Intelectualismo y deportes

Aquí de nuevo, compartiendo valiosas palabras de Noam Chomsky, de 1989:

…Ser un “intelectual” no tiene prácticamente nada que ver con trabajar con la mente: son dos cosas diferentes. Sospecho que hay muchas personas en las manualidades, en la mecánica de coches o cosas así que realizan tanto o más trabajo intelectual que muchas personas de las universidades. Existen grandes ámbitos de la academia en los que lo que se denomina trabajo “académico” es simplemente trabajo administrativo, y no creo que el trabajo administrativo sea mentalmente más complejo que reparar el motor del automóvil, en realidad, creo lo contrario: yo puedo realizar trabajo administrativo y no tengo la menor idea de arreglar el motor de un automóvil.

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Así pues, si por “intelectual” entiende a las personas que utilizan su mente, están en toda la sociedad. Si por “intelectual” entiende personas que forman una clase especial que se dedica a imponer ideas, a enmarcar ideas para las personas con poder, y a decir a los demás lo que deben creer, etc., bien, sí, eso es. A esas personas se las denomina “intelectuales”, pero en realidad no son más que un clero seglar, cuya tarea es defender las verdades doctrinales de la sociedad. Y la población debería ser antiintelectual en ese aspecto, creo que es una reacción sana.

…Recuerdo que durante la guerra de Vietnam, había grandes campañas internacionales de protesta contra la guerra, y muchas veces me pidieron que firmara cartas con, por ejemplo, Jean-Paul Sartre. Bien, habíamos firmado alguna declaración y en Francia fue noticia de portada; aquí nadie lo mencionó siquiera. Y los franceses pensaron que eso era escandaloso; y yo pensé que era terrible. ¿Por qué demonios debía mencionarlo alguien? ¿Qué importancia tiene que dos tipos que han conseguido cierto reconocimiento se unan y firmen una declaración? ¿Por qué debe tener eso un interés particular para nadie?

…El hecho es que si estás en una universidad, eres muy privilegiado. En primer lugar, y en contra de lo que dice mucha gente, no tienes que trabajar demasiado. Y controlas tu propio trabajo, es decir, quizá decides trabajar ochenta horas a la semana, pero es uno quien decide qué ochenta horas. Esto es muy importante: es uno de los pocos ámbitos donde controlas tu propio trabajo. Y además tienes muchos recursos: has tenido una preparación, sabes cómo utilizar una biblioteca, ves los anuncios de libros y por consiguientes sabes qué libros probablemente vale la pena leer, sabes que existen documentos desclasificados porque lo has aprendido en la escuela, y sabes cómo encontrarlos porque sabes cómo utilizar una biblioteca de referencia. Y esa colección de aptitudes y privilegios te da acceso a mucha información. Pero no tiene nada que ver con ser “intelectual”: en las universidades hay mucha gente que tiene todo esto y usa todas esas cosas y no hace más que trabajo administrativo.

…Yo pasé mi formación inicial en una especie de lugar de clase trabajadora judía, donde la gente no tenía una educación formal, aunque eran trabajadores –dependientes, costureras, cosas así- eran muy cultos: yo les llamaría intelectuales. No lo eran en el sentido al que habitualmente hace referencia la gente, pero era gente leída, que pensaba sobre las cosas, discutía sobre las cosas. No veo ninguna razón por la que eso no pueda ser así en el caso de una costurera.

…Cuando conduzco tengo el hábito de sintonizar los programas de radio en los que el público participa por teléfono y resulta sorprendente escuchar los de carácter deportivo. Estos cuentan con grupos de reporteros de deportes, o un grupo de expertos, y la gente llama y discute con ellos. En primer lugar, el auditorio dedica obviamente una gran cantidad de tiempo a ello. Pero lo más sorprendente es que los que llaman tienen una cantidad enorme de conocimientos, conocen los detalles de todo tipo de cosas, mantienen discusiones extremadamente complejas. Y, sorprendentemente, no se sienten intimidados por los expertos, algo un poco inusual. Veamos, en la mayoría de sectores de la sociedad, se nos estimula a recurrir a expertos: lo hacemos más de lo que debiéramos. Pero en este ámbito, la gente no parece hacerlo, se sienten satisfechos al discutir con el entrenador del Boston Celtics, y le dicen lo que debería haber hecho, y entablan grandes debates con él, etc. El hecho es que en este ámbito, la gente se siente bastante confiada, y sabe mucho, obviamente hay mucha inteligencia en la materia.

