En bus al centro

El día de ayer decidí darle un descanso a mi ecológica limusina Hummer e irme en bus al centro, a ver el mercadito de Maktub.

Estaba en la parada de la 46 C (ruta sobre la cual ya he escrito). En ese lugar sin sombra, vi dos cosas mágicas: primero, una señora que se comía su dulce y tiraba el papelito en el suelo. Señora, usted jamás leerá esto. Yo sé. Pero imagínese que todos tiráramos nuestro papelito de dulce en el suelo, solo porque nos hace un graaaan estorbo en nuestro pantalón, ¿cómo estaríamos? Y además, seguro que usted le pegaría a uno de sus 34 hijos si tirara eso en el suelo asumiendo que será usted quien lo va a barrer. La segunda apareció mientras rumiaba estas reflexiones. Una linda visión me sacó de mi pecado capital. Era un pick-up blanquito que llevaba un rótulo color cyan de “Una obra x día” listo para ser instalado. Pensé en lo fructífero que debe ser el negocio de este señor que hace los rótulos. Ya lleva más  de 200 instrumentos de propaganda lindos carteles informativos por los que le deben haber pagado bien. ¡Bien, señor herrero!

Debo confesarles que, como normalmente hubiera preferido caminar a usar el transporte público, no sabía que la ruta 46 C, en esta caótica realidad salvadoreña, se mantiene como un necesario bastión de la constancia. No. No es una constante. Debo ser justo y decir que ha logrado llevar más lejos su misión de fastidiar al usuario al contar hoy con unidades más chiquitas. Mientras oía el escándalo salido de las bocinas de Racing Sport Car (Contaminación sonora constante para ustedes, bros) y, ahora ya pegado a un poste que me protegía del sol abrasador, dejé pasar 4 de sus unidades que iban a reventar. Dos de ellas ni pararon. ¡Tache!

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Tuve un flashback. Cuando me iba en bus a la universidad, yo siempre salía a tiempo. No era mi culpa que las 46C fueran demasiado llenas y que yo tuviera que esperar una que no me obligara a ir colgando. Fue culpa de ellos cada vez que yo llegué tarde.

Pero regresemos al regocijo de estos buses que tienen el monopolio del tramo entre el monumento de la constitución y el Salvador del Mundo, monopolio que nos permite hermanarnos durante un par de minutos. Cuando finalmente me subí al microbusito y mi cabeza iba topando al parlante del cual salía música ochentera, me transporté a un tiempo mágico: la vez en que una de mis hermanas mayores me llevaba a mi y a mi hermano en bus; entonces yo leí una de esas calcomanías con Porky que decía “Niños mayores de 7 años pagan pasaje” (*). Mi yo de quizá unos 4 o 5 años, tan honesto y consciente desde el vientre materno, le dijo a mi hermana a viva voz que mi hermano ya tenía más de 7, así que tenía que pagar. Ella rápidamente me dijo “niño, callate”. Y ahí quedó mi búsqueda por la verdad y la justicia. Después de quedarme ido y en blanco y negro, regresaron los colores cuando vi a una mujer que iba con su bichito a la par. Nada enternecido tuve ganas de preguntarle si su niño había pagado el asiento que iba usando. Pero me abstuve.

Íbamos bien apretados y reflexioné que este o el siguiente gobierno tiene dos rutas de actuación: (A) Conseguir buses más amplios y anchos; o (B) Invertir en la mejor alimentación de las personas.

Pero no crean que solo venía destilando veneno. Cuando vi a una señora corriendo con su hija a la puerta y que me pasó llevando con su bolsón, sí volví a destilar veneno, peeeeero me puse en los zapatos del motorista y me dije “¡Pobre! Seguro tiene que aguantar con gente así de tonta todos los días y solo le queda desconectarse con la música que lleva puesta”.

Empatía, tu aliada.

