La carta de la víctima de Brock Turner, el violador de Stanford

El jueves 2 de junio, el juez Aaron Persky condenó a una super estrella de la natación de la universidad de Stanford a seis meses de prisión por haber violado a una mujer inconsciente. No es la palabra de ella contra la de él. Un par de suecos lo encontraron in fraganti. El papá de Persky defiende a su hijo estrellita y victimiza al violador, echándole la culpa a la fiesta y al alcohol diciendo en una carta:

Él ya no será la misma persona feliz con esa personalidad despreocupada y con una cálida sonrisa…Cada minuto desde que se despierta está consumido por la preocupación, ansiedad, miedo y depresión. Puede verlo en su cara, en la forma en que camina, su débil voz, su falta de apetito“.

Brock Turner con sus padres

Brock Turner, 20, third from the right, makes his way into the Santa Clara Superior Courthouse in Palo Alto, Calif., along with family, friends and attorneys, on Thursday, June 2, 2016. Brock, a former Stanford swimmer, was convicted of 3 counts of felony sexual assault on a 22-year-old young woman on the Stanford campus following a party on January 18, 2015. Brock was in court for his sentencing. (Dan Honda/Bay Area News Group)

Dice, además, que su hijito no debería pagar un precio tan caro por “20 minutos de acción“. Sí, eso dice el padre. Sé que un familiar normalmente defenderá a los suyos y cerrará los ojos ante las cosas más obvias. Tienen todo el derecho. Pero usar esas palabras para minimizar el dolor de alguien más es indignante. Esta estrellita ha crecido sintiéndose con derecho a todo por el hecho de existir, por ser un hombre blanco en una super universidad. Esto se hace más obvio con la ínfima sentencia impuesta por el juez, quien -en un caso similar- a un salvadoreño llamado Raúl Ramírez le impuso una pena de tres años, a pesar de que este sí reconoció su culpa, se disculpó y no se llegó a juicio. (Sí, ¡qué alegría exportar violadores!). Esto es parte de lo que se conoce como “rape culture”, una cultura donde la víctima tiene que revivir su dolor una y otra vez, verlo cuestionado y justificar por qué vestía como vestía o porque estaba donde estaba.

Brock Turner - violador

Brock Turner, superestrella de la natación y violador de mujeres

En un juicio, el acusado tiene derecho a la última palabra. Pero en este blog, prefiero darle la última palabra a la víctima y reproducir algunos fragmentos de la carta que ella misma leyó durante el juicio y que puede leerse en su totalidad en Buzzfeed:

Lo siguiente que recuerdo es que estaba en una camilla en un pasillo. Tenía sangre seca y vendas en el dorso de las manos y en el codo. Pensé que tal vez me había caído y que estaba en una oficina dentro del campus. Estaba calmada y preguntándome dónde estaba mi hermana. Un agente me explicó que había sido atacada. Aún así mantuve la calma, estaba segura que le hablaba a la persona incorrecta. No conocía a nadie en esta fiesta. Cuando finalmente me dejaron usar el baño, me bajé los pantalones de hospital que me habían dado, me iba a bajar la ropa interior, y no sentí nada. Aún recuerdo la sensación de mis manos tocando mi piel y agarrando nada. Miré hacia abajo y no había nada. La delgada pieza de tela entre mi vagina y todo lo demás, estaba perdida y todo dentro de mí se silenció. Aún no tengo palabras para esa sensación. Para poder seguir respirando, pensé que tal vez los policías usaron tijeras para cortarlas y usarlas como evidencia.

(…)

Me movía de habitación en habitación envuelta en una manta, agujas de pino iban quedando tras de mí, dejé un pequeño montón en cada habitación en la que estuve. Me pidieron firmar papeles que decían “Víctima de Violación” y pensé que algo realmente había sucedido. Mi ropa fue confiscada y me quedé parada desnuda mientras las enfermeras sostenían una regla en diversas abrasiones en mi cuerpo y les tomaban fotografías. Nosotras tres trabajamos para sacar las agujas de pino de mi cabello, seis manos para llenar una bolsa de papel. Para calmarme, decían que solo era la flora y fauna, flora y fauna. Insertaron varios hisopos en mi vagina y ano, agujas para inyecciones, pastillas, tuve una Nikon apuntando directamente hacia mis piernas abiertas. Tuve largas y puntiagudas pinzas dentro de mí, y mi vagina fue manchada con pintura fría y azul para checar si había abrasiones.

