San Salvador – Medellín (y de regreso)

Hoy he decidido compartirles algunas cosas de mi corto viaje a Medellín. Fue de solo ocho días; pero tal vez estos datos le sirvan a algún viajero o viajera en el futuro.

Si busca la información desde el punto de vista de un artista callejero y verdadero mochilero, quizá debería leer esta entrada.

Sábado

El sábado que llegué al aeropuerto, tomé el bus hacia Medellín. Me costó diez mil pesos colombianos (3.18 dólares oficialmente. Digamos 3.50)

En ese bus comencé a hablar con un señor, mi guía 1, que validó mi selección de Airbnb en el barrio de Laureles (siguiendo los consejos de este sitio). Como él iba en esa ruta, compartimos taxi normal. Pero él lo pagó. Mi primer buena experiencia con la amabilidad colombiana.



Laureles es un sitio silencioso en el fin de semana. Casi solo viven ancianos ahí. A pesar de eso, está cercano a la zona de fiestas y cosas más fresas sobre la avenida 33.
El metro bus está a unos 10 minutos caminando, pero en lo plano, a diferencia de la cuesta arriba en “El Poblado“.
No es la zona más accesible porque es de gente acomodada y seguro la mayoría tiene carro.
Usé mucho uber.

Hay un supermercado cerca. “Consumo“. Esa fue mi referencia para taxistas normales.

Ese día me fui a pueblito paisa que es, básicamente, como ir a Los planes. Verde alrededor, a pesar de estar cerca de la ciudad. Su principal atractivo es ser un lugar donde sentarte para ir a comer y tomar. No es mi idea de entretenimiento ni aquí, mucho menos en otro país.

Más noche sí me fui a conocer los bares de la 33.

Pueblito Paisa

Domingo


Ese día tomé uber hacia el museo de Antioquia ubicado en la Plaza Botero. Abren a las 10 am.
Fue interesante de ver porque, como en nuestro país, la zona recuperada convive con lo excluido. La placa de una de las estatuas de Botero tenía mancha de grafitti. Otra tenía un envase de cerveza vacío y la prostitución alrededor era obvia.

Un señor en su banca me dijo que antes había edificios en la zona y los quitaron “para poner esas estatuas”, con el mismo desprecio con el que se trata el arte aquí. Eso quería. Reacciones reales y sin censura.

El museo me gustó muchísimo, sobre todo por su curaduría. Ha tomado una posición crítica y cuestiona cuánto se ha invisibilizado de lo propio para exaltar lo “culto” y lo que relacionado a las clases privilegiadas. Se nota en varias de sus salas.

Crimen de cuello blanco
Señora ricachona se robó estas piezas de varios monumentos y lugares visitados. ¡Ah! Pero si hubiera sido una indígena…


Como se me hizo tarde, tomé taxi al museo de la memoria que no está tan lejos pero que, en domingo, cierra a las cuatro. ¡Sorpresa! El taxista no sabía dónde quedaba. Allá también se necesitan referencias reales. En ese caso es La playa. Interesantemente, es un museo construido en una zona desde la que se ven los edificios deteriorados de los alrededores.

Fue una experiencia fuerte. Supongo que oír las historias de las víctimas de violencia tiene su efecto en alguien nacido en los ochenta en El Salvador y que ha trabajado con gente de comunidades rurales cuyos familiares han muerto a manos del ejército, que luego se la han visto con la posterior ignorancia/aburrimiento de los jóvenes y la invisibilizacion en general de su sufrimiento.


De ahí caminé y tomé un bus normal en dirección a Laureles.

Aún me pregunto si habría sido mejor hospedarme en el centro aún si no podía salir a caminar de noche. En Medellín también hay calles a las que uno no se mete, especialmente en los cerros. ¿Cómo podría un turista saber dónde están las llamadas fronteras invisibles?
Ese día los otros huéspedes (holandeses) en Laureles me preguntaron sobre mi día. Uno de ellos llevaba un año ahí y solo había ido a un museo. El otro no me dijo, pero ninguno había ido al museo de la memoria.

Ese día solo mi almuerzo lo comí fuera. Pero sí gasté en transporte. Me alegré de haber comprado en el supermercado porque yo no diría que este país es “barato”. Si acaso “no tan caro” para el turista.


