Hablando de masculinidades y traiciones

¿Entienden mi ingenioso cambio de letra?

#Ocurrente

En el mes de la visibilidad bisexual…No. Voy a ser honesto. Confieso que, en realidad, esto fue concebido como un post sobre los grupis de couchsurfing, pero luego terminé enlazándolo con un evento anterior y terminé hablando de la masculinidad y de los puntos de vista de un hombre bisexual. Así que iré cronológicamente y usted disculpe si le parece que debí haberme quedado callado.

Primera imagen para hacer la lectura más simple:

Oye

 

Hace unas semanas estuve en una actividad en la zona de Cabañas. Era el cierre de actividades. El presidente de la asociación participante (conocidamente mujeriego) sacó a bailar a varias. Entre ellas a una subordinada. Todos la pasaban bien. Ella, al rato, ya cansada, pero aún riéndose, se fue a sentar. Este hombre seguía jaloneándola para que siguieran el baile. Con el jaloneo “juguetón”, le agarró la camisa y destapó sin darse cuenta su espalda para los que estábamos a ese lado. Nadie pareció notar nada de esto. Al fin siguió bailando con alguien más.

En esa misma fiesta, algunos pedimos canciones tontas para bailar ridículamente y gozar sin que nos importara nada. La gente de la zona también bailó, pero obviamente se sentía rara siguiendo esos ritmos. Luego, alguien atrapado en 1997 fue y le pidió al de la música que le pusiera “oye mi amor“, “bolo y solo” y “la planta“. La gente extranjera bailó porque le daba igual. Yo no. Me quedé afuera juzgando. Porque juzgar a la gente me alimenta. Noté que solo estas canciones hacían que los hombres de la zona pudieran saltar y ser “libres”. Solo las canciones que hablaban de despecho y de estar borracho les permitían hacer algo así sin que su masculinidad fuera comprometida. Y pensé que era bien triste… y pensé en lo feo de tener que seguir oyendo esas horribles canciones y recordar ¡Que Gustavo Cerati está muerto pero Maná sigue haciendo música!

Ahora pasamos al domingo anterior, en el que Santa Tecla se inundó (para la gente del futuro, estoy hablando de la misma época en que D’aubuisson perdió el control de la recolección de basura y canal 6 reportaba sobre el juicio contra su expresentador de “El Noticiero”, Julio Rank, sin hacer alusión a su antiguo vínculo, a pesar de haber recibido dinero  de parte del expresidente Tony Saca para que la cobertura en su medio fuera a conveniencia de Saca). Bueno. Ese domingo platicaba con un hombre bisexual que me contaba sus experiencias y cómo terminó compartiendo casa con alguien que tiene un cuarto dedicado a recibir “couchsurfers“.

 

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Si no sabe qué es Couchsurfing, haga clic aquí.

Le comenté a él que yo había usado el sitio más que todo en México y que fui a un par de sus reuniones. Además, que ahí noté que la gente parecía tener una necesidad un poco enfermiza de relacionarse solo con extranjeros e ignorar a otras/os asistentes que eran de su propio país. Confesé que me daba hueva la idea de tener una rutina así cada semana.

Él, que usaba palabras como “hermano” y “brother”, me contó que aquí hay gente que se reúne y él sí ha conocido gente nacional buena onda. Antes de estar en couchsurfing, ya había dejado que gente se quedara en su anterior casa, aun no siendo muy bonita. El factor decisivo para mudarse donde hoy vive fue que el dueño también hace couchsurfing y, como ya dije, tiene un cuarto específicamente “para recibir surfers”.

Me empezó a decir que le gustaba conocer gente de afuera con quienes podía hablar de viajes sin que estos sintieran que estaba alardeando, gente más abierta a quienes no les importaban las etiquetas, a diferencia de este país donde ser bisexual no está bien visto dentro de las comunidades homo y heterosexuales.

Entendí su deseo de compartir con gente más abierta de mente, pero no pude evitar percibir un dejo de superioridad ante el común denominador, un “yo estoy más evolucionado que ellos” cuando ya había signos de que no era así. Cuando yo hablé de homosexuales que usan palabras como “bro” y “amigo” para reafirmar su masculinidad ante ellos mismos, inmediatamente me aclaró que él no lo hacía por eso, que él así era, así había hablado siempre con sus amigos de la colonia. Le dije que no lo decía por él (Full disclosure: sí); pero que, fuera como fuera, es un comportamiento aprendido (deconstruible).