…En nuestra sociedad existen cosas en las que uno puede utilizar su inteligencia, como la política, pero en realidad la gente no participa en ella de forma muy seria, así que, lo que hace es dedicar su mente a otras cosas, como los deportes. Le forman a uno en la obediencia; y uno no tiene un trabajo interesante; no existe a tu alrededor un trabajo creativo; en el entorno cultural eres un observador pasivo de cosas habitualmente bastante horteras; la vida política y social están fuera de tu alcance, están en manos de los ricos. ¿Qué queda entonces? Bien, una de las cosas que queda son los deportes. En ellos uno pone mucha inteligencia, reflexión y confianza en sí mismo. Y supongo que esa es una de las funciones básicas que desempeña dentro de la sociedad en general(…) De modo que, presumo que esta es en parte la razón por la que los deportes espectáculo tienen el apoyo que tienen por parte de las instituciones dominantes.

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Y los deportes espectáculo tienen también otras funciones útiles. En primer lugar, son una buena manera de crear chovinismo –empiezas por desarrollar estas lealtades totalmente irracionales al principio de la vida, y luego se traspasan fácilmente a otras áreas (…) Al parecer, existe un fenómeno psicológico de falta de confianza en uno mismo o algo así que afectó a los muchachos de aproximadamente mi edad que crecieron en Filadelfia, porque todos los equipos deportivos estaban siempre en los últimos lugares, y cuando esto sucede supone un cierto golpe a tu ego.

…Por supuesto estás viendo a los gladiadores, a los tipos que pueden hacer cosas que tú no puedes, pero es un modelo al que se supone intentas emular. Ellos son gladiadores que luchan por tu causa, por lo que tienes que jalearles, y tienes que sentirte feliz cuando el capitán contrario sale del campo hecho unos zorros, etc. Todo esto alimenta aspectos extremadamente antisociales de la psicología humana. Es decir, elementos que están ahí; no hay duda de que están ahí. Pero son resaltados, exagerados, y generados por los deportes espectáculo: en realidad, la competencia irracional, la lealtad irracional a los sistemas de poder, la obediencia pasiva a valores bastante espantosos.

…No creo que sea lo único que tiene este tipo de efecto. Por ejemplo, las telenovelas hacen lo mismo en otro ámbito –enseñan a la gente otros tipos de pasividad y absurdo-. Si desean realizar una crítica realmente seria de todos los medios, después de todo este es el tipo de cosas que ocupa la mayor parte de ellos, estos no presentan las noticias sobre El Salvador para personas políticamente conscientes, sino que desvían la atención de la población general de las cosas que realmente importan.

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I’m not a boy not yet a man

Siento que he descuidado un poco este blog. Pero es que me ha faltado la inspiración o el tiempo necesarios para escribir cosas que valgan la pena.

Para corregir esto, decidí que debía compartir algo que le interesara a las mujeres que vienen aquí, por si fueran la mayoría de lectores. ¿Qué le interesa a las mujeres salvadoreñas? ¡Obviamente leer sobre las dificultades que enfrenta un hombre en este país!

Y así es como decidí escribir lo que les pongo a continuación.

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La primera dificultad que encuentro es que el mundo quiere que me case y tenga hijos. Donde trabajo conseguiría tres días libres si me casara y también si procreara. Por ser soltero, solo consigo media tarde libre por mi cumpleaños. Nadie celebra que no contribuya a la sobrepoblación ni me agradece que no inunde sus redes con fotos de mis huevos o cigotos.