Lunes

El domingo conocí a un señor que, como trabajaba hasta la tarde, se ofreció a acompañarme y conocer él también Moravia. Con este guía 2, fuimos al “Centro cultural de Moravia”, tomando el metro bus. ¡Solo por él pude ubicarme en dónde estaba! Sí, soy un negligente. Supongo que esas son la ventajas de un hostal: mapas a la mano, indicaciones y una persona a la que decirle adiós al atravesar la puerta… pero gana un cuarto privado.



Este amigo local me compartió sus vivencias noventeras en el clímax de los narcos, las bombas, los paramilitares, la guerrilla y los grupos de “vigilancia” que pedían /piden dinero para cuidar a quienes viven en su barrio. (¿Les suena?).
Me dijo que en el referéndum las zonas más afectadas votaron que sí a la negociación con las FARC. El no que ganó venía de las clases medias a las que se les vendió el discurso de ‘la guerrilla mata. No se negocia con esos grupos’.
Le dije que, si yo fuera colombiano, sentiría un poco de molestia si los gringos fueran a mi ciudad con la expresa intención de conocer la leyenda de Pablo Escobar. Lo siento un poco morboso… pero igual vienen aquí para saber de la guerra, ¿o es distinto?

No es sarcasmo. Genuinamente me lo pregunto.

El centro cultural es interesante porque también está en una zona marginal. El vigilante-recepcionista (como aquí) me explicó que, aparte de impartir cursos, también tienen espacios a los que la gente puede acceder. Se apuntan y reservan un cuarto para ensayar con su banda o piden el auditorio si tienen algún evento como una graduación. Parece que el dinero para esto viene de un fondo que es descontado a los salarios de la gente específicamente para eso.
Con guía 2, cruzamos la comunidad y, honestamente, agradecí que fuera conmigo porque no me hubiera atrevido solo. La primera vez que sentí el olor a mota viniendo de la nada. Él preguntó la ruta para sonar menos turistas. Así empezamos a hablar de los acentos. Yo dije que el de ellos me parece bien bonito y él dijo que los de Bogotá, en cambio, los ven feo porque dicen que arrastran las palabras.

Ya en el cerro, nos dimos cuenta de que había una entrada más visualmente agradable para el visitante. Pero me gustó ver la otra cara, aunque me diera un poco de miedo atravesar las callejuelas para llegar ahí.

Mi guía no conoce lo que nosotros llamamos morro.
Ahí, el morro es un cerro que solía ser basurero. El basurero cerró en el 84, pero la gente siguió viviendo ahí. Después la reubicaron y plantaron flores lindas. Ese lado del cerro es el que se ve desde el metro y desde la terminal del norte que conocería el día siguiente.
Así uno ve la historia de éxito y no mucho las champas que aún quedan en sus faldas.


Con todo, sí ha habido un cambio en el área. Guía 2 lo atribuye a que hay mejor transporte conectando las zonas que antes eran más distantes o separadas entre sí y que, además, sí se ha invertido en educación y cultura, especialmente desde el gobierno local, no central.
¿La gente en El Salvador estaría dispuesta a que se le descontara para ese fondo si, como ahí, lo administrara un órgano no gubernamental? Eso último lo hace sonar menos improbable. Ningún gobierno ha sido bueno manejando fondos y muchísimo menos en darle importancia a la educación o cultura. La izquierda menos aún. Por lo menos la derecha lo considera “algo bonito para entretener“.

Yo ya sabía que existía la casa museo Pedro Nel Gómez y que era el único museo que no cerraba en lunes. Pero no sabía que estaba tan cerca de donde andábamos. Sí, de nuevo acepto que mi planificación fue deficiente. El primer día pensaba ir al museo de Antioquia y al de Arte moderno que están en extremos opuestos.
La señora de la cafetería de la casa museo tendría unos 45 años y tenía un gran tatuaje en la mano. Muchísimos están tatuados acá. Pero no envidien. Dicen que también aquí hay empresas que no te contratan si los tenés.
Este museo lo recorrí yo solo. Ahí aproveché para ver por qué no funcionaban mis datos con el roaming de Claro. No resolví nada nunca.

Una vez que terminé de ver el lugar, bajé rumbo al jardín botánico. Caminé entre pepenadores, talleres y, de nuevo, sentí el olor de mota que te invade de repente en la calle. Finalmente llegué a la zona adecuada para turistas.
El jardín botánico es muy bonito.

