I’m not a boy not yet a man

Siento que he descuidado un poco este blog. Pero es que me ha faltado la inspiración o el tiempo necesarios para escribir cosas que valgan la pena.

Para corregir esto, decidí que debía compartir algo que le interesara a las mujeres que vienen aquí, por si fueran la mayoría de lectores. ¿Qué le interesa a las mujeres salvadoreñas? ¡Obviamente leer sobre las dificultades que enfrenta un hombre en este país!

Y así es como decidí escribir lo que les pongo a continuación.

Book

La primera dificultad que encuentro es que el mundo quiere que me case y tenga hijos. Donde trabajo conseguiría tres días libres si me casara y también si procreara. Por ser soltero, solo consigo media tarde libre por mi cumpleaños. Nadie celebra que no contribuya a la sobrepoblación ni me agradece que no inunde sus redes con fotos de mis huevos o cigotos.

Esta situación se hizo patente el otro día cuando llegaron del seguro a darnos una charla porque la póliza fue renovada y querían volvernos a explicar lo siguiente: el seguro cubre a mi cónyuge y descendientes, no a ascendientes ni a nadie que sea “como mi familia”. Valga la aclaración de que mis descendientes dejarían de estar cubiertos en cuanto procrearan, aunque siguieran siendo menores (¿ven la contradicción?). Alguno podría saltar como energúmeno y decir “Pues sí, chis, ¿por qué andan cogiendo?” ¡Tranquilo! Pues porque los métodos de planificación (o la vasectomía) no están cubiertos por el seguro y, si lo estuvieran, una de las farmacias proveedoras es la San Nicolás que, como ya saben, se caracteriza por no vender condones o pastillas anticonceptivas y, en su lugar, dan un papelito en donde llaman a la abstinencia y te enseñan la foto de un feto muerto.

En un país tan pequeño, caluroso y hacinado como este, solo puedo concebir que una directriz como esta la haya tomado alguien muy religioso dentro de su super amplia y ventilada casa donde seguramente hay hasta un cuarto para meditación y ejercicios espirituales.

32354196260_e1c58536e7_z

En mi imaginación todos son como la familia Guirola

Esta charla también me hizo testigo de primera mano de los estigmas que enfrentan los hombres con trastornos mentales (no diré personas, porque esta es una entrada hombre-centrista). Una persona (aquí sí, para despistar) que me tiene confianza y tenía pena me pidió que preguntara si estaban cubiertos los antidepresivos o ansiolíticos, sabiendo de antemano que la respuesta sería no.

La respuesta fue no.

Posteriormente otra persona me llamó a mi extensión para contarme cómo ha lidiado ella con esa situación y cómo se ha comprado las pastillas por su cuenta. Obviamente no le dije que no era yo el interesado. Sentí que quizá le alegraba que alguien hablara de algo que le era familiar así tan libremente. Pero también me sentí mal porque tenga que mantener con secretismo su situación, cuando probablemente muchas personas lidien con algo así.

Disculpe si esto es lo más normal en las empresas y la estoy aburriendo, amiga lectora, pero para mí todo esto es nuevo y antropológicamente interesante.

Pero está bien. Voy a salirme de la rama empresarial y a compartirle otra dificultad social: la de enfrentarme a mis congéneres cuando me preguntan si le voy al Real Madrid o al Barcelona. Nunca fui futbolero. Nunca vimos partidos en mi casa. Nunca aprendí a jugarlo bien. No tengo esas habilidades. Así que simplemente no sé. Estaba ocupado sobreviviendo la guerra viendo cualquier otra cosa que dieran en la tele, aunque fueran los mismos sesenta y cinco capítulos repetidos una y otra vez. Pero hoy día tengo que dar una larga explicación para que entiendan que no me quita el sueño, que sí, que podría ver un partido; pero que no estoy pendiente de lo que pasa con el fútbol (excepto uno que otro drama) y, desde mi limitado conocimiento, digo que sí creo que el Barcelona es mejor equipo y no quiero decir que el otro sea malo, solo que considero que en el Real pesa más el “marketing” y “branding”.

Que conste que, al decir estas cosas, no estoy juzgando (mucho). Sé que el espacio que esa información ocupa en un cerebro masculino promedio, en el mío está lleno de otra información más basurosa e inútil. Pero ahí viene la otra dificultad del asunto: ¿De qué hablo con este otro hombre a quien conozco por primera vez? Si nunca he sido bueno en los deportes o con las cosas manuales, ¿cómo interactuamos?  Y así me vuelvo Jerry Seinfeld y termino con los mismos amigos que ya tenía: uno.

Anuncios

¿Está de acuerdo o quiere mandarme a la chonguenga?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s