Inventando nuestro orgullo cívico

Estoy leyendo el libro “Mármoles, Clarines y Bronces. Fiestas Cívico-religiosas en El Salvador, Siglos XIX y XX” de Carlos Gregorio López Bernal. Quise compartir algo interesante con ustedes, visitantes asiduos de este blog y también con los muchachos que googlean sus tareas y solo copiarán cualquier cosa que encuentren. Por lo menos esto les dará algo interesante para discutir con sus maestros:

¿De dónde surge entonces la imagen de un movimiento popular conocido como el “Primer grito de independencia” y que con tanto entusiasmo se celebró en 1911?

En realidad este es un mito de la historia, o mejor dicho, una “tradición inventada”* que comenzó a formularse en los años previos a 1911 y que tomó fuerza al encontrar un grupo de intelectuales que no solo elaboró una narrativa histórica, sino que lideró todo un proyecto cívico-festivo que se concretó en una intensa semana de celebraciones en la que se develaron importantes monumentos cívicos que se convirtieron desde entonces en “lugares de memoria”(…)

matias-delgado

Antes de 1911, no es posible encontrar interpretaciones que apunten claramente a individualizar protagonistas, mucho menos que hablen de los hechos de 1811 como el “Primer Grito de Independencia”. Son los historiadores que escriben en el marco de esa conmemoración los que dan el principal protagonismo a José Matías Delgado, pero dejando espacio a otros próceres. Por ejemplo, Francisco Gavidia afirma que Delgado fue el director de la conspiración(…)

Gavidia no se detiene a narrar los hechos. De la conspiración pasa a la represión llevada a cabo por las autoridades españolas. “Los conspiradores, dan su ofrenda a la República en las prisiones, en los castillos, en la tortura y en el sepulcro”. Dado que el trabajo está dedicado a Delgado no debe extrañar la ligereza con que Gavidia se refiere a los otros involucrados, a pesar de que ellos llevan la parte más dura de la represión, de la cual Delgado se libra por ser sacerdote y por “su política hábil y diestra”.

(…)

En la misma línea, Salvador Morales afirma que fue Delgado quien “hizo sonar en la ciudad de San Salvador el primer grito de rebeldía, grito soberbio que hizo temblar a la Colonia, y que anunció a Centro América el advenimiento de su libertad… “

La narrativa del centenario es esencialmente “sansalvadoreña”, se concentra en los hechos acaecidos en San Salvador, en los próceres -en su orden, Deglado, Arce y los hermanos Aguilar- y sobre todo en la improbable “acción-símbolo” del repique de las campanas de la Iglesia de la Merced, supuestamente ejecutada por el cura Delgado, mito que se repite hasta nuestros días sin que haya sido posible su probanza. Requisito innecesario, pues bien es sabido que un mito comprobado por la historia perdería sentido. Aún así, los historiadores del centenario eran conscientes de que su narrativa histórica adolece por la falta de evidencias. Así lo deja ver Valladares, cuando afirma: “Jamás se publicaron los procesos seguidos a los primeros próceres y no se sabe aún en donde paran las actuaciones seguidas en San Salvador y en la Capital(…)” Ciertamente que para esos años aún no había surgido la vocación benedictina de Miguel Ángel García que un par (de) décadas después se dio a la ingente tarea de recopilar y publicar los juicios por infidencia. Valladares no podía prever que los juicios por infidencia, en realidad, abonarían muy poco a una imagen heroica de los próceres, pues en general niegan haber participado en los hechos, mucho menos haberlos dirigido.

(…)

La histografía de 1911 no hace referencia a las movilizaciones ocurridas en Santa Ana, Metapán, Usulután, Zacatecoluca y Nonualco, con lo cual también niega la posibilidad de participación de otros actores sociales, verbigracia, indígenas y ladinos. Esta marginación es consecuente con la visión (de) aquellos historiadores, para quienes un movimiento como el de 1811 solo podía ser impulsado por una elite ilustrada. “Todos eran personas de viso, bien acomodadas de bienes de fortuna e influyentes por su posición social y personas prendas; y casi todos estaban ligados por vínculos cercanos de parentesco”.

* A finales de la primera década del siglo XX, en El Salvador cobró inusitada fuerza la preocupación por lo nacional, tanto en las esferas oficiales como en la sociedad misma. Muestra de ello fue la consagración de Gerardo Barrios como héroe nacional que tuvo su apoteosis en la inauguración del monumento en el entonces llamado Parque Bolivar. Esta tendencia continuó y se fortaleció en las dos décadas posteriores. Vease López Bernal, Tradiciones Inventadas y discursos nacionalistas.

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