Después de algunas horas, me dejaron bañarme. Me quedé ahí examinando mi cuerpo debajo del chorro de agua y decidí que ya no quería mi cuerpo. Estaba aterrorizada de él, no sabía qué había estado en él, si había sido contaminado, qué lo había tocado. Quería quitarme mi cuerpo como si fuera una chamarra y dejarlo en el hospital con todo lo demás.

Esa mañana, todo lo que me dijeron es que fui encontrada detrás de un basurero, potencialmente penetrada por un extraño, y que debería repetir la prueba de VIH porque los resultados no siempre salen inmediatamente. Pero por ahora, debería ir a casa y volver a mi vida normal. Imaginen volver al mundo con solo esa información. Me abrazaron y me acompañaron fuera del hospital hacia el estacionamiento, usando la nueva sudadera y los pantalones que me dieron, ya que solo me habían permitido quedarme con mi collar y mis zapatos.

Mi hermana me recogió, con el rostro húmedo de las lágrimas y desencajado de angustia. Instintiva e inmediatamente, quería quitarle el dolor. Le sonreí, le dije que me viera, estaba aquí, estaba bien, todo está bien, estoy justo aquí. Mi cabello está lavado y limpio, me dieron el shampoo más extraño, cálmate y mírame. Mira estos graciosos pantalones y esta sudadera, me veo como una maestra de Educación Física, vamos a casa, comamos algo. Ella no sabía que bajo mi conjunto deportivo, tenía rasguños y vendas en mi piel, mi vagina estaba irritada y se había tornado de un color extraño y oscuro por todo lo que había pasado, mi ropa interior estaba desaparecida, y me sentía demasiado vacía para seguir hablando. Que también estaba asustada, que también estaba devastada. Ese día manejamos a casa y por horas en silencio mi hermana menor me sostuvo.

(…)

New legislation

Un día, estaba en el trabajo, revisando las noticias en mi teléfono y me topé con un artículo. En él, leí y supe por primera vez cómo fui encontrada inconsciente, con el cabello revuelto, el collar largo enrollado en mi cuello, el sostén jalado fuera de mi vestido, el vestido bajado de los hombros y subido hasta mi cintura, que estaba desnuda hasta mis botas, con las piernas abiertas, y que había sido penetrada con un objeto extraño por alguien a quien no reconocía. Así es como supe qué me sucedió, sentada en mi escritorio, leyendo las noticias en el trabajo. Supe lo que me sucedió al mismo tiempo que el resto del mundo. En ese momento fue cuando las agujas de pino tuvieron sentido, no habían caído de un árbol. Él me había quitado la ropa interior, sus dedos habían estado dentro de mí. Ni siquiera conozco a esa persona. Cuando leí sobre mi así, me dije, esta no puedo ser yo, no puedo ser yo. No pude digerir o aceptar nada de esa información. No podía imaginarme a mi familia teniendo que leer acerca de esto en línea. Seguí leyendo. En el siguiente párrafo, leí algo que nunca olvidaré; leí que de acuerdo a él, me gustó. Me gustó. Me gustó. Nuevamente, no tenía palabras para estas sensaciones.

(…)

La noche después de que sucedió, él dijo que no sabía mi nombre, dijo que no habría podido identificar mi rostro en una fila de reconocimiento, no mencionó ningún diálogo entre nosotros, nada de palabras, solo baile y besos. Bailar es un término lindo; ¿chasqueamos los dedos y dimos vueltas; o sólo eran cuerpos tallándose uno contra otro en una habitación llena de gente? Me pregunto si besar fue solo rostros presionándose uno a otro descuidadamente. Cuando el detective preguntó si él había planeado llevarme a su dormitorio, él dijo que no. Cuando el detective preguntó cómo habíamos terminado detrás de un basurero, él dice que no sabe. Admitió haber besado a otras chicas en la fiesta, una de las cuales fue mi propia hermana, quien lo alejó. Yo era el antílope herido de la manada, completamente sola y vulnerable, físicamente incapaz de valerme por mí misma, y él me eligió. Algunas veces pienso, si no hubiera ido, esto no me habría sucedido. Pero después pienso, habría sucedido, solo que a alguien más. Estabas a punto de entrar a cuatro años de acceso a chicas ebrias y fiestas, y si este es el pie con el que comenzaste, entonces fue lo mejor que no continuaras. La noche después de que ocurriera, él dijo que pensaba que me gustó porque le masajeé la espalda. Masajeé su espalda.

Nunca mencionó que yo haya expresado consentimiento, nunca dijo siquiera que hayamos hablado, masajeé su espalda. Una vez más, en las noticias, me enteré que mi vagina y mi trasero estuvieron completamente expuestos, mis senos habían sido manoseados, dedos habían sido introducidos en mí junto con agujas de pino y desechos, mi piel desnuda y mi cabeza habían sido tallados contra el piso detrás de un basurero, mientras un estudiante erecto de primer año intentaba penetrar mi cuerpo semi desnudo e inconsciente. Pero yo no recuerdo nada, así que ¿cómo pruebo que no me gustó?