 

Llegamos al centro. Me bajé y, como acto de resistencia, decidí meterme a la acera donde solo caben dos personas. Adelante de mí, gente caminando con todo el tiempo del mundo, gente que lleva niños, gente detenida para hablar por teléfono, gente, gente. Les paso y continúo mi marcha hasta que llego a una intersección. Donde normalmente habría un paso de cebra, está la parte de atrás de un local, así que me veo obligado a ir por la calle. No queda acera frente al exedificio de ANTEL con su bonita arquitectura antigua y su aún más lindo logo actual de CLARO. Una señora me pone una cajita en forma de corazón en la cara y me dice si quiero para la doña. “No, gracias”, le digo con mi inconfundible malestar interno.

Llego a la zona del palacio. Laminas color cyan me reciben. No hay acera aquí tampoco. Pero ahora ya no hay problema. En este tramo ya me acostumbré. Todo es felicidad porque estoy a punto de llegar a Maktub. Caminando junto al teatro nacional me lamento de no ser mujer con minifalda y haber hecho ese mismo recorrido. Luego me quejo internamente porque la gente no se decide a hacer este recorrido cada fin de semana para culturizarse en el teatro. ¿No le ven lo divertido y antropológico?

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Ya dentro del mercadito veo cosas bonitas como estas tacitas de La Parca; pero lo que quiero discutir e inmortalizar aquí es una venta de libritos de El Principito, con portadas hechas a mano. Me llama la atención una en donde se lee la frase “Si vienes a las 3 de la tarde, a las cuatro comenzaré a ser feliz”. ¡¿?! Me digo que no tiene sentido, pero no hay nadie a quien le pueda hacer ese comentario sin llamar mucho la atención. ¿Por qué el zorro se va a sentir feliz una hora después de que yo haya llegado? ¿Se va a sentir feliz cuando yo esté a punto de irme? Quizá era El principito versión bitchy.

¿Ven? Puras cosas interesantes.

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Lo invito a ver la página de Maktub si se quedó con curiosidad de ver qué más hubo y este estúpido post no le sirvió de nada o si quiere ir a algún curso de idiomas o al próximo encuentro de solteros.

 

(*) ¿Se acuerdan de las otras que decían “Prohibido tirar basura, no seas” y ahí estaba Porky a la par. Mi hermano y yo las leíamos como “No seas Porky” y nos reíamos. También íbamos haciendo ruiditos y asumíamos que nadie sabría de dónde venían. ¡Qué lindos y nada insoportables niños sobreviviendo en tiempos de guerra!

Mosquito bilingüe

Ya en una ocasión anterior me tomé el tiempo de analizar una canción que hablaba sobre insectos. Me faltan las ideas originales, así que decidí no ponerle reparos a mi creatividad. Aquí estoy escribiendo lo que me inspiré a escribir esta mañana, cuando escuché “Mosquito bilingüe” de flans. Lastimosamente no sé quién sea el autor de esta joya musical de los 80s.

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Mosquito hablando portugués

Vamos parte por parte.

En estos tiempos políticamente correctos, esta canción ya no sería tocada porque promueve enfermedades como el dengue, al glorificar a los mosquitos.

Esta canción cuenta la historia de una joven que tiene que prepararse para el examen de historia universal quien, como la ya mencionada plaga, también teme al castigo corporal y, por eso, reacciona desproporcionadamente ante un zumbido que la molesta.

La protagonista de esta canción obviamente ha sufrido muchas vejaciones que la han llevado a oler pega e imaginar cosas. En el momento en cuestión escucha que el mosquito le suplica que no la mate con el pretexto de que va a ayudarle. ¿Ayudarle en qué? ¿Y para qué nos dice que es bilingüe? ¿Cuáles son esos dos idiomas que domina y en qué medida pueden influir en el examen de historia universal de ella?

El mosquito le ofrece, sórdidamente, acompañarla en su sueño y “estudiar por ella”, para “luego susurrarle en el oído” #NotAllMosquitoes. Reprobable.

Esta sexista historia tiene un inesperado final en donde la protagonista, no por venganza, no por empoderamiento, sino por un simple descuido lo mata con un libro. Lo aplasta. ¿No es esto genial?

Esta es una metáfora de cómo la educación puede acabar con comportamientos de dominación, patriarcado y heteronormatividad. El mosquito, con ínfulas por saber dos idiomas, se ve reducido a nada ante la preparación de esta joven que (esperamos), como María en “Simplemente María”, ha de llegar lejos y tener su imperio de modas.

