¡Este tratado es nuestro final, no se ratificará! Pero gracias ¿qué haríamos sin usted metido en estos líos?

**

En julio de 1828, el “generalito” que en realidad se llamaba Francisco Morazán, aniquiló al espurio “ejército federal” en la hacienda de Gualcho, allá por Estanzuelas… luego puso en cintura a San Miguel y ahora en Octubre, rescataba a San Salvador y se proponía marchar sobre Guatemala con el “Ejército Aliado Protector de la Ley”.

El Padre Cura saboreaba con fruición estos últimos hechos y se disponía a recibir al General Morazán. Con seguridad que le pediría clemencia para su querido Manuel José… Pidió a Dios para que aquella fuera la última guerra en esta afligida nación y que el de El Cipresal fuera el último agobiante diálogo de su historia. Cerca de la ventana conventual se rascaba la puntiaguda nariz y se decía para sus adentros: “Yo sabía que la tregua pactada en la calle de Mejicanos, de mucho nos serviría… o no me llamaría José Matías Delgado…”

Insurgentes

Sobre México, pero me pareció una imagen apropiada.

 

Para finalizar, quiero darles buenas noticias. En “La Ceiba” de Las Cascadas pueden encontrar “Al filo de mi pluma” de doña Evangelinita y el libro que escribió Reina de Salazar, quizá luego de una charla con ángeles. Ambos valían más de 15 dólares. Mi necesidad de chascarrillos tiene un límite, así que no compré ninguno.

 

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2 comments

    • ex360 · junio 23, 2016

      OH.MY.GOD.
      Pero yo soy pobre, sin Kindle.
      😦

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

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