Eugenio Barba: la sombra de Antígona

Estamos en “El Evangelio de Oxyrhincus“. Una mujer llamada Antígona ha cubierto con sus vestidos la cabeza decapitada de su hermano, que había sido expuesta como admonición. Su acción ha sido interrumpida por un detentor de la fe que se hace llamar Jehuda, el Gran Inquisidor. Este se le acerca. Antígona está postrada en la tierra. Jehuda, el Gran Inquisidor, extrae de su sombrero el mazo de flores, que en realidad adorna el cuchillo con el cual ya ha matado a otros personajes en el espectáculo, y lo suspende sobre la nuca de Antígona. Pero la mata, da vueltas en torno a ella, y en este momento se disipa la oscuridad que reina en la sala, y una luz dorada, el sol, aparece. Jehuda busca en la tierra con su cuchillo: encuentra la sombra de Antígona, comienza a raspar sus bordes.
Con el puñal delimita la sombra y al mismo tiempo parece que quiere borrarla.

Tomé de mi biblioteca un libro que había comprado en Japón, en Hiroshina, y allí encontré la explicación de la escena. Estaba en una postal comprada en el Museo atómico de Hiroshima que muestra tres peldaños de la entrada de un banco en los que está impresa una sombra. Un hombre estaba subiendo aquellos tres peldaños cuando estalló la bomba y por el calor de la fusión, su presencia se imprimió en el granito.

…es fácil matar los cuerpos, muy fácil, pero hay cuerpos que dejan una sombra, como si su vida estuviera tan cargada de energía que (quedará) impresa en la historia.

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¿Qué quiere decirme Antígona? Había algo que me molestaba enormemente y me ponía contra Antígona. Me decía: si tú no estás de acuerdo con la ley de Creonte, no hagas este gesto ineficaz, justo un puñado de tierra. Tú lo visitas cada día, lo ves, le hablas. Entonces, haz como Bruto, toma un puñal y mátalo, toma tú el poder en la polis e instaura la moral que es importante para ti, hazla respetar. ¿Poer por qué ese gesto simbólico que no sirve para nada?

Lo entendí cuando me pregunté cuál es el arma con la que el intelectual puede batirse contra la ley de la ciudad. Pienso que el arma es un puñado de tierra, un gesto inútil y simbólico, que va contra la mayoría, contra el pragmatismo, contra la moda. Un gesto inútil, ineficaz, simbólico pero que alguien debe hacer. Este es el rol del intelectual: saber que el gesto es inútil, simbólico, y hacerlo.

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