Disfrútenlo:

Talentos ocultos

Hoy fui a ver “Hidden Figures“, la película cuyo título han traducido como “Talentos ocultos”. Tengo un par de boletos para entrar gratis al cine y decidí darle uso a uno de ellos ahora y verla. Era una opción que me parecía interesante, especialmente cuando la mayoría del año solo traen cosas como “XXX (not the good kind)”, “More Fast More Furious: a little bit more homoerotic”, “Transformers 61: La venganza de Optimus Prime”, “Resident evil 6 (¡SEIS!)” o joyas como “¿Por qué él?” con James Franco.

¿Sabían que tengo la tarjeta de cinemark y solo la uso a finales e inicios del año porque, durante el resto del año, no hay babosada alguna que amerite el gasto de gasolina y respirar aire viciado junto a extraños en una sala oscura?

¿No extrañaban mis quejas?

¡Nuevo año, mismo yo!

Yo soy la certeza que necesitan en sus vidas.

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Pero regresemos a lo que nos ocupa: esta película que nos lleva al pasado. No solo porque está ambientada en los 60s durante la carrera espacial, sino porque, si la hubieran hecho en los noventas, no habrían cambiado nada. Es la “Filadelfia” del racismo, es “The help” reloaded y la “Erin Brockovich” para la comunidad negra.

Se trata de estas 3 mujeres que trabajan en la NASA y que lidian con la gente racista acartonada que es mala-mala, racista por convicción (no porque era algo naturalizado, lo cual es peor). Si vio a Dallas Bryce-Howard en The Help, ya vio a Kirsten Dunst en esta. Si vio cualquier película, ya vio a Kevin Costner siendo el hombre blanco ligeramente consciente ante la situación de su subalterna que (SPOILER) bota el rótulo de los baños para que todos puedan usar cualquier baño dentro de la NASA, sin distinción alguna. ¡Racismo resuelto!.

Vean esta escena:

Si la recuerdan, tampoco tienen que ver esta película. Aquí también hay una escena donde, casualmente, el día en que dejan que el personaje de Taraji P. Henson entre a la reunión, su superior egoísta y envidioso olvida las cifras para que ella pueda apantallar al resto porque las sabe todas. (¡Aplausos!)

Mi mayor problema es que justo hoy leí esto y no andaba de humor para oír cuán maravillosa es América, la grande. Si “Filadelfia” fue la película de “Hey, al simpático, blanco y buena onda Tom Hanks también lo pueden discriminar si le da SIDA, así que no discrimines“, esta es la “hey, hubo mujeres negras que contribuyeron a la carrera espacial y nos ayudaron a ganarle a los malvados rusos, volviendo el espacio democrático, así que no discrimines porque se ganaron nuestro aprecio y aportaron a nuestra causa“, en lugar de “¡Hey! Es otro ser humano”, sin importar si es antipático, feo, gorda, atea, etcétera. Esta es la típica peliculuzcula gringa que creí que ya no estaban haciendo. Pero por supuesto que, después de la campaña #OscarsSoWhite y de los cambios en los Bafta, alguien pensó que debían capitalizar el “no” al racismo (WINK WINK), pero de una manera no confrontativa, sino más hallmark-channel, más accesible y digerible, así como cuando la historia de la guerra en El Salvador solo ameritó ser filmada contando con el alivio cómico de Jim Belushi en “Salvador”. Tenemos la musiquita que acompaña los momentos en que una de las protagonistas tiene que caminar mucho dentro de las instalaciones de la misma NASA para encontrar un baño en donde poder hacer pipí (Se le caen las cosas, jaja, ¡qué bueno que puedo reír mientras esto pasa porque dios no quiera que tenga que ver algo que me haga pensar!). Por supuesto que tenían que incluir el momento en que Kevin Costner le pregunte a dónde se va tantas veces para que ella pueda hacer su berrinche dramático y que todos, súbitamente, reflexionen sobre lo que está pasando (Clip seleccionado para los SAG awards). Y, por supuesto, Kevin Costner tiene su momento para brillar compartiéndonos su angustia porque América la grande logre conquistar el espacio y no ganen los rusos con su potencial de bombardearnos y no defender los altos ideales de libertad sobre la luna.