Jardín Botánico de Medellín




DATO CURIOSO. Hay un pueblo llamado El Salvador. Así que cuando me preguntaban de dónde venía, nunca era algo sencillo. Después de aclarar que me refería al país de Centroamérica, uno de los ubers me preguntó “¿eso es México?”

Educación es la solución.

Ahora agradezca que nos obligaban a saber las capitales y ríos. Al menos tenemos más noción del continente que muchos… Y gringos ni se diga.


Martes


Este día se tenía planeada una competencia ciclística por la que iban a cerrar ciertas calles. Eso hizo que me levantara más temprano para ir a tomar mi metro bus.
Lo bueno es que, a diferencia de México y nuestro país, ahí sí se puede comprar una tarjeta justo para el viaje que se va a hacer, además de tener la opción de la recargable. Especifiqué que necesitaba saldo para cambiarme al metro y así llegar a la terminal del norte. Ahí iba a tomar mi bus hasta mi destino de ese día, Guatapé, siempre en Antioquia, pero a unas dos horas de distancia.
Mi airbnb me explicó que debía bajarme en el segundo puente entre Peñol y Guatapé, que le dijera eso al motorista. El cobrador gabán (o “nea”, como ahí se dice) me preguntó si era el puente de la cueva.
-. –
No sabía. No me dijeron y no tenía datos para preguntar.
Pero sí. Era ese. Me quedé en una casa a 10 minutos del pueblo. Dejé mi equipaje grande y, en uno de los carritos que funcionan para el transporte público, pude moverme al peñón, la piedrota que es el destino obligado. Me dejaron en una gasolinera desde donde se empieza a subir al parqueadero (estacionamiento). Esa cuestecita es más difícil que las gradas del peñón mismo. Supongo que para que uno contrate los servicios de caballo u otras opciones hasta la cima. Son 745 gradas. La dificultad es la cantidad, no lo altas o inclinadas. Se suben bastante rápido y, ya arriba, uno ve un paisaje precioso.

Después me fui a conocer el mero pueblo. Guía 1 me dijo que fuera al restaurante de su hermana. Ahí almorcé gratis y probé la “bandeja paisa”. Mi único platillo típico en toda la semana (Lo siento. Prioridades). Luego me compré cosas para mi cena casera de la noche en el super del lugar.


Miércoles


Aunque mi Airbnb estaba lejos del pueblo y cerca de la ruidosa calle, tenía la ventaja de tener una bonita vista del embalse (artificial) y un kayak que pude utilizar durante la mañana.

Embalse de Guatape
Aquí me fui a hacer kayak solo

A mediodía me regresé a Medellín. El bus me deleitó con una variedad de canciones. Desde “Sálvame” de RBD hasta una versión en banda de “Con los ojos cerrados” de Gloria Trevi, pero con los arreglos para que el cantante no vea su virilidad puesta en duda.

Comí en la terminal un plato del día. Ya moría de hambre y necesitaba gasolina. Tomé el metro hasta la estación Poblado porque, a partir de ese día, ya iba a cambiar mi base. Como no quería andar tonteando, pedí un taxi normal que subía ese cerro que, esa misma noche, me haría sudar el alcohol antes de llegar a dormir en la casa.

El taxista me preguntó de dónde venía. Respondí y expliqué. Me preguntó si El Salvador era una isla.


Jueves


Gracias a este sitio que también cuestiona el narcoturismo, conocí el Zippy tour en la comuna 13. Una “comuna” es como uno de nuestros “distritos”. Hay varios barrios dentro de cada comuna. El tour es principalmente en uno de los barrios, el que tiene grafittis y gradas eléctricas para subir cómodamente a verlos. ¡Gran cambio después de ser un lugar al que mucha gente se avergonzaba de pertenecer por su pobreza y violencia!

En este tour uno paga según lo que le nazca. Yo dejé 40 mil y no me arrepiento porque recibí muy buenas explicaciones y observaciones críticas de la situación, además porque es una iniciativa local y está fomentando el desarrollo de una zona que ya ha sufrido suficiente, pero que va mostrando a los jóvenes otras formas de subsistencia dentro de su propio entorno.

