Vida almodoróvica

Si usted ha visitado este blog más de una vez, ya sabrá que yo no endioso a Almodóvar. Pero es innegable que él tiene su propia estética. Con la que más se le asocia es con la kitsch de sus primeros proyectos. Es esa la que más frecuentemente uno se encuentra en este país si anda dispuesto a encontrarla y a hacer el respectivo foro de análisis.

El otro día un amigo y yo fuimos a imprimir unos materiales a un lugar. Yo olvidé apagar las luces bajas del carro y, obviamente, se me descargó la batería. Era alrededor de la una de la tarde y mi estómago que es como el de Pedro Picapiedra no podía funcionar más. Si no le ponía algo, iba a destrozar algo.

Así que fuimos a un comedor cercano, dentro de un centro comercial. Entramos por el lado de los carros y el vigilante -secamente- nos dijo que la entrada era por las gradas. Mi estómago que me dominaba en esos momentos me hizo preguntar “¿Quiere que salgamos y volvamos a entrar?”, “No, para que salgan por ahí”, nos dijo. Sí, él solo estaba haciendo su trabajo. Yo, a veces (muy raramente) cometo errores.

Entramos y comimos felizmente. Quizá iban siendo ya las dos cuando empezó a vaciarse el lugar. Las señoras que atendían empezaron con otros preparativos. Sacaron un pastel y le empezaron a cantar a uno de sus colegas que se quedó en su banquita con actitud de “soy tipo cool, no me hagan esto. No quiero, puaj“.

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Mi amigo y yo, siendo las almas cooperantes y solidarias que somos, empezamos a cantarle feliz cumpleaños también. Además aplaudíamos con entusiasmo.

Cuando ya empezaron a partir el pastel, nos levantamos para pagar e irnos. Pero las muchachas nos dijeron “¿ya se van? ¿No van a comer pastel?”. Como no habíamos sido entusiastas por eso y yo no quería que se sintieran obligadas a compartir con desconocidos, dije “Es que ya nos están esperando” o algo así, para salir rápido (y lidiar con la batería del carro). Pero ellas nos dijeron “A pues llévense un pedacito”. Así que ahí me tienen caminando por la calle comiéndome un pastel con mis desechables. Pero yo no me sentía incómodo. Ya una vez me había comido uno en las calles de Suchitoto y además esta vez me comí además la mitad de mi amigo porque YOLO.

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