En esencia: es super cursi y, aun con tres super buenas protagonistas (Janelle Monae es muy buena en esta y en “moonlight“), no puede con un guión tan básico y predecible más una dirección tan anticuada y chantajista. Me salí antes de que terminara. Esas son las ventajas de que no duela pagar el boleto.

Chomsky, Kennedy y la política exterior gringa

Un amigo me prestó hace un tiempo “Chomsky esencial“. Esta semana, finalmente, empecé a leerlo. Las estadísticas de mi wordpress me hacen sospechar que muchos jóvenes caen aquí buscando hacer sus tareas y quizá buscando fuentes confiables (lo siento), así que les comparto algo para que lo repitan la próxima vez que reciban algún beneficio desinteresado de la embajada estadounidense.

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El primer discurso incluido en esta recopilación está basado en las discusiones celebradas en Rowe, Massachusetts, de los días 15 y 16 de abril de 1989.

Uno de los actores principales es Israel, que ayudó a Estados Unidos a penetrar en el África negra, y prestó apoyo al genocidio en Guatemala; cuando Estados Unidos no podía involucrarse directamente en las dictaduras militares del Cono Sur en Sudamérica, Israel lo hizo por nosotros. Es muy valioso contar con un Estado mercenario como este, muy avanzado desde el punto de vista militar y tecnológicamente competente.

Pero la pregunta es: ¿qué necesidad había de desplegar esta inmensa red terrorista internacional con la participación de Estados mercenarios? Ello se debió a que el gobierno estadounidense ya no podía intervenir directamente cuando quería, por lo que tuvo que hacerlo de forma muy poco eficaz. Es mucho más eficiente hacer lo que hizo Kennedy, y lo que hizo Johnson -simplemente, enviar a los marines-(…) la administración Reagan apoyó a Guatemala, pero lo hizo de manera indirecta. Tuvo que llevar allí asesores israelíes, agentes de contrainsurgencia taiwaneses, etc.

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(…)

Lo que quiero decir es que solo en Guatemala durante los años ochenta fueron asesinadas quizá unas cien mil personas, y los movimientos populares fueron diezmados. Pero por letal que ello sea, hubiese sido mucho peor sin las restricciones impuestas por la disidencia interna de los últimos veinticinco años en Estados Unidos (…) Si desea medir los resultados de los movimientos populares en el país, lo que hay que preguntarse es: ¿qué hubiese sucedido de no existir estos? Y las cosas hubiesen sucedido como en Vietnam del Sur en los años sesenta, cuando el país fue barrido, y puede que no se recupere nunca. Y recuérdese que Centroamérica tiene un interés mucho mayor para Estados Unidos que Vietnam: hay un compromiso histórico por controlarla, es nuestro solar, y los negocios norteamericanos lo quieren como el equivalente de lo que Asia Oriental es para Japón, es decir, una zona de explotación de trabajo barato. Pese a todo, la administración Reagan no pudo intervenir allí igual que intervino Kennedy en una zona de interés marginal para Estados Unidos, como era Vietnam.

(…)

Existe una intercomunicación, ahora desclasificada, entre Robert McNamara (secretario de Defensa) y McGeorge Bundy (asistente especial del presidente para Asuntos de la Seguridad Nacional) en la que ambos hablan de que el papel de los militares en las sociedades latinoamericanas consiste en derribar a los gobiernos si, a juicio de los militares, estos no persiguen el “bienestar de la nación”, que resulta ser el bienestar de las multinacionales norteamericanas.