Esta situación se hizo patente el otro día cuando llegaron del seguro a darnos una charla porque la póliza fue renovada y querían volvernos a explicar lo siguiente: el seguro cubre a mi cónyuge y descendientes, no a ascendientes ni a nadie que sea “como mi familia”. Valga la aclaración de que mis descendientes dejarían de estar cubiertos en cuanto procrearan, aunque siguieran siendo menores (¿ven la contradicción?). Alguno podría saltar como energúmeno y decir “Pues sí, chis, ¿por qué andan cogiendo?” ¡Tranquilo! Pues porque los métodos de planificación (o la vasectomía) no están cubiertos por el seguro y, si lo estuvieran, una de las farmacias proveedoras es la San Nicolás que, como ya saben, se caracteriza por no vender condones o pastillas anticonceptivas y, en su lugar, dan un papelito en donde llaman a la abstinencia y te enseñan la foto de un feto muerto.

En un país tan pequeño, caluroso y hacinado como este, solo puedo concebir que una directriz como esta la haya tomado alguien muy religioso dentro de su super amplia y ventilada casa donde seguramente hay hasta un cuarto para meditación y ejercicios espirituales.

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En mi imaginación todos son como la familia Guirola

Esta charla también me hizo testigo de primera mano de los estigmas que enfrentan los hombres con trastornos mentales (no diré personas, porque esta es una entrada hombre-centrista). Una persona (aquí sí, para despistar) que me tiene confianza y tenía pena me pidió que preguntara si estaban cubiertos los antidepresivos o ansiolíticos, sabiendo de antemano que la respuesta sería no.

La respuesta fue no.

Posteriormente otra persona me llamó a mi extensión para contarme cómo ha lidiado ella con esa situación y cómo se ha comprado las pastillas por su cuenta. Obviamente no le dije que no era yo el interesado. Sentí que quizá le alegraba que alguien hablara de algo que le era familiar así tan libremente. Pero también me sentí mal porque tenga que mantener con secretismo su situación, cuando probablemente muchas personas lidien con algo así.

Disculpe si esto es lo más normal en las empresas y la estoy aburriendo, amiga lectora, pero para mí todo esto es nuevo y antropológicamente interesante.

Pero está bien. Voy a salirme de la rama empresarial y a compartirle otra dificultad social: la de enfrentarme a mis congéneres cuando me preguntan si le voy al Real Madrid o al Barcelona. Nunca fui futbolero. Nunca vimos partidos en mi casa. Nunca aprendí a jugarlo bien. No tengo esas habilidades. Así que simplemente no sé. Estaba ocupado sobreviviendo la guerra viendo cualquier otra cosa que dieran en la tele, aunque fueran los mismos sesenta y cinco capítulos repetidos una y otra vez. Pero hoy día tengo que dar una larga explicación para que entiendan que no me quita el sueño, que sí, que podría ver un partido; pero que no estoy pendiente de lo que pasa con el fútbol (excepto uno que otro drama) y, desde mi limitado conocimiento, digo que sí creo que el Barcelona es mejor equipo y no quiero decir que el otro sea malo, solo que considero que en el Real pesa más el “marketing” y “branding”.

Que conste que, al decir estas cosas, no estoy juzgando (mucho). Sé que el espacio que esa información ocupa en un cerebro masculino promedio, en el mío está lleno de otra información más basurosa e inútil. Pero ahí viene la otra dificultad del asunto: ¿De qué hablo con este otro hombre a quien conozco por primera vez? Si nunca he sido bueno en los deportes o con las cosas manuales, ¿cómo interactuamos?  Y así me vuelvo Jerry Seinfeld y termino con los mismos amigos que ya tenía: uno.

Más allá de los pensamientos aleatorios

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He vuelto.

He vuelto a contarles mi vida.

Hoy iba rumbo a “Las cascadas” a refrendar la tarjeta de circulación y vi un rótulo anunciando los eventos para celebrar en semana santa. Por supuesto que van a venir Los Rabanes. Exijo mi #ExcavaciónCiudadana para saber quién de la Pilsener está emparentado con Los Rabanes y cómo se ganan la vida los integrantes de ese grupo cuando no vienen aquí a cantar sus dos canciones que fueron éxito hace más de 15 años.