Es esperanzador ver una iniciativa dentro de una comunidad que fue/es catalogada como riesgosa y que sí vaya dando frutos, que no sea solo una iniciativa de panfleto, como las que aquí abundan.

Aunque, de nuevo, nadie mencionó el teatro.

Deslizadero para honrar a un niño que murió por una bala perdida


Después de aquí me fui al Museo de Arte Moderno, cuya exposición permanente no me impresionó tanto. Me gustó más el edificio en sí mismo y sus exposiciones temporales, especialmente una donde se visibilizaba el sonido y otra donde en un cuarto se proyectaba el río en dos de las cuatro paredes y el ruido era ensordecedor, una alegoría de sus conflictos bélicos.


Esa noche cené una pizza rica en el centro de la ciudad con un par de amigos del día. Me gustó ver la parte no turística, de noche. Tomé una limonada de coco y hierbabuena. Estaba muy buena.


Viernes

El viernes, el metro me llevó hasta el metrocable que conecta directamente con el parque Arvi. Imagine que, en teleférico, subiera a la Puerta del Diablo y ahí tuviera la opción de recorrer los senderos en una zona verde más grande que el ecoparque El Espino, pero con similar vegetación.
Debe ser genial ir en el metro cable solo, sentir la brisa que se pone más fresca y que no haya nórdicos envueltos en su plática como si nadie más fuera con ellos.
Es largo el recorrido hasta allá. Pero vale la pena por llegar a un lugar natural donde uno tiene la opción de no pagar guías y no andar escuchando a nadie. Sólo respirar y absorber la naturaleza. Sin música. Sin prisas. Sin pendientes de “¿me veo demasiado turista frágil?”



Llegó el momento de regresar al poblado.

Solo ahí encontré meseras antipáticas. Dos. Con la primera me fui. Como había ido al baño primero, le pregunté si le debía algo por eso. Dijo que no y espero que ella lo haya sentido como esta escena:

A la segunda sí le aguanté su antipatía porque era menos desagradable.

Más tarde sí conocí la vida nocturna del poblado. ¿Qué había? Lo típico de un lugar repleto de gringos y gente de clase alta. Los bichos locales estaban sentados por la iglesia. Tomando en la vía pública aunque esté prohibido. De nuevo, el olor a mota. Me quedé parado un rato para ubicarme de a dónde iba a dirigirme. Un muchacho me preguntó si quería mota o coca. ¡Finalmente! Finalmente he llegado a la etapa en que me veo como prospecto para el narcomenudeo.

Un gringo, más noche, me dijo “en un viaje lo querés pasar bien”. Supongo que debo haber dicho algo o hecho una cara que parecieron juzgonas. Supongo. Pero lo dudo. Yo no haría eso.

Ahora juzguémoslo.

¿Para qué ir a otro país solo a chupar y perder el tiempo? Para eso me quedo en mi país y me ahorro el pisto. Si voy a otro lado, quiero conocer su cultura, su idiosincrasia. ¿Qué le tocó a La Gaviota cuando se la llevaron a Europa los tratantes de blancas? Sí, no dude que saqué el tema de “Café con aroma de mujer” con un par de locales.



Sábado

Mañana de uber. Tenía que ir a la rotonda San Diego. De ahí salen los buses verdes que van directo al aeropuerto. Los de 10 mil pesos, de nuevo.

Al subir, le pregunté al conductor: “¿Le pago ya o después?”, “Ahorita”, me dijo él amablemente. Me puse a buscar el dinero en la puerta. Él me aclaró que después, con calma. Y entendí que su “ahorita” era “al rato”.

Nuestro “ahorita” tiene más lógica.

La fila de Copa era más fluida que la de Avianca. ¡Alegría! No me arrepiento de haber viajado con ellos, a pesar de que transmitían esos estúpidos segmentos de cámara oculta con niños, llamados “Just kidding“.

En el aeropuerto compré café para la familia.

Todo estuvo en orden.

Llegué a Panamá.

Un señor policía estaba ahí esperando a los que salían.

Me dijo que me quedara atrás de él. Luego siguió su labor. Habló con una mujer sola, pero la dejó ir. Luego otro hombre, pero él iba con su familia. Solo otro tipo y yo tuvimos la suerte de ir a esos cuartitos que usted ya ha visto en “Alerta Aeropuerto”.