(…)

Operación MONGOOSE. Justo después de que fracasase el intento de invasión de Bahía Cochinos, Kennedy lanzó una operación terrorista de envergadura contra Cuba (que empezó el 30 de noviembre de 1961). Fue inmensa -creo que tenía un presupuesto anual de cincuenta millones de dólares (eso se sabe)-; tenía unos 2,500 empleados, alrededor de quinientos de ellos norteamericanos y aproximadamente dos mil de lo que llaman “activos”, ya saben, exiliados cubanos o cosas así. Se lanzó desde Florida, y fue totalmente ilegal. Quiero decir, del derecho internacional no podemos siquiera hablar, pero incluso por el derecho nacional fue ilegal, porque fue una operación de la CIA desarrollada en territorio norteamericano, algo ilegal. Y fue seria, pues consistió en volar hoteles, hundir barcos de pesca, explosionar instalaciones industriales, bombardear aviones. Fue una operación terrorista muy seria. La parte que llegó a conocerse bien fueron los intentos de asesinato -hubo ocho intentos de asesinato de Castro conocidos-. Gran parte de esto salió a la luz en las sesiones del Comité de las iglesias del Senado de 1975, y otras partes se desvelaron gracias a los buenos informes de investigación.

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Resulta que la operación MONGOOSE estuvo a punto de hacer saltar el mundo en pedazos. No sé cuántos de ustedes han venido siguiendo el material nuevo que se ha publicado sobre la crisis de los misiles cubanos, pero es muy interesante.

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Por ejemplo, se ha sabido que rusos y cubanos tuvieron planes diferentes durante el curso de la crisis. Veamos, la tesis estándar es que los cubanos no eran más que marionetas de los rusos, pero esto no es cierto, ni por asomo; puede ser cómodo creerlo, pero no es cierto. Y, de hecho, los cubanos tenían sus propias inquietudes, pues estaban preocupados por una posible invasión norteamericana. Y ahora resulta que aquellas preocupaciones eran muy válidas -dado que Estados Unidos tenía planes de invasión en octubre de 1962-; la crisis de los misiles tuvo lugar en octubre de 1962. De hecho, ya se habían desplegado unidades navales y militares para la invasión antes del inicio de la crisis de los misiles (…) Por otra parte, los rusos estaban preocupados por la enorme diferencia de sus arsenales de misiles, que de hecho estaba a favor de Estados Unidos y no a favor de ellos como aseguraba Kennedy.

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Lo que sucedió es que hubo aquella famosa conversación entre Kennedy y Khrushchev en la que se alcanzó un acuerdo para poner fin a la crisis. Poco después de eso, los rusos intentaron tomar el control de sus misiles en Cuba, para ejecutar el acuerdo al que habían llegado con Estados Unidos. Pues bien, en ese momento los rusos no controlaban los misiles y los misiles estaban en manos de los cubanos -y los cubanos no querían entregarlos, porque aún estaban preocupados, y con razón, por una posible invasión norteamericana-(…) Entonces, en medio de esta situación, tuvo lugar una de las actividades de la operación MONGOOSE. Justo en uno de los momentos más tensos de la crisis de los misiles, la CIA hizo volar una fábrica en Cuba, que mató a unas cuatrocientas personas según los cubanos. Afortunadamente, los cubanos no reaccionaron, pero si nos hubiese pasado algo como eso en aquel momento, Kennedy sin duda habría reaccionado y hubiésemos tenido una guerra nuclear. Estuvimos muy cerca.

(..) Los dos únicos lugares donde pueden encontrar lo recogido son en una nota, de hecho sobre otro tema, en una de esas publicaciones sobre la seguridad nacional, International Security, y también en un libro muy interesante de uno de los principales especialistas de Inteligencia del Departamento de Estado, Raymond Garthoff, un muchacho sensible. Tiene un libro llamado Reflections on the Cuban Missile Crisis, en el que incluye parte de este material.

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Se han revelado también otras cosas sobre la crisis absolutamente asombrosas. Por ejemplo, resulta que el jefe de la Fuerza Aérea estadounidense de la época, el general Thomas, sin consultarlo con el gobierno -de hecho, incluso sin “informar” al gobierno-, elevó el nivel de la alerta de seguridad nacional al segundo nivel más elevado (el 24 de octubre de 1962).

(…)

Ahora bien, cuando elevas el nivel de la alerta el objetivo es informar a los rusos y a otras potencias mayores de lo que estás haciendo, pueden ver en el aire a los bombarderos del Mando Estratégico Aéreo y el despliegue de los barcos: todo esto “tiene por objeto” ser visto. Así, uno de los generales superiores de Estados Unidos elevó abiertamente el nivel de la alerta de seguridad justo al nivel anterior a la guerra nuclear en medio de la crisis de los misiles, y no informó a Washington -el secretario de Defensa ni siquiera lo supo-. El Secretario de Defensa ruso lo supo, porque su inteligencia lo averiguó, pero Washington no lo supo. Y el general lo hizo simplemente para hacer un feo a los rusos. Esto se divulgó hace ahora aproximadamente un año.