En Las Cascadas hice lo mío y luego entré a ver lo que no me puedo costear en La Ceiba. Ahí vi a un padre viendo con su hija adolescente los libros de la saga “After” o no sé cuál otra pudo ser, pero era de jóvenes adultos.

En ese momento compadecí al pobre hombre y recordé toda la música horrible que mi papá tuvo que escuchar por nosotros o incluso cuando tuvo que llevar a mi hermana a ver “Escápate conmigo” protagonizada por Luis Miguel y Lucero. Pobre señor.

Luego me dije que quizá estaba siendo tan pretencioso como en “Sideways” y que cualquiera debería poder disfrutar leyendo la cochinada que se le antoje, incluso si es Paulo Coelho.

Luego llegó mi momento favorito: Descubrir que existe el libro “La verdad acerca de la agresión terrorista en contra de El Salvador“, de Luis Octavio Rivera (1962) y publicado en 2015 por la Impresora La Nacional (de la cual ni usted ni yo jamás hemos escuchado). Valía más de diez dólares, así que obviamente no lo compré; pero sí alcancé a ver que su bibliografía consiste sobretodo en La Prensa Gráfica y que decía que el Informe de la Comisión de la Verdad era parcial porque solo mencionaba una cosa hecha por Joaquín Villalobos. Así que ya saben. Cómprenme esto o “Al filo de mi pluma“. Estoy seguro de que ambas lecturas me darían mucho sobre lo cual escribir.

Más pensamientos aleatorios

Como asumo que les gusta enterarse de mi vida, he vuelto aquí a escribir cosas sobre mí. Todo empezó cuando fui a buscar una cacerola. ¡No creerás lo que pasó después!

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Fui al dolar city del paseo porque decir “compré mis cosas chinas en la Escalón” tiene más categoría. Luego me di cuenta de que van a abrir otra sucursal donde antes estuvo 3 puntos, donde antes estuvo Goldtree. China le ganó a España que antes le había ganado a Alemania (digamos). El análisis sociopolítico cultural dialéctico post-segunda guerra mundial empezó a surgir en mi cabeza, pero en eso vi un rótulo de pepsi con quien ahí decía que era J Balvin. Yo no sabría distinguirlo en ningún lado. Ya llegué a esa edad. Para mí se parece a Maluma. Entonces me dije “Entre ellos, ¿Quién es la Britney y quién es la Christina, quién es la Whitney y la Mariah, la Thalía y la Paulina, quién es “Hola El Salvador” y quién “Viva la mañana”? Ustedes respondan. Hay preguntas que me planteo pero no necesito responderme. Filosofía ¿para qué? preguntaba Ellacuría. Es un gozo darle un sabio uso a mis neuronas.

2 personas distintas

2 personas distintas

En el dolar city solo había una cacerola. Una. Literalmente. Tenía el mango aguado, así que no la compré.

Caminé al vidri que está ahí cerca.

Ahí había cacerolas carísimas, pero encontré dos del típico color azul que tienen los utensilios que las familias llevan cuando acampan (Si usted lee esto en el futuro, agradezca que puede ir a acampar y ya no teme que su agua esté contaminada con cianuro). Con lo que valía una de las elegantes me compré dos de esas. Cuando llegué a la caja, esta fue la conversación con la que atendía (más o menos):

  • Qué bonitas están
  • Sí, eran las más baratas -dije yo.
  • Yo no las había visto. A ver si no se pegan.
  • A ver
  • Cúrelas con aceite caliente. ¿Para usted son?
  • ¿Usted cocina?
  • Sí (““, era la respuesta más sincera)
  • Vaya
  • ¿Por qué?
  • Es raro
  • Mire cómo estamos. Si debería ser lo más normal del mundo.
  • Sí, no lo digo por preferencia sexual. Está bien, pero los hombres casi nunca compran cosas de la cocina aquí, solo refrigerantes y cosas para el carro.

Me reí

FIN.