Más adelante me dijo que había tenido un surfer al que se le notaba que era gay, pero que nunca hablaron de eso, que no hubo necesidad, que no tocaron para nada el tema de sexo (a diferencia de la mara aquí que lo hace con morbo). Que la mara en otros lados no se clava con etiquetas y es más abierta. Un poco más de conversación me hizo darme cuenta de que lo realmente importante para él era mantener esa invisibilización aceptada. El homosexual vs. el homosexualista, en el lenguaje Pilar de Sol*.

Luego, al hablar de las marchas del orgullo, dijo básicamente que respetaba, pero no entendía por qué había que estar desnudo frente a niños. Le dije que no es que se haga con la intención de que lo vean niños, le hablé de las corrientes de pensamiento que buscan actos de choque (como la desnudez) para terminar con la invisibilización y obligar a la gente heterosexual a reconocer que existe un mundo más allá del considerado “normal”. En ese momento no se me ocurrió preguntarle si le causaba igual indignación ver al “bombón de la noticia” o la contraportada del Periódico Más.

En couchsurfing hay una opción para “ofrecer” tu casa a algún viajero/a que cuenta que llegará al país. Le pregunté si alguna vez había hecho eso. Me dijo que no. Que lo menos que podían hacer los viajeros era tomarse el tiempo de solicitar ellos; así que no, nunca…excepto una vez. Sí le ofreció alojamiento a una mujer. Y ahí terminé de darme cuenta de que sí, que somos nosotros los básicos que no entendemos a este pobre hombre con intereses de avanzada y actitudes machistas tan incrustadas en su ser.

 

* Puede leer sobre eso en este artículo, pero sepa que se nota que hay dos autores y cada uno pegó su parte separadamente, nadie le dio una revisión final y se les fue con montones de errores y con un final X, digno de editorial de Evelyn Caminos de Sol.

 

 

Dos pláticas trascendentales

En estos días he tenido un par de pláticas que quiero compartir.

 
La primera fue en el bosque de Cinquera. Esta persona me contaba cómo fue su juventud en San Vicente antes de emigrar a Estados Unidos. Me contaba de cómo debían esconderse cuando llegaban los camiones de soldados para reclutarlos a la fuerza. De cómo a veces se perdían las fiestas de fin de año por estar encerrados. Me contó de una vez en que, con un amigo salieron corriendo al oírlos venir por el camino y los soldados respondieron disparándoles al verlos correr. Me contó de un primo al que sí lograron atrapar. Se lo llevaron a un cuartel lejano, como hacían normalmente para evitar los ruegos de las  familias. Su papá fue capaz de llegar a sacarlo por tener a un conocido ahí.

 

Luego me contó las dificultades de cuándo sus padres biológicos finalmente lo llevaron a Estados Unidos, a un hogar donde ya no le inculcaban la importancia de formarse (como sí lo hacían quienes aquí lo criaron). Ahí desde el primer día le dijeron que se fuera a trabajar.
Por suerte pudo hacerse de una red de más estudiantes latinos y tutores gringos que le dieron las herramientas para, junto a su hermana, salirse del tóxico hogar familiar que no encaja con la narrativa de las familias latinas reunidas de las que siempre esperamos oír. Ahora, su principal decepción es cuan fácil es que la gente se deje lavar el cerebro por las iglesias que son los únicos lugares en los que sienten que pueden encajar y lo que los termina haciendo más vulnerables porque le huyen a la organización como herramienta de lucha.

 

Conecté con esa historia al hablar el día de hoy con Ariel Luna, quien está haciendo un proyecto artístico en el hospital San Rafael para promover la salud mental. Llevé algunos libros para las pacientes. Una vez pasada la burocracia de la vigilancia y después de sentir cómo se me chupaba la energía en ese gran hospital, terminé encontrando a los artistas y hablamos de la falta de oportunidades artísticas para los jóvenes, de que tener que buscar sobrevivir te hace ir dejando de lado todas esas inquietudes y de jóvenes talentosos como los de Santa Catarina Masahuat que terminan hasta con la alcaldesa (del PDC) en contra, en vez de potenciando sus habilidades.

 

¿Ha habido algún momento en que la juventud rural ha tenido espacio en El Salvador para desarrollarse integralmente? ¿Lo habrá alguna vez?

Todas son mis hijas

El día de hoy fui a ver la obra “Todas son mis hijas”. Si quiere leer una opinión más formal y de hace tiempo, vaya aquí.

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Como el teatro Poma me hizo pagar 7 dólares para verla, voy a compartirles mi opinión sobre lo que vi, no sobre el mensaje que pretende dar o considerando que se trata de “arte social” (No sé si así la definen). No sé si el montaje en los otros países sea exactamente igual al de El Salvador, pero espero que no.

