De “Los demonios”

Dostoyevski escribió algo que le dejaré aquí, para que utilice a su conveniencia cuando se encuentre con escritos pretenciosos. Usted sabrá cuáles. Yo sé cuáles. Todos tenemos una opinión. Lo bonito es lo aplicable que es esto, escrito sobre un personaje ficticio (en realidad, Ivan Turgenev). Disfrute:

Hará cosa de un año que leí en una revista un artículo suyo escrito con desagradables pretensiones de ingenua poesía y aun de psicología. En él describía el naufragio que había presenciado de un vapor cerca de la costa inglesa. El rescate de los supervivientes y la recuperación de los cadáveres de los ahogados. Todo el artículo, que era bastante largo y palabrero, lo había escrito con el único fin de exhibirse a sí mismo. Entre líneas podía leerse: “Fíjense en mí; vean qué clase de hombre fui en ese momento. ¿Qué les importan a ustedes el mar, la tempestad, los acantilados, el casco destrozado del barco? Yo les he descrito de modo suficiente eso con mi pujante pluma. ¿Por qué se fijan ustedes en esa mujer ahogada, con el cadáver de un niño en sus brazos muertos? Mejor es que se fijen en mí, que vean cómo no pude soportar semejante escena y me aparté de ella. Le volví la espalda; estaba espantado y no tenía valor para mirar tras de mí; cerré los ojos. “¿Verdad que es interesante?”.

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