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(…)Stark Draper, que dirige el gran laboratorio sobre misiles del MIT y que inventó la guía de inercia y cosas por el estilo, no ve razón alguna para las clasificaciones de materia reservada, porque ello impide la comunicación adecuada entre los científicos norteamericanos. Por lo que a él respecta -dice- puedes coger el manual de instrucciones para construir los misiles más avanzados y dárselo a China o Rusia; no importa. En primer lugar, dice que no pueden hacer nada con él porque carecen del nivel tecnológico e industrial para darle utilidad. Y si “tuviesen” ese nivel, también lo habrían inventado, con lo que no les estás diciendo nada nuevo. Y todo lo que se consigue es que los científicos norteamericanos tengan más dificultades para comunicarse.

En cuanto al registro diplomático secreto, entre el material divulgado que anteriormente estuvo clasificado es difícil encontrar algo relacionado con la seguridad; se hizo para tener al margen a la población, esa es la finalidad de los secretos de Estado.

(…) La idea subyacente a la realeza es que se trata de una especie de individuos distinta que están más allá de las normas y a los que supuestamente el pueblo no comprende. Esta es la manera normal de ocultar y proteger el poder: haces que parezca misterioso y secreto, por encima de las personas normales. Si no fuera así, ¿por qué habrían de aceptarlo? Bien, están dispuestos a aceptarlo por miedo a que algún gran enemigo esté a punto de destruirles, y en razón de eso cederán su autoridad al señor, el rey, el presidente o así, solo para protegerse. Así es como funcionan los gobiernos, la manera como funciona “cualquier” sistema de poder, y el secretismo forma parte de ello.

(…)

Durante la guerra revolucionaria hubo una constante represión de las opiniones disidentes.

(…) En la actualidad los métodos son diferentes. Hoy no es la amenaza de fuerza lo que asegura que los medios de comunicación vayan a presentar las cosas en un marco que sirve a los intereses de las instituciones dominantes, hoy los mecanismos son mucho más sutiles. Y, no obstante, existe un complejo sistema de filtros en los medios de comunicación y en las instituciones educativas que termina por asegurar la supresión de las perspectivas disidentes, o su marginación de una u otra manera. Y el resultado final es, de hecho, bastante similar: lo que en los medios de comunicación se denominan opiniones “de izquierdas” y “de derechas” representan solo un espectro limitado del debate, que reflejan la gama de necesidades del poder privado, pero no hay esencialmente nada más allá de esas posiciones “aceptables”.

De modo que, lo que hacen los medios, en definitiva, es tomar el conjunto de supuestos que expresan las ideas básicas del sistema de la propaganda, ya sea sobre la guerra fría o el sistema económico o el “interés nacional”, etcétera, y a continuación presentar una serie de de debates dentro de ese marco, con lo que el debate no hace sino reforzar estos supuestos, incardinándolos en la mente de las personas como el espectro posible total de opiniones existentes. Así vemos que en nuestro sistema lo que podría llamarse “propaganda de Estado” no se expresa como tal, como se haría en una sociedad totalitaria, sino que está más bien implícito, se presupone, constituye el marco del debate entre las personas admitidas dentro de la discusión central.

Los dictadores no suelen comprender la naturaleza de los sistemas occidentales de adoctrinamiento, no comprenden la utilidad que tiene para los fines de la propaganda el “debate crítico” que incorpora los supuestos básicos de las doctrinas oficiales y con ello margina y elimina la discusión crítica auténtica y racional. Bajo lo que en ocasiones se ha denominado el “lavado de cerebro en libertad”, los críticos o, por lo menos, los “críticos responsables” realizan una contribución mayor a la causa situando el debate dentro de ciertos límites aceptables: esta es la razón por la que son tolerados e incluso reconocidos(*).

(*) De manera similar funciona la heteronormatividad. (El pie de página es propio)