Entiendo el querer atraer a mucho público al recurrir a la “bayuncada”, a la “vulgaridad”, porque es fácil, accesible. Pero ¿eso es lo mejor que se le pudo ocurrir a la directora? Se supone que el teatro no representa la vida tal y como es… por algo es arte. Si me pone enfrente un hombre panzón en calzoncillos, por supuesto que voy a sentir repulsión. Si se toca los testículos mientras me mira, claro que me causará rechazo. ¿No sería más interesante si buscara recursos menos explícitos y que requirieran más trabajo tanto de dramaturgia como de actuación y aún así lograra ese resultado?

En lo personal, me parece que el texto -aunque corto- tiene potencial. Creo que la mayor debilidad es la puesta en escena. Si el protagonista me dice “te estoy buscando” mientras busca en las bolsas plásticas que él ha puesto, noto cuan desesperadamente creían que “debía pasar algo” por esa nefasta necesidad de poner movimiento en un escenario y creer que se trata de “acciones dramáticas”.

Lo peor es que estas acciones ni siquiera están justificadas por el personaje. ¿Por qué mete bolsas? ¿Por qué un hombre como este se pondría a trapear el suelo mojado? La única respuesta es que el montaje lo pide. ¿Por qué este hombre de repente se quiebra? Por la proyección de un video y porque así está escrito. Esta parte, que es quizá la cosa más cercana a la honestidad que le he visto a Oscar Guardado en escena, viene de la nada porque toda la primera parte nos aguantamos a un personaje construido con clichés y no me refiero al “hombre macho en su máscara social”, me refiero a una decisión de hacer el montaje desde lo payaso, desde lo que ya he visto mil veces, desde lo que ya saben que hace reír al público y por eso se siente gratuito y totalmente desconectado del clímax de la obra.

No entiendo tampoco el lenguaje que el montaje pretender utilizar. Algunas veces es intencionadamente “kitsch” (como en la proyección de los “te amo”) y, a veces, parece querer ser “profundo” (como cuando se le ilumina con azul mientras está metido dentro del perchero). Quizás es porque hubo muchas manos en la creación del texto y en la puesta en escena (según este artículo). A pesar de lo ya dicho, creo que el peor desatino de esta obra es querer darme lecciones en lugar de invitarme a pensar. Podía haber aceptado (hasta cierto punto) la proyección de datos estadísticos en el cierre y quizá la musiquita triste chantajista, pero el epílogo es el colmo de la cursilería. ¡Y el remate! Oscar Guardado diciéndonos cómo cambió la percepción de los actores sobre la situación de la mujer en cuanto tuvieron hijas. Así que yo, hombre soltero, me voy con la lección de que debo esperar a reproducirme para desarrollar la empatía porque, aparentemente, de otra forma no se puede.

Les juro que iba con toda la disposición. Desde hace rato no veía teatro y quería. Esta se me hacía una de las pocas ofertas llamativas de esta temporada del Poma. Y no. No. Simplemente no. Al menos debo agradecerle el haberme dejado tan conflictuado que tuve que venir a desempolvar este blog.

 

Transacciones bancarias

El día de hoy estaba sentado en mi silla. En un banco horrible. El agrícola.

Estaba leyendo mi libro. Se tardaban tanto que me quedé dormido. Esta señora estaba del otro lado, así que se me acercó sin saber que iba a despertarme. Me dijo que me felicitaba por leer, que ahora eso se está perdiendo, que su hijo de 30 años no lee, que solo pasa pegado al teléfono.

Yo le dije “también puede leer en el teléfono”.

Me dijo que ella no puede porque se le cansa la vista con las letras chiquitas o cuando ve videos. Que tiene saldo para Internet, pero ni lo ocupa. Le dije que podía bajarle al brillo para que no se le cansara tanto. Y así seguía nuestra conversación fluida cuando de repente me preguntó “¿Buscabas a mi hermano?”“¿Y usted lee la biblia?”.

Me agarró desprevenido, así que fui honesto y le dije que no.

Ahí me dijo que debería, porque “así como la comida es el alimento del cuerpo, la biblia es el alimento del espíritu”. Se aseguró de que yo fuera católico y me preguntó si iba a misa. Ahí ya estaba listo para mentir y le dije que sí, que iba los domingos con mi mamá. Luego dije “Quizá ya nos van a llamar” cuando finalmente sonó la vocecita que llamaba a otro número. Me volvió a felicitar por leer, me preguntó mi nombre y luego me bendijo. No nos llamaron a nosotros. Pero yo seguí leyendo.

Cuando la llamaron, sonreí porque ella no sabía que yo estaba leyendo un libro de autor sodomita. No tenía que felicitarme la ingenua.

 

Beso Moix

LIbro satánico en cuestión