El cuartito estaba con llave. Ni él ni su compañero tenían llave, así que el otro tuvo que ir a buscarla. (¡Mi conexión!)

Finalmente, regresó con las estúpidas llaves. Yo ya había pasado del WTF a la preocupación, luego al fastidio y luego al “Si le salgo de malas, más nos vamos a tardar, que hable mi cara”.

Vio mi equipaje de mano. Abrió las bolsitas de café. Pasé por la maquinita de rayos X. (Cáncer, espérame)

Nuestra plática tuvo ciertos momentos memorables:


– ¿Hace cuánto compraste los boletos?
– Hace unas tres semanas
(En realidad, como un mes, pero no tenía ese dato tan presente en mi cabeza, así como cuánto pagué por cada bolsa de café).

Luego me preguntó si tenía amigos o familia ahí y dije que no. A lo que siguió:
– ¿Tienes mucho dinero?
– ¿Cómo? ¿En la vida?
– Sí
– No
– Es raro quien viaja así


Mi sassy yo no pudo evitar luego preguntar: “¿Esto pasa siempre que uno viaja de Medellín?”
Él me respondió: “Solo ayer agarraron a 3 con droga saliendo de Medellín”.

Y así me fui a tomar mi avión. Mi grupo ya estaba abordando. Ahí quedó el otro muchacho, de Medellín, con destino a Cancún.

Entonces me quedé pensando que quizá los de Medellín, como los salvadoreños, aparte de compartir una historia de violencia y desigualdad, también comparten la distinción de ser siempre sospechosos de todo.

“Why the CIA wanna watch us?”

Malala, de su libro “Hips don’t lie

Vacunándose contra la fiebre amarilla en El Salvador (2019)

Como en este país no hay un sitio confiable con información consolidada para cualquier ciudadana/o, decidí tomarme la molestia de hacerlo yo.

Yo, en mi sitio confiable que tanta diversión le trae.

Si va para cualquier país sudamericano (excepto Chile y Uruguay), tiene que ponerse la vacuna 10 días antes de su viaje.

O sea, que tiene que haber comprado ya su boleto y llevar su pasaporte e itinerario impreso (según me dijeron la Unidad de Salud Dr. Diaz del Pinal en el numero telefónico 2229 5288)

Usted podría pensar que les interesa mucho la salud de todos los habitantes de este país y no traer enfermedades tropicales de regreso a nuestro terruño.

Pues no.

La vacuna solo la ponen los días martes y jueves. “Y véngase a las cinco porque se acaban”.

¡Ahhhhh!

Eso quiere decir que, si ya me quedaran menos de diez días para el viaje, tendría que asistir a un doctor privado, pero de los autorizados por el ministerio que están convenientemente enlistados en esta página.

Mmmm…

conveniente.

EN RESUMEN

La vacuna solo la ponen GRATIS los martes y jueves.

Le van a pedir su itinerario impreso y debe llevar su DUI y pasaporte.

#ServiciosDeSaludDeCalidad

Carmen Aída, Luers y Boza Delgado

En la imagen de arriba pasan muchas cosas. Uno, Luers no entiende que el silencio de la UCA seguramente fue solo un…

y segundo, no entendió la respuesta del meme tonto del dinosaurio y lo de viejo lesbiano.

Pero nada de eso es realmente importante.

Lo verdaderamente importante es que en esta época en que “la juventud viene a renovar blablabla, estamos preparados, somos como tú blablabla”, los super estudiados Lazo y Calleja pretenden que creamos el mismo discursito mentiroso de siempre en lugar de decir “sí nos equivocamos en el pasado, esto estuvo mal y hoy vamos a cambiar wink, wink”. ¿Por qué no intentan mentirnos de una manera menos descarada? Que le pongan un poquito de creatividad.

Tan empresa privada es ARENA que en este enlace podemos ver que Excel automotriz era considerado un paraíso laboral creado por los POMA y lo ratificaba el vicepresidente ejecutivo Carlos Ernesto Boza Delgado:

…el mismo Boza Delgado que era el tesorero del centro de estudios políticos Dr. José Antonio Rodríguez Porth, a donde llegaron saquitos de Taiwán vía Banco Cuscatlán y con destino final ARENA.

Pero no. No son los mismos. Las palabras de Carmen Aída realmente han dejado humildemente callada a una nación. Su brillantez nos ha puesto en nuestros lugares.