Pensé que no había forma de que esto fuera a juicio; hubieron testigos, había suciedad en mi cuerpo, él huyó pero fue atrapado. Él va a llegar a un acuerdo, se disculpará públicamente, y ambos seguiremos con nuestras vidas. En lugar de eso, me dijeron que contrató un poderoso abogado, testigos expertos, investigadores privados que tratarían y encontrarían detalles sobre mi vida personal para usarlos en mi contra, encontrarían huecos en mi historia para hacer ver como mentirosas a mí y a mi hermana, con el fin de mostrar que este abuso sexual fue de hecho un malentendido. Que iría hasta cualquier extremo para convencer al mundo que él simplemente estaba confundido.

No solo me dijeron que fui abusada. Me dijeron que como no podía recordarlo, técnicamente no podía probar que fue indeseado. Y eso me distorsionó, me dañó, casi me rompió. Es el más triste tipo de confusión que te digan que fuiste atacada y casi violada, descaradamente a la intemperie, pero que aún no saben si cuenta como un ataque. Tuve que luchar por un año entero para poner en claro que algo estaba mal con toda esta situación.

(…)

Tú dijiste, “Estando ebrio no pude tomar las mejores decisiones y tampoco ella”.

El alcohol no es una excusa. ¿Es un factor? Sí. Pero el alcohol no fue el que me desnudó, me metió los dedos, arrastró mi cabeza por el suelo, conmigo casi completamente desnuda. Haber tomado mucho fue un error de principiante que admito, pero no es criminal. Todos en esta sala han tenido una noche donde se han lamentado por haber tomado mucho. Lamentarse por tomar no es lo mismo que lamentarse por un abuso sexual. Ambos estábamos ebrios, la diferencia es que yo no te quité los pantalones y la ropa interior, ni te toqué inapropiadamente y huí. Esa es la diferencia.

Tú dijiste, “Si hubiese querido conocerla, habría pedido su número en lugar de decirle que fuera conmigo a mi habitación”.

No estoy enojada porque no me hayas pedido mi número. Aún si me conocieras, no me gustaría estar en esta situación. Mi propio novio me conoce, pero si me pidiera meterme los dedos detrás de un basurero, lo abofetearía. Ninguna chica quiere estar en esta situación. Nadie. No me importa si sabes su número telefónico o no.

Tú dijiste, “Estúpidamente pensé que estaba bien hacer lo que todos a mi alrededor hacían, que era beber. Estaba equivocado”.

Nuevamente, no estabas mal por beber. Todos a tu alrededor no me estaban atacando sexualmente. Estuviste mal al hacer lo que nadie más hacía, que fue empujar tu pene erecto en tus pantalones contra mi cuerpo desnudo, indefenso, oculto en un área oscura, donde los asistentes de la fiesta ya no podían verme o protegerme, y mi propia hermana no pudo encontrarme. Beber Fireball no es tu crimen. Quitar y desechar mi ropa interior como envoltura de un dulce y meter tu dedo en mi cuerpo, es donde te equivocaste. ¿Por qué sigo explicando esto?

 

Ese mismo día leí estos otros dos artículos que me parece importante, como hombre, compartirles:

Muéstrales a tus hijos varones la carta de esta víctima de violación

Los abusos que esconde el escenario

Como ser humano se me hace inconcebible hacerle esto a otro ser humano; pero me parece igualmente malo el hecho de que como sociedad no protejamos a los más vulnerables, las víctimas: mujeres, hombres adultos, niñas, niños. Cualquiera puede ser víctima de una violación sexual y merece nuestra solidaridad. Quien debería enfrentar el escrutinio social de su vida es el perpetrador, no ella. No es a ella a quien le debemos decir que “sea clara y diga firme y valientemente NO“. Quizá está en shock por el miedo o por la situación de superioridad del abusador, ya sea por su físico o por sus conectes. Quizá sabe que resistirse o hacer escándalo haría peligrar su vida. Lo que tendríamos que exigir como ente social es que los límites solo se crucen cuando haya un DEFINITIVO Y CLARO SÍ.

Señor lector, aun si ella es tu esposa, trabaja como sexoservidora, “se mete con cualquiera” o ya te había invitado picarescamente a su casa, no está obligada(o) a nada y puede cambiar de opinión en cualquier momento. Nadie te debe nada.

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